¿Cómo puede la IA potenciar la acción humana en lugar de dictarla? Este experto lo explica

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  • La IA fue un tema central de debate en la Reunión Anual de los Consejos del Futuro Global del Foro Económico Mundial en Dubái.

  • En una sesión pública, el profesor Erik Brynjolfsson detalló cómo la tecnología está afectando a la economía mundial.

  • Brynjolfsson pidió mayores inversiones para comprender mejor las implicaciones más amplias de esta transformación tecnológica en materia de políticas.

¿Pueden las máquinas imitar a los seres humanos? Alan Turing, el célebre matemático e informático británico, planteó esta pregunta en 1950, diseñando un experimento para explorar la idea de cómo y si las máquinas pueden pensar. Es una cuestión que, casi 70 años después, sigue fascinando a la humanidad y que se ha vinculado inseparablemente con quizá la más conocida de las tecnologías emergentes: la inteligencia artificial (IA).

La IA, y la necesidad de movilizarla como herramienta y recurso, fue el eje de una reciente sesión de la Reunión Anual de los Consejos del Futuro Global (AMGFC) en Dubái, impartida por el profesor Erik Brynjolfsson, al inicio de la cual sugirió que la tecnología –en concreto, la invención de la máquina de vapor– es lo más importante que le ha ocurrido a la humanidad.

Hasta la Revolución Industrial del siglo XIX, la persona promedio vivía cerca del nivel de subsistencia, como había ocurrido con todas las generaciones anteriores. Una vez inventada la tecnología para aprovechar la conversión del agua en vapor y, con ella, esta energía, el PIB per cápita se disparó. Hoy disfrutamos de un PIB per cápita 50 veces mayor que el de nuestros antepasados anteriores a la Revolución Industrial.

Brynjolfsson razonó que la IA ofrece la misma oportunidad transformadora porque presenta las mismas tres características que la máquina de vapor: es omnipresente, puede mejorar con el tiempo y dará lugar a innovaciones complementarias. En esencia, impulsará un arco de mejora.

Hemos entrado en una era en la que la IA –como el agua convertida en energía– está cruzando un umbral. Realiza cada vez más tareas casi tan bien como los humanos y, en algunos casos, mejor. La IA, al parecer, puede imitar a los humanos.

Esto genera una vorágine de desafíos y oportunidades, además de plantear multitud de preguntas. Un punto de partida básico, aunque fundamental, es si, dado que la IA puede realizar las mismas tareas que los humanos, esto significa el fin del trabajo. Brynjolfsson sugirió que la IA transformará el trabajo, pero, en su opinión, no existe un único empleo que la IA vaya a asumir, aunque tampoco habrá ningún empleo en el que no tenga efecto, porque lo que se automatiza es la tarea y no el empleo.

Tomando como ejemplo a un radiólogo, Brynjolfsson explicó que este puesto se ha desglosado en 27 tareas, algunas de las cuales –como el diagnóstico– la IA demuestra hacer mejor, mientras que otras –como administrar sedación– son claramente preferibles para un humano.

Este es solo un tipo de puesto, y lo que Brynjolfsson sugirió es la necesidad de un enfoque sistemático para abordar la mejor manera de gestionar la transformación de los empleos y el trabajo, y aprovechar la oportunidad –en términos de avances en áreas como la productividad y la eficiencia– que supone el papel de la IA en ello.

Defendió la necesidad de que los altos directivos y los responsables de políticas apliquen un análisis basado en tareas, siguiendo un enfoque doble: por un lado, elaborar primero un plan que identifique y asigne un valor a cada tarea de cada puesto y, por otro, identificar oportunidades y hacer seguimiento de los avances mediante indicadores clave de rendimiento (KPI) claros que no dependan de métricas antiguas. En su lugar, indicadores como la satisfacción del cliente y la rotación de empleados ayudarán a revelar las áreas en las que la IA puede aportar un valor empresarial y económico real.

Argumentó que esto también acortará el tiempo que transcurre desde la invención de la tecnología hasta la obtención de una mayor productividad, lo que a su vez impulsará el PIB, así como los beneficios medioambientales y sanitarios, hasta ahora no medidos.

Volviendo a la prueba de Turing, ¿deberíamos preguntarnos hoy si queremos que las máquinas imiten o piensen como los humanos? Para Brynjolfsson, una línea de investigación más adecuada consiste en identificar dónde la IA puede potenciar lo que hacen los humanos, utilizando esta tecnología como herramienta para mejorar un trabajo –ya sea con más eficiencia, con mayor calidad o de forma más creativa– en lugar de sustituirlo.

La transformación es una palabra de moda y, para Brynjolfsson, caracteriza los próximos cinco a diez años. No se trata de una transformación cualquiera, sino de la mayor que la humanidad haya presenciado jamás. Inicialmente, sostuvo Brynjolfsson, veremos un descenso del crecimiento.

Lo comparó con una curva en J, en la que se produce una desaceleración de la productividad mientras las empresas desarrollan nuevos productos, reciclan profesionalmente a su plantilla y crean activos intangibles que no pueden medirse, pero que favorecen el despegue del crecimiento una vez establecidos. Este periodo puede resultar desalentador, pero ha sido un patrón habitual durante la introducción de otras tecnologías, y Brynjolfsson sostuvo que ya es evidente con la IA.

También sugirió que nos enfrentamos a una década peligrosa porque, en términos de estructura organizativa, instituciones, legislación y comprensión económica, no estamos adquiriendo con suficiente rapidez una comprensión de la dinámica cambiante.

Lo que queremos evitar es el uso de tecnologías como la IA para centralizar la toma de decisiones y el poder. Por el contrario, lo que se requiere es una mayor inversión en áreas como la economía, el derecho y la sociología, para comprender mejor las implicaciones más amplias de esta transformación tecnológica en materia de políticas. Solo si se toman las decisiones correctas podremos aspirar a materializar la promesa de los beneficios a gran escala para el planeta y la humanidad que ofrece la tecnología.

Para Brynjolfsson no existe un único futuro inevitable. Por el contrario, la forma en que se configure nuestro futuro depende de las decisiones que tomemos ahora. La IA es una herramienta poderosa que ofrece una oportunidad apasionante para introducir cambios considerables en el mundo. Para tomar las decisiones correctas, sostuvo Brynjolfsso, debemos centrarnos en nuestros valores y objetivos, y orientar el desarrollo de la IA para cumplirlos.

En definitiva, lo que no queremos es lo que Brynjolfsso describió como la trampa de Turing: encontrarnos en una situación en la que las máquinas imiten a la perfección lo que hacemos. Por el contrario, como seres humanos, debemos aprovechar nuestras fortalezas y utilizar la IA para potenciar nuestro mundo, no para dictarlo.

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