El miércoles, un equipo científico internacional anunció un hito en la astrofísica: la primera fotografía de un agujero negro. Para ello, utilizó una red mundial de telescopios con el fin de obtener información sobre objetos celestes cuyos campos gravitatorios son tan intensos que ni la materia ni la luz pueden escapar.
La investigación fue realizada por el proyecto Event Horizon Telescope (EHT), una colaboración internacional iniciada en 2012 para intentar observar directamente el entorno inmediato de un agujero negro mediante una red mundial de telescopios terrestres. El anuncio se hizo en ruedas de prensa simultáneas en Washington, Bruselas, Santiago, Shanghái, Taipéi y Tokio.
La imagen muestra el agujero negro situado en el centro de Messier 87, una galaxia masiva del cercano cúmulo de galaxias de Virgo. Este agujero negro se encuentra a unos 54 millones de años luz de la Tierra.
Los agujeros negros, entidades celestes de una densidad extraordinaria, son extremadamente difíciles de observar pese a su gran masa. El horizonte de sucesos de un agujero negro es el punto de no retorno, más allá del cual todo —estrellas, planetas, gas, polvo y todas las formas de radiación electromagnética— es engullido hasta desaparecer.
«Este es un día enorme para la astrofísica», afirmó France Córdova, directora de la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos. «Estamos viendo lo que no se puede ver».
El hecho de que los agujeros negros no permitan que la luz escape dificulta su observación. Los científicos buscan un anillo de luz —materia alterada y radiación que giran a una velocidad tremenda en el borde del horizonte de sucesos— alrededor de una región oscura que representa el agujero negro propiamente dicho. Esto se conoce como la sombra o silueta del agujero negro.
Los investigadores del proyecto obtuvieron los primeros datos en abril de 2017 con telescopios ubicados en los estados estadounidenses de Arizona y Hawái, así como en México, Chile, España y la Antártida. Desde entonces, se han incorporado a la red mundial telescopios de Francia y Groenlandia. En la práctica, la red mundial de telescopios ha creado un plato de observación del tamaño de un planeta.

