¿Puede haber equidad creativa en la era de la IA?

Man playing guitar: Creative platforms should be universally accessible ensuring that the benefits of machine creativity are equitably distributed – creative equity.
Creative platforms should be universally accessible ensuring that the benefits of machine creativity are equitably distributed – creative equity.Image: Unsplash/Jefferson Santos
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  • Tanto la creatividad humana como la de las máquinas —por medio de la inteligencia artificial (IA)— se inspiran en el mundo que las rodea y aprenden de él, pero las máquinas afrontan más desafíos legales cuando se las «entrena» con contenido protegido por derechos de autor.

  • Los marcos jurídicos vigentes se diseñaron en torno a la creatividad humana, pero las capacidades de las máquinas los están poniendo a prueba, lo que hace necesario reevaluarlos para dar cabida a la creatividad de las máquinas sin menoscabar el valor humano.

  • Las plataformas creativas deben ser accesibles para todos, a fin de garantizar que los beneficios de la creatividad de las máquinas se distribuyan equitativamente —equidad creativa— y que el futuro digital sea inclusivo.

¿Estamos obstaculizando el progreso al impedir que las máquinas se inspiren en nuestro mundo?

Cobrar a una entidad —orgánica o basada en silicio— por experimentar y aprender del hermoso mundo que nos rodea parece injusto. Sin embargo, hay una gran polémica porque los desarrolladores de modelos de inteligencia artificial (IA) los han «entrenado» con contenido existente. Los críticos sostienen que los desarrolladores no compensan a quienes crean el contenido que conforma los datos de entrenamiento. A esto se suma que gran parte de ese contenido está protegido por derechos de autor.

En la IA, el «entrenamiento» consiste en enseñar a los modelos de IA a comprender, interpretar y generar predicciones basadas en datos. Así es como los modelos de IA y las máquinas, en un sentido más amplio, experimentan nuestro mundo.

En el caso de los seres humanos, todo lo que experimentamos influye enormemente en cómo creamos cosas nuevas. La inspiración surge de una gran variedad de cosas, personas y experiencias de la vida, pero no se espera que paguemos por cada interacción o momento de ingenio. Hacerlo debilitaría el proceso creativo.

Si la inspiración tuviera un precio

Pensemos en cualquier persona creativa; por ejemplo, el músico Ed Sheeran. Su exposición a artistas diversos y la inspiración que ha encontrado en ellos —desde Damian Rice hasta Eminem— a lo largo de su vida han dado forma al estilo musical único que lo ha convertido, con múltiples premios, en uno de los músicos más exitosos e influyentes del mundo.

¿Y si Sheeran solo pudiera actuar después de pagar a todas las personas que lo inspiraron y de quienes aprendió? Tras enfrentarse a una demanda por su canción «Thinking Out Loud», debido a su presunta similitud con una obra de Marvin Gaye, se determinó que Sheeran no era responsable. Un artículo de opinión de The Washington Post describió la demanda como «una amenaza para la civilización occidental» y la comparó con exigir a un pintor que pague por usar el color rojo porque alguien llegó primero.

Imaginemos que ningún artista, escritor o actor pudiera empezar a crear sin compensar antes a todas las personas que lo inspiraron, o que la inspiración tuviera un precio. Crear algo nuevo sería un lujo al alcance únicamente de los ricos. ¿Cómo cambiaría eso nuestro mundo?

En el caso de las máquinas, este escenario no es hipotético: es nuestra realidad. Numerosas empresas de IA afrontan demandas por entrenar sus modelos con contenido protegido por derechos de autor. Por ejemplo, The The New York Times demandó a OpenAI y Microsoft, alegando que sus herramientas de IA utilizan su contenido sin permiso. Getty Images demandó a Stability AI, creadora de Stable Diffusion, alegando que utilizó su biblioteca de imágenes protegida por derechos de autor para entrenar el modelo Stable Diffusion.

¿Uso legítimo?

En su defensa, los desarrolladores de IA sostienen que entrenar la IA con contenido de la web constituye un «uso legítimo», una disposición legal que permite utilizar material protegido por derechos de autor sin permiso en determinadas circunstancias.

¿Son estas demandas realmente tan distintas del caso de Sheeran? Si no lo son, algunos podrían considerar que estas demandas contra la IA amenazan nuestra civilización futura, y ha llegado el momento de preguntarnos si deberíamos tratar a las máquinas como a los seres humanos.

Dado el rápido ritmo de desarrollo de la IA en los últimos años, liberar la creatividad de las máquinas podría dar lugar a avances sin precedentes. Por ejemplo, permitiría predecir con precisión los cambios medioambientales, desarrollar medicamentos y tratamientos, o crear algoritmos que compongan música o produzcan obras de arte capaces de conectar de nuevas formas con las emociones humanas. Pero ¿qué significaría eso para el mercado laboral, la sociedad y nuestro sentido general del valor y el propósito?

Puede que aún falte mucho para que las entidades basadas en silicio sustituyan a los seres humanos. Sin embargo, podemos empezar a pensar en las mejores maneras de permitir que las máquinas aprendan de nuestro mundo sin frenar la innovación y de dejar que la creatividad y la innovación prosperen sin trabas, tanto en las personas como en las máquinas.

A medida que empecemos a compartir el mundo creativo con las máquinas, garantizar que todo el mundo pueda acceder a lo que estas producen será fundamental para fomentar un futuro digital inclusivo.

Faisal Kazim, director del Centro de los Emiratos Árabes Unidos para la Cuarta Revolución Industrial y de Prospectiva de Futuro de Dubai Future Foundation

Las raíces de la creatividad

El marco jurídico actual se diseñó para un mundo en el que la creatividad humana era la única fuente de producción artística e intelectual, y las capacidades de las máquinas lo están llevando al límite. Las recientes batallas legales son sintomáticas de un problema más amplio relacionado con la naturaleza de la creatividad, la propiedad y la inspiración. Hasta que afrontemos este problema, continuarán las posturas polarizadas y las demandas a gran escala.

Es necesario entablar diálogos entre múltiples partes interesadas —titulares de derechos de autor, desarrolladores de IA, expertos jurídicos, responsables de políticas y representantes de la ciudadanía— para replantear los marcos jurídicos y éticos y dar cabida a la creatividad de las máquinas, preservando al mismo tiempo el propósito y el valor humanos.

Además, a medida que empecemos a compartir el mundo creativo con las máquinas, garantizar que todo el mundo pueda acceder a lo que estas producen será fundamental para fomentar un futuro digital inclusivo y abrir camino a talentos emergentes de todos los rincones del mundo. Así se garantizará que los beneficios de las máquinas se distribuyan equitativamente.

Por tanto, debemos crear un entorno en el que las plataformas creativas sean accesibles para todos y favorezcan la aparición de talento, sin importar las barreras geográficas y socioeconómicas.

Las opiniones expresadas son las del autor y no representan necesariamente las opiniones del Centro de los Emiratos Árabes Unidos para la Cuarta Revolución Industrial ni de Dubai Future Foundation, salvo que se indique lo contrario.

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