El potencial de la inteligencia artificial (IA) depende de datos de alta calidad y de primer orden.
Los sensores avanzados permiten a los robots extraer conjuntos de datos masivos y de alta resolución, que constituyen la base de una IA eficaz.
Las empresas deben avanzar hacia la innovación en tecnologías que generen los datos de primer orden necesarios para impulsar soluciones inteligentes.
El año pasado, la IA dominó las conversaciones en todo el mundo, destacándose la presencia de Sam Altman, de OpenAI, en el escenario de la Reunión Anual de 2024 en Davos (Suiza), donde abordó el tema: «La tecnología en un mundo turbulento».
Para muchos, el repentino auge de la IA resultó similar a una invasión extraterrestre. Aunque se reconocía ampliamente que esta nueva tecnología transformaría el panorama tecnológico, desde los consejos de administración de Silicon Valley hasta los pasillos gubernamentales, no estaba claro cómo, cuándo ni qué aspecto tendría este nuevo mundo.
Mientras las mayores empresas del mundo recurren a la tecnología y el 47.º presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se rodea de tecnólogos, entre ellos Elon Musk, David Sacks y Marc Andreessen, vamos a asistir a un enfoque completamente nuevo en la innovación. Ello incluye aprovechar el poder de la IA.
Lea la letra pequeña
Aunque el sector cuenta con una gran variedad de talento y avances emocionantes, esta promesa de la IA se ve cada vez más socavada por un defecto fundamental: los resultados están supeditados a los datos disponibles.
Recientemente hablé con el director ejecutivo de una empresa de la lista Fortune 500, que describió una experiencia común: a diario, las compañías de IA le presentan propuestas, cada una prometiendo revolucionar su negocio, pero todas topan con el mismo obstáculo. Al final de cada presentación aparece un asterisco fundamental: el requisito de contar con datos.
En lo que respecta al mundo construido y a las infraestructuras que utilizamos a diario, los datos existentes o no existen o son limitados y de mala calidad. Esto se debe a que suelen recopilarlos lo que yo denomino «Joe en una cuerda», es decir, una persona, a menudo colgada en una posición precaria, que toma lecturas individuales a mano cada pocos metros.
Este proceso manual es propenso al error humano y a las inconsistencias, pues depende de que las personas mantengan un posicionamiento preciso y realicen mediciones idénticas de forma repetida, a menudo en condiciones difíciles.
Por ello, cuando las empresas de IA prometen soluciones pero exigen datos existentes, se entiende por qué no cumplen. Las compañías no disponen del nivel de datos que permite que la IA funcione.
De átomos a bits
Los datos de primer orden son fundamentales para el éxito de las aplicaciones de IA, razón por la cual Gecko Robotics, por ejemplo, entró en este ámbito para desarrollar sistemas robóticos capaces de recopilar datos completos y de alta resolución en entornos difíciles.
Los avances en robótica nos permiten ahora acceder y recopilar datos de zonas inaccesibles para los seres humanos, como el interior de instalaciones industriales o el funcionamiento interno de una central eléctrica.
En pocas palabras, los robots equipados con distintos sensores convierten el mundo físico de los átomos en bits. Pueden recopilar millones de puntos de datos sobre una estructura, elaborar mapas digitales de las estructuras y, después, llevar a cabo acciones a distancia mediante robots móviles.
Al digitalizar estos átomos, el software de IA puede utilizarse para identificar defectos, predecir fallos y optimizar la eficiencia. Los robots son los mineros, y los datos que recopilamos son oro digital.
El futuro pertenece a las empresas capaces de aprovechar el poder de los datos de primer orden.
Jake Loosararian, consejero delegado y cofundador de Gecko Robotics
Un problema para el mundo del software
Los datos de primer orden no se limitan a alimentar la IA en el mundo construido, sino que se aplican a todos los sectores. De hecho, en los próximos cinco años, las empresas que no tengan acceso a capas de datos de primer orden para fundamentar sus ofertas de software tendrán dificultades para competir con quienes sí lo tengan.
La era de las soluciones de software genéricas, basadas en suposiciones y datos limitados, llega a su fin. El futuro pertenece a las empresas que sepan aprovechar el poder de los datos de primer orden para desarrollar soluciones inteligentes y a medida, que respondan de verdad a los desafíos particulares de sus clientes.
Para lograrlo, debemos pasar del consumo de datos a su creación. En lugar de depender de conjuntos de datos existentes que pueden estar incompletos o sesgados, debemos invertir en tecnologías innovadoras capaces de generar datos de primer orden de alta calidad.
Al adoptar este enfoque centrado en los datos, podremos desbloquear todo el potencial de la IA e impulsar la innovación en todos los sectores. Podemos crear ciudades más inteligentes, mejorar los resultados de la atención sanitaria, optimizar las cadenas de suministro y desarrollar soluciones más sostenibles para el futuro.
Debemos poner fin a estar «supeditados a los datos disponibles» y salir a recopilarlos.


