La Ley de Inteligencia Artificial de la UE pretende regular las tecnologías de IA.
La falta de planificación podría exponer a algunas empresas al riesgo de incumplimiento.
Será clave demostrar que la IA genera un valor medible en su sector.
La UE vuelve a la carga con un nuevo conjunto de normas que apunta al uso de la inteligencia artificial (IA) para abordar la variedad de riesgos asociados a la adopción social de la IA. Al igual que su norma hermana, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), la Ley de Inteligencia Artificial (AIA) tiene consecuencias reales: las multas pueden alcanzar los 30 millones de euros o el 6 % de los ingresos globales. ¿La respuesta es eliminar todos sus sistemas de IA para reducir el riesgo a cero o seguir usando la IA para obtener una ventaja competitiva? ¿Puede asumir los costes recurrentes necesarios para mantener el cumplimiento de la AIA, incluso cuando la propia tecnología mejora sus resultados netos?
Tomemos la famosa cadena británica de pubs JD Wetherspoon, fundada en 1979 por el empresario británico Tim Martin, conocido crítico de la UE y partidario del Brexit. Su respuesta a la protección de la información de identificación personal (PII), regulada por el RGPD en 2017, fue eliminar toda su base de datos de CRM. Quizá fue una reacción drástica e impulsiva, pero, dado que la UE impone multas relacionadas con el RGPD de hasta 20 millones de euros o el 4 % de los ingresos globales, supongo que JD Wetherspoon no quiso asumir el riesgo ni invertir una suma similar para garantizar el cumplimiento del RGPD.
¿Cuál es el objetivo de la Ley de Inteligencia Artificial?
La IA como tecnología no es el problema; la intervención es necesaria en el caso de quienes la crean y de los profesionales de las empresas. La UE aspira a crear una «fábrica» reconocida a escala mundial para producir resultados de IA seguros, fiables y éticos, que respeten las leyes vigentes sobre derechos humanos fundamentales y los valores de la UE. Para hacer realidad la misión de la UE en materia de IA ética, la AIA tiene principalmente dos objetivos:
Identificar los sistemas de IA que presentan un riesgo inaceptable (por ejemplo, desde la clasificación social por parte de los gobiernos hasta los juguetes que usan comandos de voz para fomentar comportamientos peligrosos).
Imponer obligaciones estrictas a los sistemas de IA que presentan un riesgo alto (por ejemplo, desde software que clasifica currículos para procesos de selección hasta sistemas de puntuación crediticia que niegan a los ciudadanos la posibilidad de obtener un préstamo).
Las empresas que decidan crear sistemas de IA de alto riesgo estarán obligadas por ley a cumplir una lista definida de criterios antes de que estos puedan integrarse en el mercado único. Esto implica diseñar sistemas de IA que incorporen desde el principio transparencia, explicabilidad y ética, y contar de antemano con capacidades de supervisión, salvaguardias y gobernanza para garantizar el cumplimiento ético de manera continua.
Muchas organizaciones ya han implementado marcos de protección de datos y ciberseguridad que sientan bases similares para cumplir la AIA. Por eso, satisfacer sus requisitos no resulta tan difícil como empezar a cumplirlos desde cero.
Cumplir una normativa que exige evaluar y mitigar los riesgos de forma continua es algo habitual en el mundo empresarial de nuestra realidad económica. No es fácil, pero tampoco debería ser un salto gigantesco para la humanidad. Lograr convertir un prototipo de diseño algorítmico en una versión integrada que pueda producirse fácilmente en masa y genere valor recurrente, a la vez que se explica con claridad cómo ese sistema de IA repercute positivamente en una docena de microindicadores clave de rendimiento que, en conjunto, se traducen en aumentos de ingresos, ahorros de costes y mejores márgenes, eso sí que es difícil.
¿Eliminar o no eliminar?
El análisis del Center for Data Innovation de la evaluación de impacto de la Comisión Europea concluye varias cosas sobre la propuesta actual de la AIA, entre ellas:
«La AIA supondrá un 17 % adicional de gastos generales en todo el gasto en IA». Por tanto, ¿vale la pena pagar de su bolsillo ese 17 % adicional para cumplir la AIA?
«Una empresa con una facturación de 10 millones de euros vería caer sus beneficios un 40 %: ¡Auch!
Si dirige una pequeña o mediana empresa, quizá piense que la IA (y las obligaciones asociadas a la AIA) no merecen la complicación; lo entiendo. Podría eliminar toda su IA, como hizo JD Wetherspoon con su CRM y sus capacidades de marketing a clientes por correo electrónico en 2017. Problema resuelto, ¿verdad? Si algo no aporta valor a su empresa y no ofrece una ventaja competitiva futura realista, tiene sentido eliminarlo.
¿Cómo ayuda el Foro a los gobiernos a adoptar responsablemente la tecnología de IA?
Cada vez hay más pruebas de que los sistemas de IA ofrecen una ventaja competitiva suficiente como para que cualquier empresa pierda una oportunidad si no empieza a invertir en IA o deja de hacerlo. ¿Qué significa esto para la AIA y para la posibilidad de considerar la eliminación del inventario de IA como último recurso? Es un motivo para plantearse preguntas incisivas antes de dar el siguiente paso:
¿Por qué necesitamos esto?
¿Por qué ahora?
¿Cómo afecta este sistema de IA a nuestros indicadores clave de rendimiento: ingresos, costes y beneficios?
¿Cómo afecta este sistema de IA a la sociedad?
¿Qué pruebas demuestran que el sistema de IA puede ofrecer un resultado más valioso y ético que una persona, o que puede ayudar a una persona a trabajar con un nivel comercial y ético superior?
¿Qué ocurriría si se apagara ese sistema de IA durante el resto del año?
¿Qué ventaja tendría la competencia si ya contara con este sistema de IA?
Rachik Laouar, director de Ciencia de Datos en The Adecco Group UK, hizo las preguntas adecuadas y pidió a su equipo que utilizara una forma de IA llamada aprendizaje automático automatizado para crear rápidamente un sistema de priorización de clientes potenciales con automatización inteligente. Las partes interesadas de su empresa calculan, de forma conservadora, que la solución generará un millón de libras durante su primer año. En los dos primeros meses desde la implementación del sistema de IA, ya se ha alcanzado el 27 % de ese objetivo. ¿Cómo podría competir con Adecco sin IA?
La Ley de Inteligencia Artificial es una oportunidad
He presenciado y contribuido a crear demasiadas historias de éxito en el mercado de la IA como para sugerir que esta carece de valor. Nunca aconsejaría evitar la implementación de la IA (ni eliminarla) como último recurso, pero coincido en que las soluciones algorítmicas deben mejorar su impacto en la sociedad. En lugar de recurrir a una alternativa de emergencia, existe la oportunidad de volver a empezar desde cero.
¿Cómo puede mitigar el riesgo de perderse la ola de mayor valor de la IA en su sector y, al mismo tiempo, prepararse para la AIA?
Si aún no ha empezado, busque pruebas concretas de que la IA está generando un valor medible en su sector y empiece cuanto antes a elaborar, de forma racional, el caso a favor de la IA en su empresa, adaptado a sus necesidades.
Si ya ha iniciado un proyecto de IA, no deje nada al azar. No querrá que un ejecutivo con poder de decisión se eche atrás por la presión de las sanciones y los costes de cumplimiento de la AIA. Empiece por recalcular el valor empresarial de sus sistemas de IA actuales y active su brújula ética para la IA. Tome las decisiones difíciles antes de que se las indiquen y, si algo no supera la evaluación del valor empresarial o la evaluación del cumplimiento de la AIA, reconsidere el enfoque.
El espíritu de la AIA es garantizar que los sistemas de IA regulados produzcan resultados éticos pese a los sesgos inherentes al comportamiento humano. Siempre habrá líderes que no aprovechen la oportunidad que ofrecen estas directrices para crear sistemas de IA éticos desde el punto de vista comercial, que permitan obtener una ventaja competitiva y, a la vez, protejan a la sociedad de posibles daños. Quienes quieran obtener valor de la AIA solo tienen que plantearse las preguntas adecuadas, por primera vez o de nuevo.


