La cadena de bloques está despegando, pero aún se ve lastrada por la mala imagen y la lentitud regulatoria.
2020 podría ver la introducción de una moneda digital global.
La primera jurisdicción que adopte la cadena de bloques y desarrolle un modelo regulatorio cosechará los beneficios en empleo y crecimiento económico.
En 2019 la revolución de la cadena de bloques se detuvo en seco. Al menos, esa es la opinión de quienes deberían saberlo.
Un reciente informe del Gartner Group la denominó “fatiga de la cadena de bloques”. Otros expertos se hicieron eco de la opinión de que los pilotos se han desvanecido, pocas implementaciones han llegado a producción y la cadena de bloques probablemente sea una tecnología marginal.
Empíricamente, esta opinión es incorrecta. Nuestra investigación muestra cientos de sistemas de producción en marcha en una docena de industrias. La mayoría se basan en Ethereum, Hyperledger o Corda, aunque están surgiendo otras plataformas.
La cadena de bloques está en auge
La financiación del comercio global se está trasladando a la cadena de bloques. TradeLens, la iniciativa conjunta de IBM y Maersk en el sector naviero basada en cadena de bloques, dio la bienvenida a su primera ronda de nuevos gigantes del transporte marítimo este año. Everledger ha ampliado sus esfuerzos para eliminar los diamantes de conflicto en China a través de una aplicación de WeChat. Las ofertas de tokens que recaudaron más de 10.000 millones de dólares estadounidenses solo en el último año han alterado el capital riesgo.
También hay en marcha iniciativas asombrosas relacionadas con la moneda digital y la inclusión económica. La filial de telefonía móvil Jio de Reliance Industries, de India, anunció, entre otras cosas, que convertirá sus 300 millones de usuarios en la mayor red de cadena de bloques del mundo; Facebook propuso Libra, el criptoactivo que podría convertir de la noche a la mañana al gigante de las redes sociales en el mayor banco minorista del mundo. Después, el Banco Popular de China reveló que estaba “casi listo” para lanzar un yuan digital soberano para uso internacional. El presidente Xi Jinping instó al resto de China a “aprovechar la oportunidad” que ofrece la cadena de bloques para acelerar la innovación del país.
Todo esto suena a “a todo vapor”, no a “agotamiento de la cadena de bloques”. Entonces, ¿qué está pasando aquí? ¿Y cómo podemos aprovechar el potencial de esta tecnología en 2020?
1. La cadena de bloques tiene un problema de imagen
Las palabras cadena de bloques o criptomoneda todavía evocan imágenes de malos actores, delincuentes y estafadores que buscan enriquecerse rápidamente utilizando una nueva tecnología para cometer fraudes de siempre, y ha habido bastantes. Mientras tanto, las disputas internas de campanario y las riñas infantiles han perjudicado la imagen del ecosistema en su conjunto.
Pero estamos siendo testigos de algunas colaboraciones estimulantes. Por ejemplo, la Enterprise Ethereum Alliance ha puesto a prueba la Token Taxonomy Initiative, que es neutral respecto a la plataforma. Muchos sectores, como la Blockchain in Transport Alliance han iniciado una intensa colaboración para propiciar un cambio más amplio. Este tipo de interdependencia será la clave para avanzar.
Asimismo, instituciones como la Cámara de Comercio Digital están demostrando ser aliados fundamentales para los gobiernos que desean lograr el equilibrio regulatorio adecuado. Estamos haciendo nuestra parte en el Blockchain Research Institute destacando casos de uso y la necesidad de gobernanza, cooperación y cambio a nivel social. Líderes extraordinarios, como la comisionada de la SEC Hester Piece, el saliente gobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney y el candidato a la nominación presidencial demócrata Andrew Yang, se han erigido en defensores. El impulso va en aumento.
2. La cadena de bloques choca de frente con el sistema de leyes, normativas y estructuras que rigen la sociedad
La libertad de expresión e información está protegida por la Constitución de EE. UU. para ser abierta. Pero, en lo que respecta a los activos, todos nuestros sistemas de leyes y gobiernos están diseñados para mantenerlos cerrados, propietarios y en manos de los poderosos. No es de extrañar que la cadena de bloques y las criptomonedas tarden tanto. Se enfrentan a muchos fundamentos del funcionamiento de nuestra economía y sociedad.
Como me dijo recientemente el antiguo presidente de la Commodity Futures Trading Commission, Chris Giancarlo:
“La digitalización de la información a través de Internet a finales del siglo XX se produjo en una zona regulatoria “ligera” debido a la protección de la libertad de expresión por parte de la Constitución de EE. UU. frente a la injerencia del gobierno federal. Por el contrario, la digitalización del valor a comienzos del siglo XXI está teniendo lugar en una zona regulatoria “pesada” debido a la autoridad, establecida desde hace tiempo, de los gobiernos estatales y federal de EE. UU. para proteger los derechos de propiedad, incluidos los de los consumidores de servicios financieros (los bancos, las sociedades fiduciarias y otros proveedores de servicios financieros han estado sujetos a la regulación estatal y federal durante décadas). En consecuencia, las prácticas que guiaron la digitalización de la información (es decir, “No pida permiso, pida perdón”), cuando se utilizan para la digitalización de los derechos de propiedad, resultan especialmente provocadoras para el orden jurídico y regulatorio establecido, como hemos visto con las ofertas iniciales de monedas.”
La regulación representa, con diferencia, el obstáculo más importante para los innovadores de la cadena de bloques, según una encuesta a cientos de directivos y emprendedores, realizada conjuntamente por la Cámara de Comercio Digital de Canadá y el Blockchain Research Institute. Las normativas existentes favorecen a los actores consolidados frente a los disruptores. La cadena de bloques plantea nuevos desafíos a los reguladores que buscan proteger a los consumidores y los mercados, pero la rigidez con la que los reguladores de las principales economías del mundo han abordado la cadena de bloques ha servido para frenar la innovación y el crecimiento.
La regulación representa, con diferencia, el obstáculo más importante para los innovadores de la cadena de bloques
El muro regulatorio que se alza ante los innovadores de la cadena de bloques es la norma en las principales economías. La consecuencia para Canadá y los países similares será una continua “fuga de empresas” hacia jurisdicciones más favorables. Por ello, la primera gran jurisdicción que adopte de forma significativa esta nueva tecnología y desarrolle un modelo regulatorio que fomente la innovación y, al mismo tiempo, proteja a los consumidores cosechará los beneficios en empleo y crecimiento económico.
3. La tecnología aún es inmadura
Para parafrasear al difunto Roy Amara del Institute for the Future, tendemos a sobreestimar el impacto de una nueva tecnología a corto plazo, pero a subestimarlo a largo plazo. La cadena de bloques se enfrenta a desafíos de implementación que van más allá de la regulación y de la inercia de los actores consolidados.
Interoperabilidad. Como en los primeros días de Internet, cuando las intranets privadas dominaban la escena, la cadena de bloques está fragmentada en silos. Iniciativas como las de Cosmos o la asociación entre Ethereum y Hyperledger podrían permitir una internet interoperable de cadenas de bloques en la primera mitad de 2020.
Escalabilidad. Aunque algunas plataformas, como Ripple, afirman estar preparadas para un volumen de nivel Visa, la mayoría de las plataformas tiene mucho que hacer para escalar sus soluciones. Ethereum, una plataforma dominante para contratos inteligentes y desarrollo de aplicaciones, todavía solo puede procesar 15 transacciones por segundo, y su actualización Istanbul ha sufrido numerosos retrasos. La interoperabilidad puede aliviar este problema, ya que los usuarios combinan múltiples cadenas de bloques para lograr escala.
Usabilidad. Comprar o vender criptomonedas sigue siendo difícil. Participar en el ecosistema de criptomonedas exige un nivel de validación que a la mayoría de los usuarios no les resulta atractivo. Los complejos procesos de seguridad se han convertido en barreras para la adopción. Crear procesos más fáciles de usar para comprar y almacenar criptomonedas de forma segura sigue siendo un desafío crucial para el sector.
Seguridad. Las cadenas de bloques son más seguras que los sistemas informáticos tradicionales, como señaló el comediante John Oliver al utilizar mi analogía del nugget de pollo. Pero los hackers aún pueden vulnerar aplicaciones, sistemas y empresas construidos sobre cadenas de bloques. En 2019, 250 millones de dólares estadounidenses se esfumaron en un solo intercambio, QuadrigaCX, con su letal modelo de negocio centralizado.
Derechos sobre los datos. Los usuarios de todo lo digital crean la nueva clase de activo de la era digital, los datos, pero los terratenientes digitales capturan todo su valor. La solución no es solo la protección gubernamental de la privacidad (Reglamento General de Protección de Datos de la UE) ni siquiera que los terratenientes caritativos ofrezcan a los usuarios acceso a parte de sus datos. Creemos que las identidades autosoberanas en la cadena de bloques nos permitirán capturar y controlar nuestros propios datos. Aunque existen buenas iniciativas de identidad en marcha (Sovrin), todavía estamos lejos de contar con un marco de identidad radicalmente nuevo.
Lo que está en juego
Las consecuencias de la inacción de los líderes empresariales y gubernamentales nunca han sido tan evidentes. Consideremos el épico enfrentamiento que se perfila para 2020 en torno a la creación de una moneda digital global. En primer lugar, están las redes de criptomonedas tradicionales, como Bitcoin. En segundo lugar, las corporaciones como Facebook (¿podrán otros conglomerados digitales quedarse muy atrás?). A continuación, están los Estados nación, con China implementando su moneda digital en 2020 como paso hacia la sustitución del dólar estadounidense como moneda de referencia. Esto sin duda estimulará a la Reserva Federal de EE. UU. a avanzar con el dólar digital. A medida que otros países se sumen, veremos que la mayoría de los demás países sofisticados respaldan la visión de Mark Carney de una “moneda hegemónica sintética”, que crecería a partir de una cesta de otras monedas fiduciarias para dominar el dinero a escala mundial.
En el próximo año, los banqueros centrales, los responsables de políticas y los líderes empresariales (todos nosotros) decidiremos cómo será el futuro de la economía digital. Las economías occidentales tienen la oportunidad de abrazar la descentralización y el Internet del Valor y, al hacerlo, mantener sus posiciones de liderazgo en la economía global. Sin embargo, los líderes necesitarán un nivel de flexibilidad y apertura que aún no hemos visto.
Como con todo lo audaz, el futuro no es algo que deba predecirse, sino conquistarse. Ahora más que nunca, la cuestión de quién construirá ese futuro debería ocupar un lugar prioritario en 2020.


