Tranquilos: los robots empáticos les harán la vida mucho más fácil

Rana El Kaliouby foresees a world where emotion-enabled artificial intelligence enhances our humanity.Image: Andy Kelly
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Es el año 2030. La inteligencia artificial se ha generalizado. Es inteligente desde el punto de vista cognitivo, capaz de realizar tareas complejas y hasta de aprender por sí sola. También es emocionalmente inteligente: reconoce nuestros estados mentales, sociales y emocionales más sutiles, y conoce a fondo nuestros estados de ánimo y preferencias.

Nuestros dispositivos, vehículos, aparatos domésticos conectados y dispositivos inteligentes ponibles llevan integrado un chip emocional que detecta nuestro estado de ánimo a través de la voz y los gestos. Ahora interactuamos con la tecnología como lo hacemos entre nosotros: mediante la conversación, la percepción y las emociones.

Al contrario de lo que predijeron en su día los escépticos de la IA, toda esta inteligencia artificial dotada de emociones ha reforzado nuestra humanidad y la empatía mutua. Y no, no nos hemos quedado todos sin trabajo. De hecho, han surgido nuevas industrias. Ahora hay más trabajo que nunca y más problemas que resolver.

Pongamos como ejemplo a mi hija: Jana acaba de cumplir 30 años y es socia de Nemit, una empresa de impacto social que aprovecha el potencial de la IA empática para ofrecer a personas de todo el mundo igualdad de acceso a la educación y la atención sanitaria. Nemit emplea a 1.500 personas en 58 países. La empresa aplica la IA emocional y analiza los perfiles de datos emocionales de las personas para personalizar las experiencias educativas y hacer un seguimiento de su bienestar mental y emocional, evitando crisis de salud antes de que se produzcan.

Hoy en día, Jana vive en Londres. De hecho, acaba de aterrizar en Heathrow tras un vuelo nocturno. A partir de diversas señales visuales y vocales, su asistente virtual Zee percibe que está agotada. Zee conoce a Jana desde que era adolescente y ahora la acompaña a todas partes, funcionando en los distintos dispositivos de Jana y conociendo todo el contexto de sus actividades diarias, estados de ánimo y recuerdos. Zee le sugiere que tiene una agenda demasiado apretada para ese día y se ofrece a quitar algunas reuniones de su calendario. También se pone en contacto con mi asistente virtual para avisarme de que mi hija ha aterrizado sin contratiempos.

Zee también sabe que debe mantener la cita con Liam, viejo amigo de Jana de la escuela y director de Operaciones Globales de Nemit. Como persona dentro del espectro autista, Liam no siempre lo tuvo fácil. La secundaria fue una experiencia muy difícil, pues las interacciones sociales le resultaban agotadoras. Aunque era muy inteligente, a menudo se sentía solo e incluso sufría acoso debido a sus dificultades sociales. Pero ahora lleva gafas que reconocen las emociones y amplían su comprensión social y emocional al traducir las expresiones faciales y vocales de las personas en cifras y puntuaciones de probabilidad.

La empatía está en el centro de la empresa de Jana. La compañía aplica los últimos avances en IA emocional para medir y fomentar la empatía entre su equipo y sus socios de todo el mundo. Un panel de control sigue el pulso emocional de su equipo y señala que los niveles de ansiedad del equipo de Jordania están muy por encima de su valor habitual. Zee ya se ocupa de ello y programa un viaje a Amán lo antes posible.

Además de garantizar que las personas de todo el mundo tengan acceso a servicios de salud mental, los asistentes digitales virtuales pueden actuar como compañeros de aprendizaje. Gracias a su conocimiento de lo que te motiva e inspira, pueden ayudarte a estudiar y aprender. De este modo, la IA podría contribuir a igualar las oportunidades educativas y a reducir las brechas socioeconómicas en todo el mundo.

Pero donde hay beneficios también hay disrupción: la IA ha automatizado muchas tareas, lo que ha provocado la eliminación de algunos puestos de trabajo. También han surgido nuevos empleos: ingenieros que entrenan, evalúan y operan estos sistemas de IA. Los camioneros, que antes temían perder su trabajo por culpa de la nueva tecnología, ahora conducen cada uno 100 camiones autónomos desde la comodidad de su sala de estar. Han aparecido nuevos tipos de empresas de consultoría, muchas de las cuales ofrecen cursos de formación sobre cómo trabajar junto a robots. También hay nuevas oportunidades para especialistas en ética de la IA y defensores de la justicia social, en una sociedad a la que le importa que la IA se utilice de forma ética.

En 2030, la inteligencia emocional artificial ha transformado no solo nuestra forma de interactuar con la tecnología, sino, más aún, la manera en que los seres humanos interactuamos entre nosotros. La empatía vuelve a ocupar un lugar central en nuestra forma de conectar y comunicarnos. En efecto, son las empresas y las personas que trabajan para incorporar una dimensión empática a sus interacciones con los demás, en lugar de centrarse en la eficiencia o los resultados económicos, quienes están dando forma al futuro.

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