De los coches autónomos a los voladores: así será el futuro del transporte

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  • Una encuesta afirma que, para 2034, los vehículos autónomos representarán apenas el 10% de todos los vehículos que se compren y vendan.

  • El 42% de la población estadounidense afirma que nunca viajará en un vehículo totalmente automatizado.

Los coches están cambiando, y rápido. Pero ¿son innovaciones como los coches autónomos y voladores un nuevo amanecer prometedor o una fantasía descabellada? Y si se convierten en la forma de ir de un lugar a otro en el futuro, ¿podemos confiar en que nos llevarán a nuestro destino de forma segura? Un experto responde a cinco preguntas clave.

¿Son seguros los coches autónomos?

En la actualidad, la población general no confía en el concepto de los vehículos autónomos. En una encuesta reciente, el 15% de la población estadounidense dijo que no cree que llegue a haber vehículos autónomos en el mercado, y el 42% afirmó que nunca viajaría en un vehículo totalmente automatizado. Además, el 56% de las personas encuestadas exigiría una seguridad del 100% antes de subirse a uno, y el 60% dijo que exigiría el mismo nivel de seguridad —el 100%— antes de permitir que un familiar subiera a un vehículo totalmente autónomo.

Una encuesta mundial muestra la proporción de personas a favor, indecisas y en contra de los coches autónomos en determinados países.Image: Forbes

Pero ¿es justo? El Eno Center for Transportation, un centro de estudios independiente y sin ánimo de lucro de Washington D. C., ha señalado que «se cree que el error del conductor es la principal causa de más del 90% de todos los accidentes». Sustituir los coches controlados por conductores por vehículos autónomos podría hacer que los desplazamientos por carretera fueran mucho más seguros.

Sin embargo, para llegar a ese punto, todos los vehículos que circulan por la carretera tendrían que ser autónomos. Pueden pasar muchos años antes de que esto ocurra; según una encuesta que afirma que, para 2034, los vehículos autónomos representarán apenas el 10% de todos los vehículos que se compren y vendan.

Así que sabemos que esto llevará tiempo y, mientras tanto, habrá en las carreteras una combinación de vehículos totalmente autónomos, parcialmente autónomos y no autónomos. Esto podría causar problemas. Por ejemplo, al cruzar la calle, ciclistas o peatones podrían hacer suposiciones equivocadas sobre la capacidad de un vehículo para detectarlos.

Debemos tener la certeza de que los vehículos autónomos serán seguros y fiables, y aún queda camino por recorrer. Ya ha habido unos pocos casos en los que vehículos autónomos han matado o herido gravemente a otros usuarios de la vía al no actuar como se esperaba en determinadas situaciones de tráfico.

Los vehículos autónomos también solo podrán circular por ciertas carreteras que cuenten con la infraestructura adecuada —por ejemplo, marcas viales y señales— para que el vehículo pueda «leer» la carretera y saber qué hacer en distintas situaciones.

Sin esta infraestructura, el vehículo se dará por vencido y se apagará por completo (dejando a sus ocupantes tirados), cederá el control al conductor (lo que anularía el propósito de la autonomía del vehículo) o hará algo totalmente impredecible y posiblemente desastroso.

¿Cambiará la forma de los coches?

En los próximos años, los vehículos podrían convertirse en espacios polivalentes que permitan a sus ocupantes realizar distintas tareas mientras se desplazan de un lugar a otro.

Es posible imaginar situaciones en las que los coches se conviertan en «oficinas sobre ruedas», donde sus ocupantes puedan trabajar con normalidad, celebrar reuniones durante el trayecto o incluso relajarse y reclinarse durante los descansos. Esto significa que habrá que rediseñar todo el espacio interior para permitir este tipo de actividades. A su vez, podrían surgir vehículos más anchos, altos y grandes, lo que tendría más implicaciones para el diseño de las carreteras.

¿Y qué hay de los coches voladores?

Hay mucho espacio sobre nosotros que actualmente no utilizan las aeronaves, por lo que la idea de los coches voladores tiene cierto fundamento. Al fin y al cabo, podría evitar muchos de los problemas habituales del tráfico por carretera, especialmente la congestión.

También podrían ofrecer una forma de movilidad muy rápida. Los vehículos voladores no estarían sujetos a controles de tráfico, cruces ni rotondas. Otro factor importante sería el económico: si todos los vehículos pudieran volar, en teoría necesitaríamos muchas menos carreteras y ahorraríamos en costes de construcción y mantenimiento.

Pero habría que regular todo el concepto de los coches voladores, o las colisiones en el aire no tendrían fin. Sus consecuencias podrían ser mucho peores que las de los accidentes en tierra, ya que los restos que cayeran del cielo herirían y matarían a personas. De hecho, casi con toda seguridad, cualquier colisión en el aire tendría consecuencias mortales.

Quizá podríamos imaginar «corredores aéreos» exclusivos, controlados desde tierra por controladores de tráfico que trabajarían como los controladores aéreos tradicionales. En este escenario, la regulación sería esencial, y quizá el concepto se limitaría a operadores profesionales privados que prestaran servicios de taxi aéreo o transportaran mercancías por las ciudades. Al fin y al cabo, habría que controlar estrictamente el número de vehículos.

Cuesta imaginar que se permitiera a los particulares comprar un coche volador y sacarlo del concesionario para conducirlo. Por último, hay cuestiones medioambientales: es probable que algunos vehículos utilicen combustibles fósiles para lograr el empuje necesario, aunque también se está estudiando.

¿Y qué pasará con los exámenes de conducir del futuro?

Como la tarea del automovilista pasará de conducir a supervisar, cabe imaginar que todo el proceso deberá regularse mediante algún tipo de licencia para controlar vehículos. Los «controladores» (en lugar de los «conductores») tendrán que aprender mucho más sobre las capacidades y limitaciones del vehículo, y saber qué hacer en situaciones de emergencia en las que quizá deban tomar el control. Por tanto, la función de controlador podría exigir el doble de conocimientos que la de un conductor convencional, y los exámenes de conducir tendrán que evolucionar para reflejarlo.

¿Pronto estarán todos los coches controlados por ordenador?

Todos los coches nuevos ya están controlados por ordenador en cierta medida. Cuando un coche moderno presenta una avería, el procedimiento habitual para averiguar qué ocurre incluye una prueba de diagnóstico. Esta prueba se basa en un sistema informático que se conecta al procesador, los sensores y los microchips del vehículo y registra los problemas o fallos. Puede revelar defectos, como problemas en el escape, la transmisión, el depósito de aceite y otros sistemas.

Pasar del diagnóstico al control del vehículo es un paso relativamente pequeño, y muchos vehículos ya cuentan con capacidad informática para funciones como el control de crucero automático, el estacionamiento automático y los sistemas avanzados o autónomos de frenado de emergencia. Es probable que los sistemas informáticos de los coches del futuro lleguen a ser extremadamente sofisticados.

Como consecuencia, durante los primeros años tras su introducción, los vehículos autónomos serán muy caros en comparación con los no autónomos. Esto podría frenar su adopción generalizada, como ocurre actualmente con los vehículos eléctricos.

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