Este experimento de la OTAN usó cuentas falsas de Facebook para engañar a soldados y hacer que compartieran información confidencial

German army soldiers in their infantry fighting vehicle, the "Marder", arrive for the NATO military drill in Adazi, Latvia, October 4, 2015. With signs growing of a thaw between Moscow and Western capitals after the Paris attacks, some of Russia's neighbours fear that European resolve to keep up economic sanctions and military pressure over the Ukraine crisis may be waning. Picture taken October 4, 2015. REUTERS/Ints Kalnins TPX IMAGES OF THE DAY - GF20000064888
Researchers found they could even use the data to make the soldiers disobey orders.Image: REUTERS/Ints Kalnins
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Toda persona con presencia en internet deja una huella digital allá donde va: fragmentos de información sobre su vida personal, su ocupación, sus gustos y sus aversiones. Estos datos pueden parecer bastante inocuos por separado, pero, al combinarlos, construyen un retrato detallado de la persona que hay detrás. Tan detallado que puede utilizarse con fines malintencionados si cae en manos equivocadas.

El escándalo ampliamente divulgado en torno a Cambridge Analytica, ya desaparecida, reveló que se había accedido a los datos de las cuentas de Facebook de millones de personas sin su permiso explícito. Fue una clara demostración del valor y el poder de los datos personales. Analizar los «Me gusta» de Facebook y otras afiliaciones y asociaciones de dominio público permite realizar campañas de publicidad política dirigidas con precisión. La publicidad segmentada es, por supuesto, el sustento de muchas empresas digitales. Pero ahora, investigadores que trabajan con investigadores de la OTAN han demostrado hasta qué punto esa información podría ser poderosa en manos equivocadas y lo barato que les resulta utilizarla a agentes malintencionados.

En su informe, Cómo responder a los desafíos de la seguridad cognitiva, el Centro de Excelencia en Comunicación Estratégica de la OTAN describe un experimento que llevó a cabo para engañar a miembros en servicio activo de las fuerzas armadas. Aunque los autores no revelan de qué país eran esas fuerzas armadas, sí dejan claro qué intentaban conseguir.

- ¿Podrían recopilar información sobre un ejercicio planeado de la OTAN?

- ¿Qué información podrían obtener sobre miembros concretos del personal militar?

- ¿Era posible influir directamente en las acciones y el comportamiento de las personas?

Preparar el señuelo

El experimento consistió en crear cuentas falsas en Facebook (también conocidas como cuentas títere), diseñar páginas para llamar la atención y atraer a la gente, crear grupos cerrados o secretos en Facebook y utilizar publicidad segmentada. La premisa era sencilla: las cuentas, páginas y grupos falsos afirmaban pertenecer a miembros de las fuerzas armadas o estar vinculados a ellos. Este fue parte del señuelo que llevó a miembros reales del personal militar a aceptar solicitudes de amistad, unirse a grupos, indicar que les gustaban páginas y compartir información en conversaciones.

La práctica de hacerse pasar por otra persona para engañar a alguien en internet se conoce como catfishing. Este término, usado en este contexto, se popularizó con la película de 2010 Catfish, un pseudodocumental sobre la relación en línea entre un joven y una joven. Sin embargo, la cuenta de la mujer era ficticia; detrás de ella estaba su madre y la foto de perfil pertenecía a una amiga de la familia. Todo había sido un engaño.

Aunque la mayoría de las organizaciones tienen políticas estrictas de seguridad, las fuerzas armadas están profundamente arraigadas en ella: desde el personal de apoyo hasta las tropas en primera línea y en todos los rangos. Aun así, soldados que se preparaban para un ejercicio militar de la OTAN compartieron detalles al respecto con las personas detrás de las cuentas falsas, lo que demuestra la facilidad con que actores malintencionados o agentes estatales podrían obtener información confidencial. Una de las principales tácticas que utilizaron para atraer a personas desprevenidas a su red de engaño deliberado y cuidadosamente elaborado fue la publicidad segmentada, que costó apenas 60 dólares en Facebook.

El equipo de investigación de la OTAN amplió la búsqueda de datos personales a otras plataformas de redes sociales y aplicaciones. Así pudo identificar a miembros concretos del personal militar que estaban casados, pero también usaban aplicaciones de citas en línea: información lo bastante sensible como para utilizarla como medio de presión contra una persona y convencerla de que compartiera detalles confidenciales o incluso, como ocurrió en el proyecto de investigación, abandonara su puesto durante el servicio.

La edición más reciente del Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial expone inquietudes sobre la amenaza constante del fraude de datos, los ciberataques y otras vulnerabilidades tecnológicas. Cerca de dos tercios de quienes respondieron a la encuesta de 2019 dijeron que «esperan que este año aumenten los riesgos asociados a las noticias falsas y al robo de identidad», mientras que tres quintos afirmaron lo mismo sobre la pérdida de privacidad.

En un mundo cada vez más conectado, las ciberamenazas tienen consecuencias de gran alcance. La Cuarta Revolución Industrial depende de un nivel de conectividad e intercambio de datos mayor que nunca. Pero, como ha demostrado el proyecto de la OTAN, ni siquiera las organizaciones más seguras están completamente a salvo.

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