Este es el futuro de Internet

A picture illustration shows a man looking at the Facebook website on a tablet in Sofia June 27, 2012. Wall Street's top financial firms delivered highly-anticipated assessments of social networking phenomenon Facebook Inc on Wednesday, giving a cautious nod of approval about the company a month after its rocky initial public offering. Picture was flipped horizontally. REUTERS/Stoyan Nenov (BULGARIA - Tags: BUSINESS SCIENCE TECHNOLOGY) - GM1E86R1FJ201
'Policy-makers around the world are waking up to the challenges posed by the internet giants'Image: REUTERS/Stoyan Nenov
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Desde que está disponible comercialmente, Internet ha democratizado la información, ha permitido la comunicación global y ha servido de plataforma para una gran variedad de bienes y servicios.

En sus inicios, los responsables políticos actuaron con cautela a la hora de regular la actividad en línea, para permitir que prosperaran la innovación y el comercio. El éxito arrollador de Google, Facebook, Amazon y otros gigantes de Internet se desarrolló en ese espacio sin regular.

Pero, a medida que Internet entra en la adolescencia, se están traspasando límites y se cuestiona el amplio margen de maniobra que históricamente se ha concedido a esas empresas. Los responsables políticos de todo el mundo, en particular de Europa y Estados Unidos, empiezan ahora a tomar conciencia de los retos que plantean los gigantes de Internet. Las acusaciones de conducta impropia rusa en plataformas como Facebook y Twitter durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016, por ejemplo, han encendido un debate mundial sobre la influencia y el poder que ejercen las redes sociales y otras empresas de Internet.

Este escrutinio alcanzará su punto álgido en todo el mundo en 2018 y dará lugar a nuevas regulaciones que definirán el futuro de Internet. Es especialmente probable que se tomen medidas en tres ámbitos: los contenidos digitales, la privacidad digital y la legislación antimonopolio.

1. Contenidos digitales

Tras años de discursos de odio, troleo, ciberacoso y captación de terroristas en línea, las «noticias falsas» parecen haber colmado el vaso. Europa encabeza la ofensiva reguladora contra los contenidos digitales ilícitos y presiona a las empresas de Internet para que supervisen mejor los contenidos de sus plataformas. Estados Unidos, por su parte, ha sido durante mucho tiempo el defensor más estricto de la libertad de expresión en Internet, pero ahora incluso Washington estudia regulaciones más estrictas sobre los contenidos digitales, como demuestran la propuesta de ley Honest Ads Act y la ley Stop Enabling Sex Traffickers Act.

2. Privacidad digital

Una vez más, la UE es la más activa a la hora de legislar para proteger la privacidad digital de sus ciudadanos. El fallo de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre el «derecho al olvido»cambió radicalmente la forma en que los buscadores de Internet y las empresas de redes sociales gestionan los datos de los usuarios. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE, que entra en vigor en mayo, obliga a las empresas a obtener el consentimiento de los usuarios para que acepten («opt-in») la recopilación de datos, en lugar del enfoque habitual de permitirles rechazarla («opt-out»), que se usa actualmente.

La regulación estadounidense no ha seguido el ritmo de la UE y es poco probable que se produzcan cambios sustanciales a corto plazo, pero la ley BROWSER Act, presentada en la Cámara de Representantes de Estados Unidos en mayo de 2017, que exigiría a los usuarios aceptar la recopilación de datos por parte de plataformas digitales y proveedores de servicios de Internet (ISP), indica que podrían adoptarse medidas regulatorias en los próximos años.

3. Legislación antimonopolio

En las últimas décadas, la legislación antimonopolio estadounidense se ha centrado casi exclusivamente en proteger el bienestar de los consumidores, evaluado según el efecto sobre los precios al consumidor. Esto supuso una ruptura radical con la filosofía jurídica antimonopolio de principios del siglo XX, cuando el objetivo primordial era preservar la competencia y proteger a las pequeñas empresas. La UE ya está adoptando este criterio más amplio en materia antimonopolio, como demuestra la histórica resolución de la Comisión Europea contra Google en junio de 2017 por favorecer injustamente sus propios servicios y productos frente a los de otros. Quienes abogan por replantear las prácticas antimonopolio de Estados Unidos sostienen que Silicon Valley muestra tendencias monopolísticas al adquirir rápidamente a posibles competidores y patentes, consolidando así su poder de mercado y sofocando el mercado de la innovación.

Internet se encuentra en una encrucijada. El entorno operativo de algunas de las empresas más grandes y poderosas del mundo está a punto de pasar de estar sujeto a muy pocos controles a quedar sometido a un mosaico de restricciones y limitaciones en distintos mercados. Esto afectará no solo a los gigantes de Internet, sino también a todos los consumidores y empresas que dependen de sus servicios.

Una mayor vigilancia de los contenidos digitales podría reducir algunos de los riesgos reputacionales a los que se enfrentan hoy las empresas por las «noticias falsas», y cualquier nueva regulación antimonopolio o proceso judicial que limite el poder de los gigantes de Internet permitiría competir en este sector a un mayor número de empresas pequeñas. Sin embargo, dejar de permitir que los usuarios acepten automáticamente que las empresas de Internet recopilen sus datos probablemente dificultaría que estas orientaran eficazmente la publicidad en línea a sus clientes. Aunque rechazar la recopilación de datos protegería la privacidad de los consumidores, sus experiencias en línea estarían menos adaptadas a su historial de navegación y sus preferencias, lo que posiblemente haría que la experiencia de usuario resultara más ardua.

El creciente escrutinio de las empresas de Internet podría ser más que un simple bache en una autopista de Internet que, por lo demás, está relativamente poco regulada. Es más probable que las nuevas medidas regulatorias tengan consecuencias profundas para el futuro de Internet tal como lo conocemos.

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