El tiempo que los padres dedican al cuidado de los hijos se ha triplicado en los últimos 50 años en Estados Unidos.
Ahora, un nuevo estudio ha descubierto que la paternidad remodela realmente el cerebro de los padres primerizos.
Los factores sociales, culturales y psicológicos que determinan cuánto se involucran los padres con sus hijos pueden, a su vez, influir en los cambios del cerebro paterno, según afirman los investigadores.
El tiempo que los padres dedican cada semana al cuidado de los hijos se ha triplicado en los últimos 50 años en Estados Unidos. El aumento de la implicación de los padres en la crianza es aún mayor en los países que han ampliado la baja por paternidad remunerada o han creado incentivos para que los padres se acojan a la baja, como Alemania, España, Suecia e Islandia. Además, un creciente volumen de investigaciones constata que los hijos de padres implicados obtienen mejores resultados en diversos aspectos, entre ellos la salud física y el rendimiento cognitivo.
A pesar de la creciente participación de los padres en el cuidado de los hijos y de su importancia en la vida de sus hijos, existe sorprendentemente poca investigación sobre cómo la paternidad afecta a los hombres. Aún son menos los estudios que se centran en los cambios cerebrales y biológicos que podrían favorecer la crianza.
No es de extrañar que la transición a la paternidad pueda ser transformadora para cualquier persona con un bebé recién nacido. En el caso de las mujeres que se convierten en madres biológicas, los cambios hormonales asociados al embarazo ayudan a explicar por qué el cerebro de una madre primeriza podría cambiar. Pero ¿la paternidad remodela el cerebro y el cuerpo de los hombres, que no experimentan el embarazo directamente, de maneras que impulsan su labor de crianza? Nos propusimos investigar esta cuestión en nuestro reciente estudio sobre padres primerizos en dos países.
El efecto del embarazo en el cerebro de una madre primeriza
Investigaciones recientes han encontrado pruebas convincentes de que el embarazo puede potenciar la neuroplasticidad, o remodelación, de las estructuras del cerebro de una mujer. Mediante la resonancia magnética, los investigadores han identificado cambios a gran escala en la anatomía de los cerebros de las mujeres desde antes hasta después del embarazo.
En un estudio, investigadores de España escanearon a madres primerizas antes de concebir y de nuevo dos meses después del parto. En comparación con las mujeres sin hijos, el volumen cerebral de las nuevas madres era menor, lo que sugiere que las estructuras cerebrales clave se redujeron de tamaño durante el embarazo y el periodo posparto temprano. Los cambios cerebrales fueron tan pronunciados que un algoritmo podía diferenciar con facilidad el cerebro de una mujer que había pasado por un embarazo del de una mujer sin hijos.
En todo el cerebro, estos cambios son visibles en la materia gris, la capa de tejido cerebral rica en neuronas. El embarazo parece afectar a estructuras de la corteza, la superficie externa y de evolución más reciente del cerebro, incluidas las regiones vinculadas con la comprensión de la mente ajena, un proceso que los investigadores denominan «teoría de la mente». Las madres también presentan cambios cerebrales en la subcorteza, las estructuras más antiguas situadas en lo profundo del cerebro, vinculadas con funciones más primitivas, como la emoción y la motivación.
¿Por qué se producen estos cambios estructurales en el cerebro después del embarazo?
Los investigadores creen que estos cambios cerebrales pueden facilitar el cuidado sensible que las madres brindan a los recién nacidos, que exigen atención constante y no pueden verbalizar sus necesidades. De hecho, cuando las madres ven fotos o vídeos de sus propios hijos, se activan muchas de las mismas regiones cerebrales que más cambiaron durante el embarazo. Parece plausible que el cerebro de las nuevas madres cambie de modos que les ayudan a responder y cuidar de sus recién nacidos.
¿Qué ocurre con los padres? Ellos no experimentan el embarazo directamente, pero también pueden cuidar del nuevo bebé.
El cerebro de los padres también cambia
Al igual que ocurre con la práctica de cualquier habilidad nueva, la experiencia de cuidar de un bebé puede dejar huella en el cerebro de los nuevos progenitores. Esto es lo que los neurocientíficos denominan plasticidad cerebral inducida por la experiencia, similar a los cambios cerebrales que se producen cuando se aprende un nuevo idioma o se domina un instrumento musical.
Un escaso pero creciente volumen de investigaciones está observando este tipo de plasticidad en padres que afrontan las exigencias cognitivas, físicas y emocionales del cuidado de un recién nacido sin haber pasado por el embarazo. En cuanto a la función cerebral, por ejemplo, los padres gais que son los cuidadores principales muestran conexiones más fuertes entre las regiones cerebrales relacionadas con la crianza al observar a sus bebés, en comparación con los cuidadores masculinos secundarios.
Para conocer más sobre la plasticidad en el cerebro de los nuevos padres, nuestros grupos de investigación de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles y el Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón de Madrid, vinculado al proyecto BeMother, colaboraron en un nuevo estudio. Reclutamos a 40 hombres (20 en España y 20 en California) y los sometimos dos veces a una resonancia magnética: primero durante el embarazo de su pareja y, de nuevo, cuando su bebé tenía 6 meses. También incluimos un grupo de control de 17 hombres sin hijos.
Encontramos varios cambios significativos en el cerebro de los padres desde la etapa prenatal hasta la posparto que no se observaron en los hombres sin hijos que seguimos durante el mismo periodo. En las muestras española y californiana, los cambios cerebrales de los padres aparecieron en regiones de la corteza que contribuyen al procesamiento visual, la atención y la empatía hacia el bebé.
¿Qué remodela el cerebro de un padre primerizo?
El grado de plasticidad cerebral en los padres puede estar relacionado con el tiempo que interactúan con su bebé. Aunque cada vez más padres de muchas partes del mundo participan en el cuidado de los hijos, la implicación paterna varía considerablemente entre hombres. Este grado de implicación podría explicar por qué encontramos cambios cerebrales más sutiles en estos padres en comparación con los observados en madres primerizas. De hecho, los cambios cerebrales en los padres tuvieron una magnitud casi la mitad de la de los cambios observados en las madres.
Los factores sociales, culturales y psicológicos que determinan cuánto se involucran los padres con sus hijos pueden, a su vez, influir en los cambios del cerebro paterno. De hecho, los padres españoles, que, de media, disfrutan de permisos de paternidad más generosos que los padres en Estados Unidos, presentaron cambios más pronunciados en las regiones cerebrales que sustentan la atención orientada a objetivos, lo que podría ayudarles a sintonizar con las señales de sus bebés, en comparación con los padres californianos.
Esta constatación plantea la cuestión de si las políticas familiares que aumentan el tiempo que los padres dedican al cuidado del bebé durante el periodo posparto temprano pueden favorecer el desarrollo del cerebro paterno. Por otra parte, quizá los hombres que muestran una mayor remodelación del cerebro y de las hormonas también están más motivados para participar en el cuidado práctico.
Se necesita mucha más investigación para desentrañar estas cuestiones y determinar la mejor manera de intervenir con los padres que puedan tener dificultades para adaptarse a su papel como progenitores. A pesar de la importancia de los padres para el desarrollo infantil, las agencias de financiación no han tendido a priorizar la investigación sobre los hombres que se convierten en padres, aunque esto podría empezar a cambiar a medida que surjan más hallazgos como estos. Los futuros estudios con medidas más detalladas del cuidado posparto podrán revelar más sobre la plasticidad cerebral parental tanto en hombres como en mujeres.
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