Los fabricantes de alimentos se están quedando sin CO₂, pero no podemos simplemente tomarlo del aire

Boats sail off the Bandol coast, Southern France, on a cloudy day, November 1, 2016. REUTERS/Jean-Paul Pelissier
Some pubs have run out of beer due to CO2 shortages.Image: REUTERS/Jean-Paul Pelissier
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Cada vez más personas son plenamente conscientes de que el aumento de los niveles de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera está acelerando el cambio climático y el calentamiento global. Sin embargo, los fabricantes de alimentos llevan tiempo lanzando advertencias contundentes: casi se han quedado sin este gas, que se utiliza en muchos productos, desde la cerveza hasta los panecillos ingleses. La pregunta obvia es: ¿por qué no podemos capturar simplemente el exceso de CO₂ de la atmósfera y utilizarlo?

De hecho, es posible extraer CO₂ de la atmósfera mediante un proceso conocido como captura directa del aire. Hay varias empresas en todo el mundo, entre ellas una en Suiza y otra en Canadá, que pueden llevar a cabo ya este proceso. En teoría, podría convertir un problema en un recurso valioso, especialmente en los países en desarrollo con pocas otras riquezas naturales.

El problema es el coste. Aunque la cantidad de CO₂ en el aire está dañando el clima, en términos relativos hay tan pocas moléculas de CO₂ en el aire que extraerlas resulta muy caro. Pero puede haber otras soluciones que ayuden a reducir las emisiones de carbono y proporcionen a la industria una nueva fuente de CO₂.

Todo depende de la concentración y el consumo de energía. La cantidad de CO₂ en el aire (compuesto principalmente por nitrógeno y oxígeno) es de alrededor de 400 partes por millón o el 0,04 %. Si representáramos una muestra de moléculas del aire como una bolsa con 5.000 bolas, solo dos serían de CO₂. Sería muy difícil sacarlas de la bolsa.

Image: Peter Styring

Podemos capturar CO₂ mediante un material conocido como sorbente, que interactúa físicamente con el gas o se enlaza con él a nivel molecular. Para capturar del aire una cantidad viable de CO₂, tendríamos que comprimir grandes volúmenes para hacerlos pasar por el sorbente, algo que requeriría mucha energía.

Los gases de escape de las centrales eléctricas son una fuente de CO₂ más concentrada (y una de las responsables de gran parte de nuestras emisiones totales de carbono). El Carbon XPRIZE, un concurso que promueve el desarrollo de tecnologías de captura y utilización del carbono, ha seleccionado a diez finalistas centrados en capturar CO₂ de las centrales eléctricas en lugar de la atmósfera.

Sin embargo, aunque la concentración habitual de CO₂ de alrededor del 10 % en los gases de escape de las centrales eléctricas (600 bolas de las 5.000) es mucho mayor que la del aire, con las tecnologías actuales capturar el CO₂ seguiría siendo una forma costosa de purificar el gas. También hay que eliminar el vapor de agua de los gases de escape, lo que requeriría más energía.

Fuentes mejores

A medida que cobra más importancia reducir la concentración de CO₂ en la atmósfera, o si se necesitara producir el gas en lugares remotos con abundantes fuentes de energía renovable, la captura directa del aire podría convertirse en una tecnología viable. Pero, por ahora, hay fuentes de CO₂ más concentradas y, por tanto, más baratas de aprovechar.

Por ejemplo, las destilerías y las cervecerías producen el gas como residuo con un alto grado de pureza (más del 99,5 %) una vez eliminada el agua. Las cementeras, las acerías y otras industrias de procesos también tienen concentraciones relativamente altas de CO₂. Construir instalaciones más pequeñas que capturen únicamente el CO₂ de fábricas y plantas individuales sería una forma más barata de crear una nueva fuente del gas. También podrían ser una buena inversión en plantas que necesitan su propio suministro de CO₂ para llevar a cabo sus procesos.

La actual escasez de CO₂ afecta principalmente a la industria de alimentos y bebidas. Pero también empezamos a ver un mayor impulso para utilizar CO₂ en otras industrias y crear un mercado para una sustancia que, de otro modo, sería un residuo que contribuye al peligroso cambio climático. Por ejemplo, ahora se pueden comprar productos químicos y materiales de construcción que se originaron en moléculas de CO₂ en lugar de combustibles fósiles, incluidos agregados minerales que capturan más carbono del que se utilizó para producirlos.

A medida que surjan más tecnologías de utilización del CO₂, aumentará la demanda del gas y también la necesidad de producirlo de forma más local. El futuro consiste en convertir un residuo en una mercancía.

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