¿Corremos el riesgo de aburrirnos hasta morir? Según las estimaciones, menos del 5% de las ocupaciones son 100% automatizables. Sin embargo, el 30% del trabajoque implican la mayoría de los empleos podría ser realizado por máquinas. Para un empleado sobrecargado de trabajo, reducir la carga laboral suena atractivo. Un futuro robotizado en el que los seres humanos estén de vacaciones permanentes podría ser idílico.
Sin embargo, en la psicología cognitiva, la neurociencia y la economía existe un sesgo común en contra del carácter costoso y agotador del esfuerzo. Este sesgo puede llevarnos a subestimar tanto el valor del esfuerzo como los riesgos que conlleva el aburrimiento.
El futuro estará automatizado y aumentado. Algunos puestos desaparecerán por completo. Muchos se sustituirán en parte. Ya hay máquinas que realizan tareas complejas que antes se consideraban demasiado difíciles de automatizar. Los sistemas automatizados generan diagnósticos médicos y planes de tratamiento complejos; los algoritmos crean programas de ejercicio detallados y adaptables; y los terapeutas con inteligencia artificial ofrecen a los pacientes programas de bajo costo para superar la ansiedad social.
Es probable que aumente el empleo en puestos de altos ingresos que exigen capacidades cognitivas y creatividad. Aunque se podría automatizar hasta el 20% de las funciones de un alto ejecutivo, según algunos estudios, es probable que esa tecnología sirva de apoyo y potencie las capacidades, facilitando perspectivas más profundas, una mejor toma de decisiones y una mayor producción. El trabajo podría volverse menos estresante, ya que las máquinas nos ayudarían a gestionar los flujos de información con más eficacia y nos permitirían centrarnos en la creatividad, la colaboración y la resolución de problemas complejos. Estas cualidades serán esenciales en la próxima Cuarta Revolución Industrial.
Muchos trabajos manuales de bajos ingresos seguirán requiriendo trabajadores humanos. Llevará tiempo robotizar por completo estas funciones. Por ejemplo, los vehículos automatizados entregarán mercancías en centros locales. Pero pasarán algunos años antes de que un ejército de robots baratos sea lo bastante inteligente para recorrer la «última milla» y sortear entradas imprevisibles, subir escaleras y depositar el correo en pequeños buzones oxidados.
El mayor riesgo afecta a quienes realizan trabajos manuales de bajos ingresos y trabajos de ingresos medios, en los que la mayoría de las tareas están claramente definidas y son repetitivas. Cada vez más puestos consistirán en tareas de supervisión, intercaladas con breves períodos de actividad. Paradójicamente, el trabajo podría requerir menos esfuerzo, pero resultar más tedioso y agotador.
Las consecuencias del esfuerzo
Los modelos predominantes en psicología cognitiva, neurociencia y economía indican que el esfuerzo mental o físico tiene un costo. Si podemos elegir, preferimos evitarlo. Desde esta perspectiva, la tecnología de apoyo que reduce el esfuerzo puede resultar atractiva. Quizá nos estrese menos, nos canse menos y nos ofrezca más tiempo libre. Una visión utópica podría anunciar un futuro de abundancia automatizada y ocio para todos.
Al considerar transformaciones históricas similares, la automatización rara vez parece desplazar por completo la actividad humana. Pero siempre cambia la naturaleza del trabajo humano. Estos cambios suelen ser involuntarios e imprevistos. En Hintsa Performance, estamos examinando investigaciones emergentes que reconocen cada vez más los vínculos entre el esfuerzo y la motivación, el control cognitivo, la toma de decisiones basada en valores y las afecciones de salud. Las perspectivas que encontramos ofrecen nuevas ideas sobre el futuro del trabajo.

La paradoja del esfuerzo
El esfuerzo puede definirse como la intensificación subjetiva de la actividad —mental o física— al servicio de alcanzar nuestros objetivos. Al centrarnos en maneras de reducir el esfuerzo humano, quizá pasemos por alto sus beneficios.
Los resultados pueden ser más gratificantes si nos esforzamos más, en vez de menos, para alcanzarlos. El «efecto IKEA» sugiere que estamos dispuestos a pagar más por objetos que hemos construido con esfuerzo que por objetos idénticos que otra persona ha construido para nosotros.
El esfuerzo también puede ser valioso y gratificante por sí mismo. Muchas personas disfrutan del esfuerzo cognitivo por el mero hecho de hacerlo. La «necesidad de cognición» es un rasgo medible, asociado a que una persona valore mucho el esfuerzo mental y lo busque activamente. Investigaciones recientesarrojan luz sobre este fenómeno y nos ayudan a entender por qué el esfuerzo puede tener un valor intrínseco. La «paradoja del esfuerzo» explora cómo los mismos resultados pueden ser más gratificantes si nos esforzamos más, en vez de menos. Explica por qué podemos elegir ciertas opciones porque requieren esfuerzo, como participar en un triatlón o escalar una montaña.
El esfuerzo es un hábito
A medida que aprendemos a esforzarnos, parece que con el tiempo podemos incorporar más formas habituales de aplicar el esfuerzo . El esfuerzo desempeña un papel fundamental en el rendimiento humano; los estudiantes obtienen mejores resultados de aprendizajecuando su trabajo exige esfuerzo. El esfuerzo se asocia con un mayor bienestar y muestra una relación positiva con una conducta más orientada a los objetivos: mejoramos en hacer lo que nos proponemos, en lugar de dejarnos desviar por las distracciones o las tentaciones.
A medida que automatizamos cada vez más tareas humanas, debemos considerar el valor de lo que estamos eliminando. ¿Qué pasa si nos perdemos las experiencias positivas asociadas al esfuerzo? ¿Perderemos en el proceso el hábito de esforzarnos, con efectos perjudiciales más adelante?
A medio camino entre la desdicha y la somnolencia
La automatización puede hacer que el aburrimiento —dentro y fuera del trabajo— se convierta en un problema cada vez más importante. No es una observación reciente. En los albores de la revolución industrial, Nietzsche advirtió que la «cultura de las máquinas» aburriría a los trabajadores.
Hay muchas definiciones del aburrimiento, pero las descripciones recientes lo caracterizan como un estado subjetivo de baja activación e insatisfacción, probablemente causado por la falta de interés y acompañado de un entorno que no ofrece suficiente estímulo. Un estudio de 1980 lo definió de forma más concisa: el aburrimiento se sitúa a medio camino entre la desdicha y la somnolencia.
Aunque la automatización puede reducir la carga de trabajo y el esfuerzo de los empleados, se la ha relacionado con el aumento del aburrimiento en algunos empleos. Los riesgos del aburrimiento suelen destacarse en entornos donde la seguridad es crítica y los sistemas automatizados han aumentado la monotonía. En 2009, según se informó, dos pilotos se distrajeron con sus computadoras portátiles y sobrevolaron el aeropuerto de destino durante 90 minutos. Sin embargo, el aburrimiento ya está muy extendido en entornos de oficina menos peligrosos y se reconoce como un tema importante que requiere más estudio.
El aburrimiento puede ser más agotador que el esfuerzo
En 2017, unos investigadores se propusieron usar la electroencefalografía (EEG) para observar el efecto del esfuerzo y el aburrimiento en el cerebro de los sujetos. Formularon un conjunto de hipótesis, según las cuales el aburrimiento tendría un efecto cerebral similar al del esfuerzo. Tal como se esperaba, los participantes hicieron un mayor esfuerzo cognitivo en la condición de esfuerzo y sintieron más aburrimiento en la condición de aburrimiento. Sin embargo, aunque al principio los participantes aburridos indicaron niveles de fatiga similares a los de la condición de esfuerzo, con el paso del tiempo dijeron sentirse más fatigados. Las tareas aburridas pueden vivirse como si exigieran esfuerzo, y los resultados de este estudio sugieren que permanecer aburrido puede ser más agotador que realizar un esfuerzo cognitivo constante.
La susceptibilidad individual al aburrimiento varía. Algunas personas pueden sentir un aburrimiento extremo y otras un interés satisfactorio, aunque el entorno sea idéntico. Además, parece que los trabajadores adoptan diversas técnicas para evitar o reducir el aburrimiento. Se necesitan más investigaciones para determinar cuáles son las más eficaces, pero las medidas para aliviarlo podrían agruparse en tres categorías:
Estimular: Introducir una tarea secundaria más estimulante. Si una máquina realiza el 30% de tu trabajo, quizá eso deje más tiempo para tareas más creativas y menos rutinarias.
Descansar: Organizar las tareas para que los trabajadores tengan suficientes descansos y se recuperen del aburrimiento.
Replantearse: Si algo se puede automatizar, ¿deberíamos automatizarlo?
Replantearse la automatización
Aumentar la automatización es el objetivo final de muchos diseñadores. Hay muchas razones válidas y lógicas para ello, como mejorar la seguridad y la precisión y reducir los costos. Sin embargo, debemos considerar su impacto en el bienestar y el rendimiento de las personas. No solo porque es probable que la automatización desplace empleos humanos, sino también porque las consecuencias posteriores del aumento del aburrimiento podrían ser graves.
Se ha relacionado el aburrimiento con problemas de salud importantes:
- Muerte prematura por enfermedad cardiovascular
- Mayor riesgo de ansiedad y depresión
- Un motivo para el consumo de drogas recreativas en algunas poblaciones
Estudios recientes también han destacado que, en determinadas condiciones, la automatización puede reducir el rendimiento del sistema en lugar de aumentarlo.
Cambio exponencial
Es probable que las tres tendencias siguientes cobren cada vez más importancia:
Automatización: Lo que se pueda automatizar probablemente se automatizará. Lo que no se pueda automatizar adquirirá cada vez más valor.
Aumento de capacidades: Quienes ocupan puestos de altos ingresos que exigen capacidades cognitivas se distinguirán por su capacidad para trabajar con sistemas automatizados que apoyan y potencian su labor compleja. Sin embargo, los trabajadores con empleos de ingresos bajos o medios podrían descubrir que sus funciones requieren menos esfuerzo, pero son más tediosas.
Agilidad: Es probable que vivamos y trabajemos más tiempo que nunca, mientras el mundo cambia a nuestro alrededor. Debemos cuidar el cuerpo y la mente de forma proactiva e inteligente para poder adaptarnos, seguir aprendiendo nuevas habilidades y mantener nuestro bienestar y rendimiento durante el mayor tiempo posible.
Mientras que las transformaciones anteriores afectaron a la tecnología, la economía y la sociedad de forma lineal, las tecnologías digitales que hemos creado están acelerando el desarrollo a un ritmo exponencial. Pasó más de un siglo antes de que el uso de los husos —varillas rectas de madera para hilar fibras como la lana y el algodón— se extendiera más allá de Europa. Bastaron siete años para que Internet llegara a todo el planeta.
Cada revolución tecnológica ha traído desafíos y oportunidades que exigen a las personas tomar decisiones difíciles y hacer juicios complejos. Al considerar la automatización, ¿son la viabilidad, la eficiencia, el esfuerzo y el ahorro de costos los criterios más importantes? Una vida que requiera menos esfuerzo y sea más eficiente quizá no sea una vida mejor. Sobre todo si te aburres.



