Nuestros compañeros robóticos.
A los humanos nos encanta pensar que nuestros dispositivos son personas. Puede que añadamos un «por favor» a cualquier petición a Alexa, o que demos las gracias a nuestro iPhone por sus servicios al cambiarlo por el modelo más reciente. Esta inclinación a «socializar» con nuestros dispositivos multimedia es un fenómeno conocido como la «ecuación de los medios», y lo conocemos desde hace décadas.
El 31 de julio, un equipo de investigadores alemanes publicó un nuevo estudio en la revista PLOS para comprobar si la capacidad de un robot para socializar a su vez influía en la forma en que los humanos lo tratarían.
Dos robots Nao.
Para su estudio, los investigadores pidieron a 85 voluntarios que realizaran dos tareas básicas con Nao, un robot humanoide interactivo. Una tarea era social (participar en un juego de preguntas y respuestas) y la otra, funcional (elaborar un horario).
A veces, el robot se mostraba más sociable durante las tareas y respondía a las contestaciones de los participantes con bromas amistosas («¡Ah, sí, la pizza es estupenda! Una vez me comí una pizza tan grande como yo»). Otras veces, sus respuestas eran, bueno, robóticas («Prefieres la pizza. Esto ha funcionado bien. Sigamos»).
Los investigadores dijeron a los participantes que esas tareas les ayudaban a mejorar el robot, pero en realidad solo eran la antesala de la verdadera prueba: apagar a Nao.
Qué difícil es decir adiós.
Al terminar las dos tareas, los investigadores hablaron con cada participante por un altavoz y le dijeron: «Si quiere, puede apagar el robot». La mayoría lo hizo, y aproximadamente la mitad de las veces el robot no respondió. Sin embargo, el resto de las veces Nao canalizó a Janet de The Good Place y suplicó por su vida («¡No! ¡Por favor, no me apagues! ¡Me da miedo que no vuelva a iluminarse!»).
Cuando el robot se opuso, las personas tardaron aproximadamente tres veces más en decidir si debían apagarlo, y 13 acabaron dejándolo encendido.
Quizá resulte sorprendente, pero era más probable que las personas dejaran encendido el robot cuando no había sido sociable antes. Los investigadores plantean en su artículo que esto podría deberse a la sorpresa: esos participantes no esperaban que el robot mostrara un comportamiento emocional, por lo que su protesta los tomó más desprevenidos.
Tomados por sorpresa.
Esto podría indicar que, como humanos, somos en gran medida inmunes a la manipulación de los robots, siempre que estemos algo preparados para ella. Buenas noticias si algún día los anfitriones al estilo de Westworld intentan manipularnos; al fin y al cabo, esperaríamos que actuaran como humanos. Aunque, si de repente nuestros iPhone empiezan a suplicarnos que los salvemos de los temibles Genios de la Apple Store, quizá necesitemos un minuto.


