Las tecnologías digitales llevan tiempo transformando la economía mundial. Sin embargo, muchos países aún no han experimentado todos los beneficios que estas tecnologías pueden aportar al desarrollo, como un crecimiento inclusivo y sostenible, una mejor gobernanza y una prestación de servicios más ágil. Dada la magnitud del cambio en la ventaja competitiva que las tecnologías digitales pueden conferir a quienes las adoptan, los riesgos de adoptarlas lenta o deficientemente pueden tener consecuencias graves para las industrias, los gobiernos, las personas y las naciones. Entonces, ¿cómo pueden los responsables de las políticas aprovechar con éxito la revolución digital para impulsar el desarrollo? Esa es la motivación detrás de mi nueva publicación: Dominar la transformación digital (Emerald, 2016).
A lo largo de mi dilatada experiencia en la asistencia para el desarrollo, he visto cómo la pobreza informativa, en sus múltiples formas, ha dado lugar a la planificación y gestión de políticas sin datos, empresas desconectadas, mercados ineficientes, servicios deficientes, pérdida de autonomía, corrupción y mucho más. La revolución de las TIC en curso ha sido ignorada durante mucho tiempo en el pensamiento y la práctica del desarrollo. Los profesionales del desarrollo y los especialistas en TIC siguen trabajando por separado. Estudié las experiencias de países que impulsaban la transformación digital y recogí las principales lecciones y conclusiones en varios libros.
La transformación digital no es una solución tecnológica, un plan prefabricado, un acontecimiento aislado ni una estrategia única para todos. Es, más bien, un proceso de aprendizaje social que se mantiene a lo largo del tiempo e involucra a diversas partes interesadas. Su objetivo último es aprovechar la revolución digital mundial para atender las prioridades socioeconómicas específicas de cada país. Este proceso es una maratón, no una carrera de velocidad. Lo impulsan la visión, el liderazgo, la innovación, el aprendizaje y las alianzas entre el gobierno, las empresas y la sociedad civil.
Los tres principales desafíos de la transformación digital
Tres desafíos clave dificultan el diseño y la implementación de programas de transformación digital.
1. Las tecnologías digitales son altamente interdependientes y conforman un ecosistema dinámico que incluye infraestructura de comunicaciones, plataformas digitales, competencias para la economía digital, servicios locales de TIC e industrias de contenidos, transformación de los servicios en todos los sectores, políticas de ciberseguridad, así como instituciones de liderazgo y regulación del sector de las TIC. Para maximizar los dividendos digitales es necesario nutrir este ecosistema y aprovechar sus sinergias a escala nacional, local y sectorial.
2. El sector de las TIC necesita capacidades de liderazgo e institucionales para planificar y aplicar estrategias de transformación digital. Estas capacidades son cada vez más importantes para generar una visión compartida, movilizar un compromiso a largo plazo, integrar las oportunidades y las inversiones en TIC en las estrategias de desarrollo, armonizar las políticas complementarias sobre competencia y competencias, y establecer alianzas con la sociedad civil y el sector privado.
3. La transformación digital exige una inversión considerable en capacidades organizativas, innovación de procesos y aprendizaje institucional. Las mejores prácticas indican que cada dólar invertido en TIC debe ir acompañado de una inversión de 4 o 5 dólares en mejora de procesos, capacitación, gestión del cambio, etc.
Estos desafíos han persistido en países donde los activos complementarios y las instituciones de coordinación son débiles o inexistentes.
¿Cómo pueden los países dominar el proceso de transformación digital?
Por fortuna, en los países pioneros están surgiendo prácticas eficaces para transformar los gobiernos, los servicios, las comunidades, las ciudades y las empresas. Entre los enfoques más eficaces figuran adoptar una visión integral de las TIC y de las inversiones complementarias; movilizar la demanda de buena gobernanza y mejores servicios; y promover las alianzas público-privadas, entre otras medidas. Impulsar una sociedad de la información inclusiva supone hacer hincapié en la alfabetización digital, los contenidos locales, los intermediarios sociales y la innovación de base. Para desarrollar ciudades inteligentes se requiere adoptar un enfoque de ecosistema que fomente visiones compartidas, involucre a todas las partes interesadas y cree plataformas y comunidades para la innovación. Las medidas de política para transformar las empresas incluirían el acceso asequible a Internet y a las tecnologías digitales; las finanzas móviles; las transacciones digitales entre el gobierno y las empresas; las plataformas para facilitar el comercio y el comercio electrónico; y la capacitación y los servicios empresariales basados en Internet.
Dominar el proceso de transformación digital exige sólidas competencias gerenciales y técnicas, instituciones de liderazgo, políticas y regulaciones para una economía digital, así como una infraestructura de comunicaciones y una industria de TIC competitivas. Requiere estrategias para fortalecer las instituciones educativas y reorientarlas hacia una economía digital. Exige que las partes interesadas definan funciones claras para el gobierno, las empresas y los socios para el desarrollo, y que creen instituciones competentes para dirigir el proceso de transformación. Aborda cuestiones clave de política, como la privacidad y la ciberseguridad. Promueve una industria local de servicios de TIC que sustente un ecosistema de transformación dinámico.
Una hoja de ruta para el cambio
Sugiero que los países empiecen por abordar las siguientes preguntas para trazar su camino hacia la transformación: ¿Cómo puede un país comprometerse con una estrategia integral de transformación y mantenerla? ¿Qué medidas pueden ayudar a integrar la transformación digital en una estrategia de desarrollo? ¿Qué políticas e instituciones complementarias se necesitarán en toda la economía y en cada sector? ¿Cómo deberían los responsables de las políticas involucrar a las partes interesadas, formar coaliciones y establecer alianzas para implementar la transformación digital? ¿Qué medidas son necesarias para ampliar y garantizar la inclusión digital? ¿Qué equilibrio debería alcanzarse entre las iniciativas descendentes y las ascendentes? ¿Cómo pueden los responsables de las políticas apoyar la innovación, la experimentación, el aprendizaje, el seguimiento y la evaluación? Los países en desarrollo tienen la oportunidad de aprender de la experiencia de los países pioneros y, al mismo tiempo, diseñar políticas que respondan a sus propias necesidades y se adapten al contexto local. Países que se incorporaron más tarde, como Corea y Singapur, por ejemplo, han podido dar un salto adelante, han aprendido rápidamente y ahora se han convertido en polos de innovación por derecho propio.
Dominar el proceso de transformación digital no es tarea fácil, pero probablemente será la competencia esencial que defina el siglo XXI.
