Las soluciones a los desafíos globales más apremiantes residen en las tecnologías emergentes y en la evolución de la conectividad, a medida que nos adentramos en la era del 6G.
Dos tendencias importantes dominarán la conectividad del futuro: el aumento de las capacidades humanas y la fusión de lo digital y lo físico.
Las redes que utilizan tecnologías emergentes deben adaptarse, y lo harán de tres maneras específicas que abarcan un rendimiento extremo, cobertura y mayor flexibilidad.
Al fijar la agenda para el año que viene, 2022 plantea preguntas serias que los líderes empresariales y políticos deben responder sin demora. Por ejemplo, ¿cómo construimos una sociedad más fuerte y saludable que antes de la pandemia? ¿Cómo revertimos la desaceleración mundial del crecimiento de la productividad? ¿Y cómo reducimos el impacto humano en el planeta y limitamos el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales?
La forma en que respondamos a estas preguntas cruciales determinará nuestra respuesta a todo, desde la seguridad alimentaria hasta la esperanza de vida. Sin embargo, ya está claro que las medidas aisladas y puntuales no bastarán. Los desafíos actuales requieren soluciones coordinadas en las que participen gobiernos, organismos reguladores, empresas, organizaciones del tercer sector y comunidades.
Ese tipo de colaboración no es fácil. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP26), celebrada en noviembre de 2021, puso de manifiesto la magnitud del desafío que supone lograr que distintos grupos con diferentes prioridades suscriban acuerdos multilaterales. Pero incluso en la COP26 quedó clara una cosa: sea cual sea la solución final a estos desafíos más apremiantes, se basará en la tecnología y, en particular, en la conectividad, el facilitador definitivo que ya está acercándonos a la fabricación inteligente, las redes eléctricas inteligentes y la atención sanitaria digital.
Al trabajar en un sector que amplía los límites de la conectividad, escucho cómo esta ya ha mejorado los modelos de negocio y los servicios públicos, por ejemplo, al hacer posibles ciudades «inteligentes» o al hacer que los parques eólicos marinos sean más seguros y eficientes. La conectividad seguirá evolucionando con la era del 6G, que puede ayudar al mundo a alcanzar los ambiciosos objetivos de la «ley del carbono» y del Acuerdo de París de reducir a la mitad las emisiones cada década. Se espera que dos tendencias importantes impulsen los avances futuros en conectividad: el aumento de las capacidades humanas y la fusión de lo digital y lo físico.
Se espera que dos tendencias importantes impulsen los avances futuros en conectividad: el aumento de las capacidades humanas y la fusión de lo digital y lo físico.
Pekka Lundmark, director ejecutivo de Nokia
El futuro de la conectividad
El aumento de las capacidades humanas consiste en experiencias muy inmersivas e interfaces mejoradas entre las personas y los ordenadores, que permiten a las personas convertirse en parte de internet, y no solo en sus usuarias. Cada vez nos alejamos más de la pantalla bidimensional y nos acercamos a dispositivos impulsados por la realidad aumentada y la realidad virtual. En la próxima década, veremos cada vez más mejoras del cuerpo humano mediante interfaces biodigitales, exoesqueletos y muchas otras innovaciones.
Esta tecnología tendrá un gran impacto en nuestra percepción del mundo que nos rodea. Podremos percibir los niveles de contaminación cercanos y conocer los riesgos para la seguridad en el lugar de trabajo. Además, permitirá que las personas con los problemas de movilidad más graves caminen sin ayuda.
La fusión de lo digital y lo físico es una idea distinta, aunque relacionada, que consiste en conectar activos físicos con sus versiones digitales; una tecnología que ya empieza a surgir. Actualmente, las fábricas avanzadas y los centros logísticos utilizan gemelos digitales de sus líneas de producción, almacenes y vehículos para aumentar la productividad y reducir los costes operativos. Para 2030, esta tecnología se extenderá no solo a otros sectores —haciendo mucho más seguros los entornos peligrosos, como las minas—, sino también a toda la sociedad. Tú o yo podríamos tener un gemelo digital; el reciente debate en torno al «metaverso» da una idea bastante clara de adónde podríamos llegar.
Por supuesto, estas dos tendencias tecnológicas emergentes dependen de una conectividad ubicua de próxima generación. Las redes tendrán que ofrecer más de 100 gigabits por segundo, una latencia extremadamente baja y una fiabilidad impecable. Como estarán integradas en infraestructuras y servicios públicos esenciales para el cumplimiento de sus misiones, también necesitarán una seguridad y privacidad férreas.
Aunque las redes actuales son más flexibles, fiables y de mayor capacidad que nunca, no pueden ofrecer el nivel de servicio que requieren estas tecnologías emergentes. Por ello, la forma de construir y utilizar las redes tendrá que cambiar considerablemente durante la próxima década. Algunos requisitos se cumplirán de manera natural, a medida que avance el ciclo tecnológico de las telecomunicaciones y se perfeccionen los productos y servicios existentes. Otras necesidades exigirán que las redes se adapten de tres maneras nuevas y específicas en los próximos años.
Aunque las redes actuales son más flexibles, fiables y de mayor capacidad que nunca, no pueden ofrecer el nivel de servicio que requieren estas tecnologías emergentes.
Pekka Lundmark, director ejecutivo de Nokia
Las redes de 2030
En primer lugar, tendrán que surgir redes especializadas de rendimiento extremo. Las aplicaciones de la Industria 4.0 más sensibles o que requieren más datos se atenderán mediante redes privadas en las instalaciones, diseñadas para ofrecer la latencia más baja y la máxima fiabilidad y flexibilidad. Los hospitales inteligentes entrarían en esta categoría, ya que cada paciente necesitaría distintos sensores conectados, y los procesos quirúrgicos o de diagnóstico requerirían una potencia de cálculo extrema.
En segundo lugar, habrá redes de redes. Las redes terrestres y no terrestres superpuestas formarán un mosaico de cobertura que ofrecerá un nuevo nivel de fiabilidad extrema, capacidad local y ubicuidad. Se puede lograr una cobertura continua complementando las redes con satélites de órbita baja y alto rendimiento, para cubrir el 95 % de la superficie terrestre que actualmente no está cubierta por redes terrestres.
En tercer lugar, las redes como servicio permitirán utilizar redes completas mediante un modelo de pago por uso, similar a Netflix o a cualquier otro servicio en la nube. Los propietarios de redes tendrán la libertad de crear su propia red sin la carga de comprar, instalar o mantener infraestructura física.
Estas tres formas de evolución de las redes pueden parecer abstractas, pero al facilitar a las empresas, las organizaciones del sector público y las comunidades el acceso a una conectividad potenciada, harán mucho más fácil que la sociedad sea más sostenible y genere riqueza. Por ejemplo, la conectividad de próxima generación permitirá aprovechar plenamente las redes de transporte público inteligente, la minería de precisión, la agricultura vertical a gran escala, la fabricación sin defectos, la instalación extensiva y el mantenimiento predictivo de trenes de alta velocidad, parques solares y redes eléctricas dinámicas.
La digitalización de las sociedades y las industrias no solo es posible, sino también probable, y será cada vez más viable a medida que comprendamos mejor el valor de las redes como tecnología habilitadora.
La conectividad no es una solución mágica. Las soluciones coordinadas mencionadas al principio de este artículo siguen siendo la pieza más importante del rompecabezas a la hora de abordar los desafíos globales. Sin embargo, la conectividad puede y debe ser un componente clave de esas soluciones.


