Christine Lagarde: El peligro de las criptomonedas

Servers for data storage are seen at Advania's Thor Data Center in Hafnarfjordur, Iceland August 7, 2015. REUTERS/Sigtryggur Ari/File Photo
The anonymity of crypto-currency is what makes it both so appealing and dangerous.Image: REUTERS/Sigtryggur Ari/File Photo
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Tanto si el valor del bitcóin sube como si baja, la gente de todo el mundo se hace la misma pregunta: ¿cuál es exactamente el potencial de los criptoactivos?

La tecnología que hay detrás de estos activos, incluida la cadena de bloques (blockchain), es un avance apasionante que podría ayudar a revolucionar campos más allá de las finanzas. Podría, por ejemplo, impulsar la inclusión financiera al proporcionar métodos de pago nuevos y de bajo coste a quienes no tienen cuenta bancaria y, en el proceso, empoderar a millones de personas en países de bajos ingresos.

Los posibles beneficios han llevado incluso a algunos bancos centrales a considerar la idea de emitir monedas digitales de banco central.

Sin embargo, antes de llegar a ese punto, debemos dar un paso atrás y comprender el peligro que acompaña a la promesa.

El peligro de los criptoactivos

La misma razón por la que los criptoactivos (o lo que algunas personas llaman criptomonedas) resultan tan atractivos es también lo que los hace peligrosos. Estas ofertas digitales suelen construirse de forma descentralizada y sin necesidad de un banco central. Esto confiere a las transacciones con criptoactivos un elemento de anonimato, muy similar al de las transacciones en efectivo.

El resultado es un nuevo y potencialmente importante vehículo para el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.

Un ejemplo reciente revela el alcance del problema.

En julio de 2017, una operación internacional dirigida por Estados Unidos clausuró AlphaBay, el mayor mercado delictivo en línea de internet. Durante más de dos años, a través de AlphaBay se vendieron en todo el mundo drogas ilegales, herramientas de hacking, armas de fuego y sustancias químicas tóxicas. Antes de que el sitio fuera desconectado, se habían intercambiado más de 1.000 millones de dólares mediante criptoactivos.

Por supuesto, el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo son solo una dimensión de la amenaza. La estabilidad financiera es otra. El rápido crecimiento de los criptoactivos, la extrema volatilidad de sus precios de negociación y sus vínculos mal definidos con el mundo financiero tradicional podrían crear fácilmente nuevas vulnerabilidades.

Por tanto, debemos desarrollar marcos regulatorios para hacer frente a un desafío en constante evolución. Muchas organizaciones ya han comenzado.

Un ejemplo positivo es el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), que estudia qué nuevas normas podrían ser necesarias para responder a los avances en tecnología financiera. Otro es el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), el organismo que establece las normas para la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo. Este grupo de trabajo ya ha ofrecido a los países orientaciones útiles sobre cómo abordar las criptomonedas y otros activos electrónicos.

El FMI también trabaja en estas cuestiones. Impedir el blanqueo de capitales y combatir la financiación del terrorismo ha formado parte de nuestra labor durante los últimos 20 años. Sobre la base de las normas establecidas por el GAFI, hemos realizado 65 evaluaciones de los marcos regulatorios de los países y prestado asistencia para el desarrollo de capacidades a 120 países. Nuestros esfuerzos se han centrado en ayudar a los países miembros a afrontar el espectro de los flujos financieros ilícitos.

Pero reconocemos que hay que hacer más para controlar la amenaza emergente que representan los criptoactivos y para garantizar un sistema financiero estable. ¿Por dónde podemos empezar?

Combatir el fuego con fuego

Podemos empezar centrándonos en políticas que garanticen la integridad financiera y protejan a los consumidores en el mundo cripto, tal como lo hemos hecho en el sector financiero tradicional.

De hecho, las mismas innovaciones que impulsan los criptoactivos también pueden ayudarnos a regularlos.

Dicho de otro modo, podemos combatir el fuego con fuego.

La tecnología regulatoria y la tecnología de supervisión pueden ayudar a excluir a los delincuentes del mundo cripto. De forma más amplia, estamos viendo que en algunos países los intercambios de criptoactivos están sujetos a requisitos de conocimiento del cliente.

Estos avances tardarán años en perfeccionarse e implementarse. Dos ejemplos ilustran la promesa de este enfoque a largo plazo:

  • La tecnología de registro distribuido (DLT) puede utilizarse para acelerar el intercambio de información entre los participantes del mercado y los reguladores. Quienes tienen un interés compartido en mantener seguras las transacciones en línea deben poder comunicarse sin fricciones. La tecnología que permite las transacciones globales instantáneas podría utilizarse para crear registros de información de clientes estándar y verificada, junto con firmas digitales. Un mejor uso de los datos por parte de los gobiernos también puede ayudar a liberar recursos para necesidades prioritarias y a reducir la evasión fiscal, incluida la relacionada con las transacciones transfronterizas.

  • La biometría, la inteligencia artificial y la criptografía pueden reforzar la seguridad digital e identificar transacciones sospechosas en tiempo casi real. Esto daría a las fuerzas del orden una ventaja para actuar con rapidez y detener las transacciones ilegales. Esta es una forma de ayudarnos a eliminar la «contaminación» del ecosistema de los criptoactivos.

También debemos garantizar que se apliquen las mismas normas para proteger a los consumidores tanto en transacciones digitales como no digitales. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos y otros reguladores de todo el mundo aplican ahora las mismas leyes a algunas ofertas iniciales de monedas (ICO) que a las ofertas de valores estándar. Esto ayuda a aumentar la transparencia y a alertar a los compradores sobre posibles riesgos.

Pero ningún país puede afrontar este desafío por sí solo.

Cooperación internacional indispensable

Para ser realmente eficaces, todos estos esfuerzos requieren una estrecha cooperación internacional. Dado que los criptoactivos no conocen fronteras, el marco para regularlos también debe ser global.

El exitoso cierre de AlphaBay, por ejemplo, contó con la cooperación de Europol y de las fuerzas del orden de Estados Unidos, Tailandia, Países Bajos, Lituania, Canadá, Reino Unido y Francia.

Los países tendrán que decidir colectivamente que este camino merece la pena. Como señal prometedora, el Grupo de los Veinte (G-20) ha acordado incluir los criptoactivos en el programa de su cumbre de noviembre de 2018 en Argentina.

El FMI desempeñará su papel en este esfuerzo. Con nuestra membresía casi universal y nuestra experiencia, incluida la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, estamos en una posición única para ser un foro que ayude a desarrollar respuestas en el ámbito de los criptoactivos, en constante evolución.

Qué viene después para las criptomonedas

La volatilidad de los criptoactivos ha suscitado un intenso debate sobre si son una burbuja, una moda pasajera o una revolución equivalente a la llegada de internet que transformará el sector financiero y acabará sustituyendo a las monedas fiduciarias.

La verdad, obviamente, se encuentra en algún punto intermedio entre estos extremos.

Como he dicho antes, no sería prudente descartar los criptoactivos; debemos acoger su potencial, pero también reconocer sus riesgos.

Trabajando juntos y aprovechando la tecnología para el bien público, podemos aprovechar el potencial de los criptoactivos garantizando al mismo tiempo que nunca se conviertan en un refugio para actividades ilegales ni en una fuente de vulnerabilidad financiera.

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