La pandemia mostró el potencial de la IA para acelerar los avances hacia los ODS.
Tiene posibles aplicaciones en la salud, el cambio climático, la agricultura y el transporte.
Pero debemos asegurarnos de que la inteligencia artificial se utilice de manera confiable, transparente e inclusiva.
Han pasado siete años desde que los líderes mundiales se reunieron en Nueva York y acordaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para resolver grandes desafíos, como la pobreza, el hambre, la desigualdad, el cambio climático y la salud.
Sin duda, la pandemia desvió la atención de algunos de estos problemas durante los últimos dos años. Pero incluso antes de la COVID-19, la ONU advertía que los avances para alcanzar los ODS no progresaban a la velocidad ni con la escala necesarias. Será difícil alcanzarlos para 2030.
Sin embargo, sigo siendo optimista. La pandemia demostró como ninguna otra cosa el poder de trabajar en colaboración, a través de las fronteras, en beneficio de la sociedad. Concentró la atención, la financiación y las políticas en acelerar la investigación sobre la detección de virus, los tratamientos de enfermedades, las vacunas y las plataformas de fabricación.
El papel de la inteligencia artificial en la aceleración de los ODS
La comunidad mundial realizó un esfuerzo verdaderamente extraordinario para desarrollar vacunas eficaces en el plazo de un año desde la primera detección del virus, y estas y otros tratamientos han reducido drásticamente su tasa de mortalidad. Esto puede atribuirse al talento, la perseverancia y la creatividad de científicos de todo el mundo. Pero no trabajaban solos: la inteligencia artificial (IA) también desempeñó un papel clave.
La empresa estadounidense Moderna fue una de las primeras en lanzar una vacuna eficaz contra la COVID-19. Una de las razones por las que pudo lograr este avance tan rápidamente fue el uso de la IA para acelerar el desarrollo. Dave Johnson, director de Datos e Inteligencia Artificial de Moderna, explica que los algoritmos de IA y la automatización robótica les ayudaron a pasar de producir manualmente unos 30 ARNm (una molécula fundamental para la vacuna) al mes a poder producir alrededor de 1.000 al mes.
Moderna también utiliza la inteligencia artificial para ayudar a diseñar sus secuencias de ARNm. Su cofundador, Noubar Afeyan, predijo recientemente durante una visita a Imperial College London que la medicina inmunitaria experimentará «grandes avances» en los próximos años, y podemos esperar un futuro en el que la medicina sea más preventiva que reactiva.
«Si podemos detectar una enfermedad pronto y retrasarla, como mínimo, podríamos tener mucho más impacto a un costo mucho menor», afirmó. Este es un gran ejemplo de cómo la IA puede liberar tiempo para que los científicos aceleren los descubrimientos y dediquen sus esfuerzos a resolver grandes desafíos.
También vemos ejemplos de cómo la tecnología de IA impulsa mejoras en otros ámbitos de la atención sanitaria, como la detección del cáncer y la malaria. Investigadores de Google Health, DeepMind, el NHS, la Northwestern University y colegas de Imperial han diseñado y entrenado un modelo de IA para detectar el cáncer de mama en imágenes de rayos X.
Se demostró que el algoritmo informático, entrenado con mamografías de casi 29.000 mujeres, era tan eficaz como los radiólogos humanos para detectar el cáncer. En un momento en que los servicios de salud de todo el mundo están bajo presión mientras afrontan largas listas de espera de pacientes tras la pandemia, esta tecnología puede ayudar a aliviar los cuellos de botella y mejorar el tratamiento.
En el caso de la malaria, un sistema portátil de diagnóstico molecular en un laboratorio en un chip, desarrollado con IA, podría revolucionar la detección de la enfermedad en zonas remotas de África. El proyecto, dirigido por la Digital Diagnostics for Africa Network, reúne a colaboradores como MinoHealth AI Labs, en Ghana, y el Global Development Hub de Imperial College London. Esta tecnología podría ayudar a allanar el camino hacia la cobertura sanitaria universal y acercarnos al logro del ODS 3.
Hay muchos otros ejemplos de cómo los avances de la IA podrían respaldar nuestra comprensión del cambio climático (ODS 13), facilitar nuestra transición a sistemas de transporte sostenibles (ODS 11) y acelerar la tecnología agrícola para ayudar a los agricultores a acabar con la pobreza alimentaria y la malnutrición (ODS 2), además de beneficiar a muchos otros ODS.
Por ejemplo, el Alan Turing Institute, el centro nacional del Reino Unido para la ciencia de datos y la inteligencia artificial, utiliza el aprendizaje automático para comprender mejor las complejas interacciones entre el clima y el hielo marino del Ártico.
Ante el crecimiento de la población mundial, nos enfrentamos a desafíos relacionados con la demanda y la producción de alimentos: no solo cómo reducir la malnutrición, sino también el impacto en el planeta, como la deforestación, las emisiones y la pérdida de biodiversidad. Para satisfacer estas necesidades, el uso de la inteligencia artificial en la agricultura está creciendo rápidamente y permite a los agricultores aumentar la producción de cultivos, dirigir maquinaria para realizar tareas de forma autónoma e identificar infestaciones de plagas antes de que se produzcan.
La tecnología de sensores inteligentes también ayuda a los agricultores a utilizar los fertilizantes de manera más eficaz y a reducir los daños ambientales. Un proyecto de investigación prometedor, financiado por el EPSRC, Innovate UK y Cytiva, ayudará a los agricultores a optimizar el momento y la cantidad de fertilizante que aplican a sus cultivos, teniendo en cuenta factores como el clima y las condiciones del suelo. Esto reducirá los costos y los efectos perjudiciales de fertilizar el suelo en exceso.
Desarrollar sistemas de transporte sostenibles e inteligentes también será vital, ya que ciudades y países buscan reducir el impacto de la contaminación del aire y mejorar las infraestructuras. En la última década, la IA ha impulsado una revolución en el transporte y la movilidad, desde los vehículos autónomos hasta las aplicaciones para compartir viajes y planificar rutas. También se utiliza para hacer más eficientes los sistemas de transporte público, reducir la congestión del tráfico y la contaminación, y mejorar la seguridad.
A pesar de sus beneficios para la investigación y la medicina, integrar la IA en la sociedad y la innovación no siempre es fácil. Las controversias recientes sobre el reconocimiento facial, la toma de decisiones automatizada y el rastreo relacionado con la COVID han suscitado cautela y desconfianza. Debemos asegurarnos de que la IA se utilice de manera confiable, transparente e inclusiva. También debemos garantizar un enfoque colaborativo y coordinado a nivel internacional, como ocurrió durante la pandemia.
La Alianza de Acción Global sobre IA del Foro Económico Mundial reúne a más de 100 empresas líderes, gobiernos, organizaciones internacionales, organizaciones sin fines de lucro y académicos, unidos por el compromiso de maximizar los beneficios sociales de la IA y minimizar sus riesgos.
Es imperativo establecer procesos y prácticas adecuados para garantizar que la IA se desarrolle de manera positiva y ética, y que ciudadanos y gobiernos puedan adoptarla y utilizarla al máximo.
Ahora debemos trabajar juntos para garantizar que la inteligencia artificial pueda acelerar los avances en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y ayudarnos a retomar el rumbo para alcanzarlos de aquí a 2030.


