No sabemos cómo se depreciarán los vehículos autónomos, y eso es un problema

Scrapped cars are seen in a scrapyard at the JAC Steel Waste Treatment Complex in Marsa, Malta February 28, 2019. REUTERS/Darrin Zammit Lupi - RC1D16827750
What if repair and maintenance costs and injury rates for AVs are higher than anticipated?Image: REUTERS/Darrin Zammit Lupi
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Los vehículos autónomos (VA) tendrán patrones de depreciación distintos de los de los vehículos ligeros de pasajeros actuales, y por ahora se desconocen esos patrones. La industria sabe con bastante precisión cuáles son los costos de mantenimiento y reparación de los automóviles tal como los conocemos, pero en el caso de los VA, estos factores son desconocidos. Además, no está claro cuál será el ciclo de vida de los VA.

La depreciación representa qué parte del valor de un automóvil se consume con el tiempo y cuánto valor se pierde debido a reemplazos más sofisticados. Entre los factores que afectan a la depreciación se encuentran: el número de millas recorridas, el estado del vehículo —incluidos el interior, las piezas mecánicas, el software y la carrocería—, la antigüedad del automóvil y su ubicación. El valor del vehículo se determina en el mercado de autos usados, que es un mercado local regido por las leyes clásicas de la oferta y la demanda. En el caso de los vehículos actuales, conducir más de 10.000 millas al año aumenta considerablemente la tasa de depreciación.

Se supone que los VA que operen como flota se utilizarán con mucha más intensidad que los vehículos actuales, posiblemente un 70 % frente a alrededor de un 5 % en el caso de los vehículos de propiedad privada. Aunque determinar el patrón de reemplazo de frenos, neumáticos, limpiaparabrisas y elementos similares podría ser bastante sencillo, es mucho más difícil conocer la tasa de depreciación y reemplazo de las cámaras de alta definición, el radar, LiDar, el sonar y otras piezas del conjunto tecnológico.

Las industrias del taxi y del alquiler de automóviles son una buena referencia para entender los costos de depreciación con tasas de utilización más altas, así como el tipo de desgaste que cabe esperar. Sin embargo, no hay manera de conocer con certeza el ritmo de depreciación de los componentes autónomos hasta que hayan estado en funcionamiento durante años.

Tampoco hay una buena manera de entender cómo se comportarán los VA en los accidentes. ¿Qué lesiones corporales personales o costos de reparación y mantenimiento cabe esperar? Algunos vehículos eléctricos con sistemas ADAS (de asistencia avanzada al conductor) que actualmente están en el mercado son más caros de asegurar frente a daños por colisión que incluso muchos modelos de lujo.

Los VA podrían evitar muchos de los accidentes causados por errores del conductor, pero seguirán circulando por carreteras con vehículos no autónomos y se verán involucrados en accidentes. Las tasas de accidentes podrían disminuir a medida que los VA se conviertan en la mayoría de los automóviles en circulación, pero, por desgracia, a corto plazo no podrán evitar todos los accidentes mientras siga habiendo vehículos conducidos por personas distraídas.

Por qué importa

Si resulta que los VA tienen costos más elevados de reparación y mantenimiento, y mayores tasas de lesiones corporales, el operador de la flota de VA tendrá que asumir esos costos más altos. El aumento de los costos operativos derivados del seguro y del reemplazo de la flota acabará repercutiendo en el precio que pagamos por el transporte autónomo de personas y mercancías.

Prever estos costos desconocidos será un desafío para las empresas con poca experiencia en gestionar la depreciación de activos costosos y muy utilizados, como un automóvil. Las empresas de redes de transporte no incluyen en sus balances el costo de depreciación de los automóviles de sus conductores. La mayoría de los fabricantes de automóviles no están familiarizados con la gestión de activos que se deprecian fuera de sus negocios de financiación cautiva e, incluso en esos casos, suelen calcular mal los valores residuales, en detrimento de su rentabilidad.

Estamos viendo que estos factores económicos afectan a las empresas de patinetes para micromovilidad. Los patinetes duran poco y son costosos de reemplazar, lo que pone a prueba los modelos de negocio. Muchas empresas tecnológicas que entran en el negocio de los robotaxis no tienen una larga trayectoria de propiedad de activos que valen decenas de miles de dólares y que el público general utiliza 17 horas al día, ni saben qué precio están dispuestos a pagar los pasajeros.

Además, se desconoce cómo se desecharán los VA al final de su vida útil. Hoy en día, los automóviles se desguazan, se subastan, se exportan o se desmontan para vender sus piezas valiosas. No tenemos idea de cómo será esto en el caso de los VA con sistemas de propulsión eléctricos (los componentes que generan y luego transmiten la energía a la superficie de la carretera).

Se ha debatido la posibilidad de que un vehículo autónomo sea un activo que se revaloriza en lugar de depreciarse. Pero sencillamente hay demasiadas incógnitas para poder saberlo con certeza: desde los costos del seguro, las averías de las piezas y los ciclos de reemplazo hasta la falta de desarrollo de los mercados de segunda mano y de desguace. Lo que sí sabemos con certeza es que la incertidumbre dominará durante años.

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