Google utilizó recientemente con éxito su sistema de inteligencia artificial DeepMind para reconocer enfermedades oculares. La IA también se está utilizando para diagnosticar el cáncer, y con el lanzamiento de aplicaciones para teléfonos inteligentes basadas en IA que pueden hablar sobre síntomas y clasificar a los pacientes según su urgencia, podría parecer que no estamos muy lejos de crear un médico de IA plenamente desarrollado.
Se están logrando avances similares al poner la IA al servicio de la escritura de software y la evaluación de contratos legales. La IA incluso ha empezado a dejar huella en el mundo creativo, generando obras de artey moda, evaluando el diseño gráfico, y ayudando a la gente a crear música. Entonces, ¿la IA supone una amenaza para los empleos altamente cualificados, del mismo modo que para los que implican tareas sencillas y repetitivas?
Las nuevas tecnologías llevan cientos de años dejando a trabajadores sin empleo. Sin embargo, los avances de las distintas revoluciones industriales también han creado siempre nuevos puestos de trabajo, y la gente ha sabido adaptarse. En definitiva, las tecnologías que tuvieron éxito fueron aquellas en las que personas y máquinas trabajaron en armonía en beneficio de la sociedad en general. Pero la revolución de la IA podría ser distinta, porque podría afectar a tantos empleos profesionales de oficina como trabajos manuales.
Parece inevitable que disminuyan los empleos de oficina menos cualificados, como los de procesamiento de datos, y, de hecho, ya está empezando a ocurrir. Pero la IA también está entrando en el ámbito de los profesionales altamente cualificados, como los ingenieros de software. Sin embargo, en gran medida esto está sucediendo de una forma que muestra que la IA será más una herramienta que una amenaza para los trabajadores cualificados. Es posible que cada vez se exija más a los profesionales que aprendan a aprovechar el potencial de la IA, en lugar de que desaparezcan puestos de trabajo enteros.
Pensemos en la programación informática. Desde hace mucho tiempo, los investigadores sueñan con desarrollar una IA capaz de crear desde cero software complejo. En realidad, probablemente sea un objetivo un tanto inverosímil. Las descripciones informales y subjetivas que suelen utilizarse para elaborar los encargos para programadores son demasiado imprecisas para ello.
Pero los investigadores se han dado cuenta de que la IA puede ser muy eficaz para optimizar el software existente, por ejemplo, para hacerlo más rápido y reducir su consumo de energía. Optimizar software exige competencias muy específicas que, en realidad, la mayoría de los desarrolladores de software no tienen. Por eso, este tipo de IA podría ser muy útil para mejorar el desarrollo de software sin poner en peligro los empleos existentes.
Los investigadores han empezado a desarrollar métodos novedosos para que la IA detecte distintos tipos de errores de software en situaciones realistas. Y empresas como Facebook ya utilizan herramientas de prueba basadas en IA capaces de detectar fallos del software, un tipo de error que hace que las aplicaciones se cierren de forma inesperada. Son tareas esenciales, dada la importancia cada vez mayor del software para el buen funcionamiento de la sociedad, pero actualmente son muy difíciles de realizar para las personas.
Por qué deberíamos dar la bienvenida a los médicos de IA
Podemos prever un patrón similar en la medicina. Muchos países, incluidos países desarrollados como el Reino Unido, sufren escasez de personal médico. Por ejemplo, sencillamente no hay suficientes médicos bien formados para poder diagnosticar con precisión los primeros signos de enfermedades oculares. La IA podría ofrecer una solución para ayudar a los profesionales de la salud a mejorar sus capacidades. Y, una vez realizado el diagnóstico, el personal médico puede dedicar más tiempo a atender realmente a sus pacientes.
Esta tecnología podría ser aún más útil en países donde el número de médicos bien formados por habitante es mucho menor, o en comunidades remotas donde resulta difícil acceder a cualquier tipo de asesoramiento médico. Por eso, la profesión médica debería acoger con satisfacción, y no temer, el tipo de investigación que lleva a cabo Google DeepMind.
Deberíamos utilizar la IA para las tareas que se le dan bien, de modo que podamos cubrir las carencias allí donde falta personal y las tareas no se pueden automatizar fácilmente. El reto consiste en preparar a estudiantes y profesionales para los cambios que se producirán en sus empleos y para los nuevos empleos, aún desconocidos, que creará la IA en el futuro. Con una formación adecuada y oportuna, no se harán realidad los temores a la pérdida de empleos altamente cualificados, lo que permitirá a la sociedad centrarse más en los beneficios que aportará la IA.
El mercado laboral actual es muy competitivo y el desarrollo profesional continuo ya es esencial en muchas profesiones. En algunos aspectos, esto podría situarnos en una posición mejor que la de quienes vivieron la revolución industrial. Sin embargo, las tendencias educativas actuales hacia los exámenes y el pensamiento mecanicista van en la dirección equivocada. Repetir hechos y procesar datos es lo que las máquinas hacen bien. La creatividad y el pensamiento crítico, en cambio, nunca habían sido tan importantes para la humanidad.



