Así es como las criptomonedas desafían el statu quo

A wall of miners, seen at the cryptocurrency farming operation, Bitfarms, in Farnham, Quebec, Canada, February 2, 2018. Picture taken February 2, 2018. REUTERS/Christinne Muschi
While cryptocurrencies hold some risks, they also offer choice and efficiency in monetary transactions.Image: REUTERS/Christinne Muschi
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Las criptomonedas han sido objeto de recientes críticas por parte de representantes del sector oficial, y los ministros de Finanzas del G20 estudiarán propuestas regulatorias en su próxima reunión en Buenos Aires. Esta columna sostiene que, aunque las criptomonedas presentan ciertos riesgos, también representan una innovación importante que promete ampliar las opciones y mejorar la eficiencia de las transacciones monetarias. Se necesita un enfoque regulatorio proporcional y basado en los riesgos para tener en cuenta las distintas actitudes y experiencias, y evitar frenar la innovación y la competencia. Esto implica mantener un debate abierto antes de adoptar medidas regulatorias de gran alcance.

Las criptomonedas, el dinero o cuasidinero de emisión privada de hoy, se enfrentan a una ofensiva regulatoria. Muchos bancos centrales y organismos reguladores reclaman una regulación integral, y se espera un anuncio en las próximas reuniones del G20 en Argentina. La mayoría de los economistas se hace eco ahora de esta postura (James 2018, Turner 2018, Danielsson 2018), tras las voces anteriores, más comprensivas (Fernandez-Villaverde 2017).

¿Cuáles son los principales argumentos contra las criptomonedas? El sector oficial parece sugerir que no se puede confiar en ninguna moneda que no haya sido emitida por una entidad gubernamental —normalmente, el banco central— y que, por tanto, no puede considerarse dinero de verdad (Carstens 2018, Mersch 2018). Aunque esto puede ser cierto en muchos países, no lo es en bastantes otros. Argentina —cuya moneda, el peso, o su antecesor, el austral, ha perdido su valor en repetidas ocasiones durante las últimas décadas debido a la hiperinflación y las devaluaciones— ofrece un magnífico contexto para analizar el desempeño de las monedas emitidas por los gobiernos.

¿Cuáles son los otros argumentos?

  • Las criptomonedas no cumplen todos los requisitos del dinero.

  • El dinero privado es insostenible por naturaleza.

  • Es necesario proteger a los consumidores e inversores desinformados del «esquema Ponzi» que subyace a las criptomonedas.

  • La tecnología y el modelo de negocio asociado resultan demasiado disruptivos para el sector financiero.

  • La tecnología subyacente facilita actividades ilegales, incluso delictivas, y su financiación.

Estamos de acuerdo con muchos de estos puntos, hasta cierto punto. Hoy las criptomonedas no cumplen todas las funciones del dinero, aunque todavía es pronto y el resultado depende en gran medida de cómo evolucionen las regulaciones gubernamentales. La emisión de dinero privado sin respaldo no es sostenible, pero tampoco lo es el dinero de emisión pública sin un marco monetario adecuado, como demuestra ampliamente la historia económica. Las fuertes fluctuaciones de precios, por sí solas, no justifican la protección regulatoria. Por supuesto, se producen fraudes, como en otras transacciones financieras, y hay que hacerles frente, pero no hay pruebas de que las criptomonedas sean esquemas Ponzi por naturaleza. En cuanto a su carácter disruptivo, la competencia, la innovación y los desafíos al statu quo son tan beneficiosos en el sector financiero como en otros ámbitos de la economía. Sin embargo, la velocidad puede ser un problema y quizá se necesiten salvaguardias para garantizar una transición ordenada. Y, por supuesto, las criptomonedas deben estar sujetas a las disposiciones contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.

¿Qué tamaño tiene hoy el mercado de las criptomonedas? La capitalización total de mercado de las monedas y los tokens digitales a finales de enero de 2018 era de 520.000 millones de dólares (frente a los 830.000 millones de dólares estadounidenses de principios de enero de 2018). A finales de enero había 1.474 criptomonedas, frente a las 682 del mismo periodo de 2017, y un total de 9,1 billones de monedas de criptomonedas en circulación.1 La capitalización de mercado a finales de diciembre de 2017 representaba más del 15 % de la moneda que tenía el público en Estados Unidos, Japón y la zona del euro en conjunto, frente a menos del 1 % en diciembre de 2016 (Figura 1).2

Figura 1 Capitalización de mercado

Image: Banco de Japón

Hasta ahora, la respuesta regulatoria al rápido auge de las criptomonedas se ha centrado sobre todo en las transacciones ilícitas, la protección del consumidor, la manipulación del mercado, la fuga de capitales y la gobernanza (Balboa 2017, BIS 2015, de Filippi 2014, Morris 2017, Wildau 2017). La preocupación por el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo sigue predominando ante el anonimato que ofrecen las criptomonedas y la escasa identificación de sus participantes (GAFI 2014). Entre las medidas regulatorias figuran posibles prohibiciones totales en China y Corea del Sur, varias iniciativas en la UE en el marco de la normativa contra el blanqueo de capitales y advertencias sobre los riesgos de las ofertas iniciales de monedas, así como regímenes regulatorios especiales (entornos de prueba). Al mismo tiempo, las autorizaciones regulatorias para plataformas de intercambio de criptomonedas en Japón y la adopción de contratos de futuros de bitcoin en Estados Unidos reflejan un enfoque menos intervencionista.3 Además, algunos bancos centrales han considerado, y otros incluso han anunciado, la emisión de sus propias criptomonedas, dadas sus ventajas.

Estas innovaciones monetarias no son nuevas, por supuesto. Históricamente, el dinero a menudo ha comenzado siendo privado. Los billetes emitidos por bancos privados fueron las criptomonedas del pasado. Uno de nosotros (Mandeng 2018) señala que la Alemania del siglo XIX reconoció las importantes ventajas que ofrecían los billetes para facilitar los pagos, al tiempo que afrontaba los riesgos de una emisión excesiva. En 1876, Alemania adoptó un modelo mixto de banca central. Creó un banco central —el Banco Imperial Alemán (Reichsbank)— para regular, como primus inter pares, la emisión de billetes junto con los bancos privados autorizados para emitirlos. El banco central adoptó lo que hoy llamaríamos un «marco monetario conjunto», con más de 30 bancos privados autorizados para facilitar una emisión, adopción y circulación ordenadas de billetes. Al mismo tiempo, impuso requisitos comunes firmes y transparentes basados en un conjunto de criterios de cualificación. El modelo mixto obedecía a la falta de confianza en una única entidad monopolística y al deseo de apoyar, dentro del marco conjunto, la emisión de dinero de forma descentralizada. Así, la innovación monetaria se acogió con inclusión, no con exclusión.

Los bancos centrales han recorrido un largo camino para establecer su credibilidad como proveedores de dinero. Pero ¿debería ser este su «monopolio natural»? Aunque puede haber buenas razones para creerlo, la tecnología ofrece un tipo cualitativamente nuevo de dinero privado descentralizado, con beneficios potencialmente de gran alcance. Sin duda hay que erradicar los usos ilegales, pero ¿deberíamos tirar al niño junto con el agua sucia? En el marco de un régimen monetario unificado y la regulación correspondiente, los objetivos de fomentar la innovación y la competencia, así como la estabilidad y la eficiencia del sistema financiero, podrían reforzarse mutuamente.

Las criptomonedas desafían el statu quo tanto de la banca central como de la banca comercial. Esto conlleva riesgos, pero también beneficios. En definitiva, como señaló Rogoff (2017), «la larga historia de la moneda nos enseña que lo que innova el sector privado, el Estado acaba regulándolo y apropiándoselo». Aun así, sería conveniente debatir públicamente las ventajas y desventajas de esta última ola de innovación monetaria antes de imponer una regulación de gran alcance. Entre otras cosas, ese debate sería muy informativo para consumidores e inversores, y especialmente importante en medio del actual sentimiento populista y contrario a las élites.

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