Tenemos el poder de codificar un nuevo sistema operativo para la humanidad

A girl poses at a digital installation which is a part of "Dance! Art Exhibition, Learn & Play!" by Japanese group teamLab in Taipei, Taiwan January 16, 2017. REUTERS/Tyrone Siu - RTSVOMY
Virtual reality, AI, data science - an inclusive society could be within our graspImage: REUTERS/Tyrone Siu
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Desde los primeros días de la humanidad, hemos utilizado relatos para comunicar conocimientos, formar nuestra comprensión del mundo, prescribir comportamientos e imaginar nuestro futuro. Por eso, los relatos que contamos y las identidades que construimos en torno a nuestro futuro están escribiendo literalmente el próximo sistema operativo de la humanidad.

Es a través de generaciones de relatos compartidos como los sistemas de poder y privilegio se normalizan y llegan a parecer inevitables.

En 500 años de medios de comunicación de masas, nunca hemos tenido una representación justa y equitativa de los relatos del mundo ni hemos incluido una proporción equitativa de sus habitantes en la creación de esos relatos e imágenes. La exclusión de diversos creadores de relatos del diseño de los «sistemas operativos» del pasado nos hizo vulnerables a «virus» catastróficos que corrompieron nuestros sistemas, porque silenciamos a quienes conocían los cortafuegos que podrían habernos protegido.

Existe una correlación directa entre imaginación, innovación y realización. Esto es cierto no solo para las nuevas tecnologías, sino también para los nuevos sistemas sociales y marcos de identidad. Por ejemplo, justo antes del cambio al siglo XX, seguíamos cometiendo genocidio contra los creadores de relatos indígenas en Estados Unidos, en lugar de incorporar sus valores y perspectivas al diseño de la revolución industrial o el «sistema operativo» de aquella época. Es muy posible que esa fuera la razón por la que no codificamos cortafuegos ambientales que podrían habernos protegido del cambio climático.

«… fueron 400 años de genocidio y esclavitud los que sentaron las bases de la industrialización. La industrialización, que consumió todos los recursos naturales —carbón, uranio, petróleo…—, nos condujo a la explotación corporativa multinacional, y acabamos de recibir la factura: el cambio climático». – Heather Rae, activista por los derechos indígenas y cineasta

En las últimas décadas, hemos vivido una rápida expansión de nuestra arquitectura de comunicación, que los creadores de medios han aprovechado para ofrecer al público nuevas experiencias narrativas. Ahora pueden transportar al público a entornos paralelos a escala humana, donde puede recorrer el espacio y «estar» al instante en otra parte del mundo y sacarlo de una realidad cotidiana para que tenga una experiencia a una escala no humanas. Estas nuevas tecnologías permiten al público encarnar la perspectiva de otra persona; vincular el relato con el lugar e interactuar en tiempo real a través de sus dispositivos; percibir a la humanidad a una escala macro mediante algoritmos inteligentes que esculpen belleza a partir de nuestros datos. Incluso pueden preservar una personalidad para las generaciones futuras mediante hologramas habilitados por IA y usar las características biométricas del propio público como datos de entrada para experiencias interactivas.

Image: © 2017 null WireImage

Se prevé que estos medios emergentes alcancen un valor debillones de dólares en la próxima década. Forman parte de la Cuarta Revolución Industrial, que está dando paso a cambios de gran alcance con enormes posibilidades para el avance de la civilización. Sin embargo, la historia nos enseña que las revoluciones industriales pueden traer grandes injusticias, además de grandes beneficios.

¿Por qué deberían importarles esto a los economistas y líderes empresariales? Porque repetir patrones de exclusión e injusticia en esta revolución industrial agravará la factura del cambio climático que ya nos cuesta pagar por los ciclos de innovación anteriores, y nos impedirá aprovechar plenamente nuestras nuevas capacidades para la prosperidad mundial.

«Corremos el riesgo de que cerca del 15 % de la población mundial diseñe el mundo, mediante el consumo y la creación de medios, para el otro 85 %. En primer lugar, no creo que eso sea bueno para los negocios, pero también me preocupa desde el punto de vista social. El consumo y la creación de medios son especialmente delicados, porque sí influyen en cómo entendemos y vemos el mundo».– Julie Ann Crommett, vicepresidenta de Participación de Audiencias Multiculturales, The Walt Disney Studios

Podría decirse que las tecnologías que acompañan al actual cambio de paradigma son más poderosas que las desarrolladas en revoluciones industriales anteriores. Sin embargo, ¿estamos repitiendo los mismos errores al dejar que un grupo reducido de personas decida qué valor tienen para la humanidad y al reservar los beneficios económicos de su implementación para un pequeño número de personas? ¿Qué virus surgirán como consecuencia? ¿Qué consecuencias tendrá repetir este patrón de exclusión?

Es imprescindible que incluyamos en este panorama de medios emergentes a personas de un amplio abanico de comunidades, grupos identitarios, sistemas de valores y campos del conocimiento, en todos los cargos y niveles de poder.

Esto mitigará los riesgos de la disrupción. Ahora mismo, podríamos tener una oportunidad para crear un proceso inclusivo que permita diseñar nuestro futuro. Francamente, esta vez hay demasiado en juego como para dejar que una pequeña fracción de nuestra comunidad mundial defina los valores y las características de nuestro próximo sistema operativo.

«Ahora mismo, somos incapaces de imaginar nuestro futuro. Y, en realidad, eso es lo que nos está matando.[Un proceso democratizado de imaginación] nos ayuda a superar el miedo a lo desconocido. La ciencia ficción que nos esperaba hace 30 años era emocionante. Los vídeos del futuro eran emocionantes. Y la idea del futuro estaba a nuestro alcance. Era algo que podíamos ver. Ahora, somos incapaces de imaginar el presente y lo que queremos que sea el futuro. Por alguna razón, hemos perdido la capacidad de actuar… Creo que eso también empieza a explicar mucho de lo que vemos que ocurre en la política, especialmente la ira. Me refiero a la ira en todos los bandos, no solo en uno. Creo que se debe a una falta de empatía, pero también a la incapacidad de imaginar el propio futuro o nuestro futuro colectivo.» – Julie Ann Crommett, vicepresidenta de Participación de Audiencias Multiculturales de The Walt Disney Studios

A finales del año pasado, entrevisté a Skawennati, una mujer mohawk de Canadá que también es artista de machinima y dirige talleres de diseño de videojuegos con jóvenes indígenas. Compartió su experiencia de una larga lucha por reconciliar los valores de su cultura indígena con los de la cultura tecnológica.

La primera se centra en el tiempo en familia, la comunidad, la naturaleza y un proceso a veces no analítico para generar inspiración y creatividad; la segunda, en fracasar rápido, iterar con rapidez, el retorno de la inversión y un proceso a menudo muy analítico para despertar nuevas ideas.

Durante nuestra conversación sobre los nuevos avances en inteligencia artificial, imaginamos la posibilidad de un futuro que lograra integrar verdaderamente estos sistemas de valores.

¿Y si, en lugar de limitarse a sustituir empleos y dejar a muchas personas relegadas a una clase obsoleta, la IA nos permitiera dedicar más tiempo a nuestras familias, nuestras comunidades, la filosofía y la creatividad? Diversos creadores de relatos podrían generar imaginarios compartidos de nuestro futuro, en el que la IA se utilice para incluir, en lugar de excluir.

Evaluemos este marco democratizado de imaginación a la luz de la experiencia de las revoluciones industriales pasadas.

¿Y si este proceso se hubiera puesto en marcha cuando los empleos manufactureros se trasladaron al extranjero o se automatizaron en Estados Unidos durante el siglo XX?

¿Y si se hubiera invitado a esas personas «dejadas atrás» a imaginar un futuro en el que quisieran vivir y el papel que desempeñarían en él?

¿Podría un proceso de imaginación así haber mitigado 50 años de declive económico? ¿Podría habernos ayudado a mitigar mejor las disrupciones poco éticas que vivimos?

Quizá este enfoque de transición habría permitido que aflorara una mayor diversidad de ideas y que se revelara todo el potencial de las nuevas capacidades humanas en la era de la informática. Al mismo tiempo, podría haber mitigado el profundo resentimiento generado por los enfoques de transición impuestos desde arriba o prescriptivos de aquella época.

Por desgracia, quizá no habríamos podido lograrlo en el pasado, no solo por los retos ideológicos, sino también por las limitaciones tecnológicas.

Sin embargo, ahora, por primera vez en la historia, la humanidad cuenta con las herramientas y la cultura de las redes sociales necesarias para imaginar colectivamente nuestro futuro a escala mundial.

¿Y si, en lugar de marginar a la mayoría del mundo del proceso que define nuestro futuro, utilizáramos las nuevas herramientas interactivas, la ciencia de datos, los algoritmos inteligentes y las plataformas inmersivas para incluir a un amplio abanico de personas?

¿Y si esta representación más completa de la humanidad colaborara para definir el valor y el propósito de nuestras nuevas y extraordinarias capacidades tecnológicas a través de los relatos que crea sobre el mundo en que viviremos?

¿Qué usos centrados en las personas imaginaríamos para la inteligencia artificial, la biología sintética, la supercomputación y los medios inmersivos? ¿Qué errores de nuestro sistema operativo podríamos sortear? Esta es la oportunidad que nos ofrecen los medios emergentes.

Por ejemplo, las nuevas capacidades del aprendizaje automático pueden agravar la desigualdad; o, según los sistemas de valores que incorporemos a la infraestructura de IA, pueden acabar con desigualdades como el hambre y la falta de vivienda.

También sabemos que una infraestructura sólida de aprendizaje automático exigirá una interdependencia mayor entre empresas, instituciones y gobiernos que la que exigieron las tecnologías anteriores, como lo demuestra el experimento de DeepMind con inteligencias artificiales rivales.

¿Cómo imaginaría un grupo verdaderamente diverso de narradores el funcionamiento de esta interdependencia? ¿Qué aspectos de nuestros modelos económicos tradicionales —el capitalismo individualista de libre mercado, el comunismo o el socialismo— perdurarán, cuáles dejaremos atrás y qué impacto tendrá esto en la cultura?

¿Qué marcos de identidad imaginaremos para nuestro futuro? ¿Cómo será, por ejemplo, el papel de un agricultor en el futuro?

Estas son solo algunas de las audaces preguntas que los creadores de medios podrían responder mediante relatos.

Ya tenemos pruebas de este concepto en el trabajo de iniciativas como The Detroit Narrative Agency, que está cambiando el futuro posible de Detroit al apoyar a miembros de la comunidad que rescatan y crean relatos para reorientar la narrativa general de la ciudad hacia el valor de la justicia.

La Agencia utiliza la ciencia ficción, el futurismo y relatos de sanación para abordar los complejos de inferioridad creados por la representación sesgada en los medios y otros factores del pasado, al tiempo que impulsa la innovación.

El Illustrating the Future Imaginary es otro ejemplo en Canadá. El programa invita a artistas indígenas a adentrarse en el territorio de la ciencia ficción y a ilustrarse a sí mismos o a sus comunidades dentro de siete, 10 o 20 generaciones. Incluso anima a los jóvenes a experimentar con la creación de nuevos lenguajes informáticos inspirados en las culturas indígenas, en solidaridad con el movimiento para recuperar las lenguas indígenas perdidas.

El Iyapo Repository, en Brooklyn, Nueva York, crea en colaboración una biblioteca de recursos que alberga una colección de artefactos digitales y físicos concebidos para afirmar y proyectar el futuro de las personas de ascendencia africana.

The World Building Institute (WBI) estableció un proceso que permitió a comunidades de zonas económicamente deprimidas de Estados Unidos, Oriente Medio y África construir una visión de sí mismas a 20 o 50 años. Después, mediante medios inmersivos, diseño interactivo y técnicas narrativas, el WBI ayuda a la comunidad a crear medios que representen su visión compartida.

Gracias a este proyecto, estas comunidades han podido introducir innovaciones prácticas y desarrollar infraestructuras que abren vías hacia la prosperidad económica. Entre los ejemplos figuran la creación de nuevos sistemas de gestión del agua para zonas afectadas por la sequía y de nuevos sistemas de transporte de agua para zonas inundadas.

La iniciativa JustFilms de la Fundación Ford, que encargó esta investigación, también apoya algunos de estos modelos y se pregunta cómo podría ser una práctica participativa e inclusiva de narración audiovisual en los medios emergentes; una práctica que, según Cara Mertes, directora de JustFilms, «sitúe en el centro la creatividad, la imaginación y las narrativas de quienes están más cerca de la experiencia de exclusión y marginación».

En el pasado, ejercimos un poder inmenso y nos precipitamos hacia un «avance» exponencial, mientras provocábamos numerosas atrocidades intencionadas y no intencionadas.

Crear un sistema de inclusión a través de los medios emergentes que permita a personas diversas escribir el código de este próximo sistema operativo es fundamental para mitigar nuestros puntos ciegos y optimizar nuestro futuro.

Por primera vez en la historia, contamos con las herramientas y las culturas sociales conectadas para catalizar la participación en la imaginación a escala hiperlocal y mundial.

También llevamos décadas desarrollando mundos narrativos capaces de expresar con gran fidelidad nuestro imaginario compartido, a la vez que permiten a las personas contribuir y abrirse camino hacia el futuro.

Con las acciones estratégicas adecuadas, quizá podamos lograr algo que aún no se ha conseguido en nuestros 500 años de historia de los medios de comunicación de masas: crear una nueva realidad en la que la justicia y la igualdad sean verdaderamente valores centrales.

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