Al igual que la vida en la Tierra, el mundo laboral ha ido cambiando a lo largo de los siglos. La mayoría de las veces, el cambio es tan pequeño, gradual y lento que no nos damos cuenta hasta que adquiere una forma que podemos captar y empezamos a «ver» la evolución.
Pero, de vez en cuando, aparece de repente en este panorama una «explosión cámbrica» —un período geológico relativamente breve durante el cual surgió rápidamente una gran diversidad de nuevas formas de vida— que exige nuestra atención y, más aún, nuestro ingenio para adaptarnos. La llegada de las herramientas de metal, el descubrimiento de la electricidad, la difusión de máquinas que industrializaron el trabajo y el avance de la informática: cada uno de estos saltos nos ha exigido adaptarnos como trabajadores, aprender cosas nuevas, adoptar nuevas formas de ser productivos y cosechar sus frutos.
Hoy estamos al borde de otro cambio drástico: la llegada de la inteligencia artificial (IA), máquinas controladas por software que han aprendido a procesar información no estructurada de manera significativa, algo que hasta hace poco imaginábamos que era exclusivo de los seres humanos. Pensemos en lo imposible que parecía, hace apenas una década, que los coches autónomos pudieran circular de forma segura junto a personas impredecibles por las sinuosas calles de nuestras ciudades. Hoy, la expansión de la IA apenas nos sorprende, hasta el punto de que nos estamos acostumbrando cada vez más a tiendas sin dependientes, aulas sin tutores, operaciones bursátiles sin agentes bancarios e incluso cirugías sin médicos.

Entonces, como empresas y organizaciones, ¿qué hacemos ahora con nuestro personal? ¿Qué necesitamos aprender y enseñar para dotar a nuestra gente de las habilidades necesarias para seguir siendo relevante en un mundo en el que la IA acaba de dar paso a otra explosión cámbrica?
No hay respuestas fáciles. Pero quienes saben adaptarse con agilidad tienen un plan.
Atender la brecha de habilidades
Para prepararnos para el futuro, es evidente que, como organizaciones, debemos examinar las áreas emergentes de la IA y otras tecnologías avanzadas que pueden crear ventajas competitivas y generar valor. Y esto debe analizarse en contextos individuales específicos, para que podamos crear nuestro propio marco con el que evaluar en qué habilidades debemos dejar de invertir y en cuáles necesitamos reforzar y profundizar nuestros conocimientos. Lo ideal es complementarlo con un modelo de previsión de habilidades que genere una estimación de la dinámica de la oferta y la demanda para cada habilidad, lo que puede ayudar a preparar un plan de talento y, después, a decidir si conviene desarrollar o contratar cada habilidad.
Fomentar generalistas expertos
Como cultura, debemos acoger, valorar y recompensar a los generalistas expertos para que aumente su presencia en nuestra fuerza laboral. Son personas que estudian una amplia variedad de campos y luego aplican esos conocimientos en múltiples áreas de especialización. Son muy capacitables, se ofrecen para asumir proyectos diversos y exigentes, encuentran conexiones entre conceptos aparentemente inconexos y sienten curiosidad y apertura ante nuevas experiencias y territorios inexplorados. Si antes la fuerza laboral se caracterizaba por la profundidad de conocimientos en un área y una amplia base de conocimientos —el perfil en forma de T—, en el futuro deberá estar liderada por estos generalistas expertos, cuyo perfil se asemeja más a un peine: una amplia base de intereses junto con varias áreas de especialización.
Añadir más dientes a esos peines
Para ayudar a la fuerza laboral a evolucionar de un perfil en forma de T a uno en forma de peine, debemos crear itinerarios de aprendizaje estructurados y recompensar los avances en ellos. Las habilidades relacionadas con el aprendizaje deben convertirse en un criterio necesario para progresar profesionalmente, y los niveles de habilidad deben medirse activamente en función del impacto generado. La opinión de los clientes, el reconocimiento del sector, las patentes, los artículos de investigación, la capacidad de formar a otras personas y los ejemplos demostrables de intercambio de ideas entre disciplinas son buenos indicadores de competencia.
Integrar el aprendizaje en el trabajo
Muchas habilidades emergentes de gran valor no se pueden enseñar fácilmente en un aula, y mucho menos en línea. Es probable que funcione mejor integrar el aprendizaje en todos los procesos y animar a los empleados a compartir lo aprendido; podemos concebirlo como la creación de un «banco de aprendizaje» elaborado colectivamente por la fuerza laboral. Así, el aprendizaje puede ser autodirigido, breve y continuo. Los cursos en línea masivos y abiertos (MOOC) y los recursos educativos abiertos son herramientas poderosas que pueden contribuir a este proceso. Combinados con proyectos de prácticas y oportunidades para observar el trabajo de otras personas, permiten poner a prueba las nuevas habilidades de manera práctica.
Que sigan avanzando
La movilidad del talento acelera enormemente el desarrollo de habilidades. Necesitamos crear programas, sistemas de apoyo, recompensas y herramientas que ayuden a las personas a cambiar de puesto dentro de nuestro ecosistema. Algunos primeros pasos pueden ser tan sencillos como:
- Abrir primero todas las vacantes al talento interno
- Recompensar a los gerentes que cubran sus necesidades de contratación con talento interno y mediante la «recapacitación»
- Reconocer a los empleados cuando sobresalgan en puestos de carácter transversal
La explosión cámbrica fue un período de 56 millones de años durante el cual se produjo un crecimiento sin precedentes en la aparición de nuevas especies. Una posible explicación de que ocurriera es la evolución del ojo. La capacidad de detectar una oportunidad —y de ver venir el peligro— pudo haber sido la causa de esta explosión de nuevas formas de vida.
Todos tenemos la capacidad de ver y triunfar. Y el aprendizaje —continuo y profundo— puede ayudarnos a mirar más allá de nuestro presente y abrir camino hacia un mañana en el que seguir siendo relevantes nos dará un mayor sentido de propósito.


