Los deepfakes y otras tecnologías basadas en IA están ayudando a los ladrones de identidad a desarrollar estafas cada vez más sofisticadas.
Tanto las personas como las organizaciones corren riesgo de sufrir fraudes basados en la identidad, ya sea una empresa que contrata a distancia o una persona que realiza una transferencia bancaria.
La tecnología biométrica proporciona una forma de verificar identidades y también se está volviendo más sofisticada: va más allá de las huellas dactilares y el reconocimiento facial para ayudar a personas y organizaciones a determinar si la identidad que se verifica pertenece siquiera a una persona real y viva.
¿Cómo se sabe si alguien es realmente quien dice ser? Lo que antes era una pregunta sencilla se ha vuelto mucho más complicado recientemente, dado el auge de los deepfakes y otras tecnologías basadas en IA. Hoy en día, ni siquiera se trata solo de si alguien es quien dice ser, sino de si existe siquiera una persona real detrás de la «identidad».
Celebridades y otras figuras públicas no son las únicas contra las que puede utilizarse esta tecnología; las identidades falsas pueden emplearse para estafar a cualquiera. Más de la mitad de los encuestados (52 %) en un estudio reciente de Northeastern University afirmó que no podía distinguir entre textos e imágenes creados por humanos y los creados por IA.
Todos deberíamos ser conscientes del potencial de este tipo de fraude, a medida que el mundo se vuelve cada vez más digital y más de nuestras interacciones diarias tienen lugar en línea. Dado que demostrar la identidad es ahora más importante, pero también más difícil, que nunca, los líderes del sector deben determinar cómo sus organizaciones pueden afrontar este desafío. La tecnología biométrica ofrece grandes esperanzas.
Los embaucadores son cada vez más astutos con los deepfakes
Desde las transacciones financieras hasta las citas, desde la contratación hasta la sanidad, la identidad digital se ha convertido en la piedra angular de muchas de nuestras interacciones diarias. Las organizaciones deben poder demostrar que alguien es realmente quien dice ser, ya sea que estén entrevistando a un posible candidato a un empleo o autorizando una transferencia de dinero.
Las personas también necesitan la garantía de que las organizaciones a las que confían su información sensible la protegerán. Quieren saber que están realizando la debida diligencia para asegurarse de que, cuando alguien solicita una transferencia bancaria desde su cuenta, se trata de una solicitud legítima de una persona real.
Abundan los ejemplos de lo que puede salir mal. El audio o el vídeo deepfake de una persona de confianza dentro de una empresa puede utilizarse para engañar a las víctimas para que entreguen credenciales o información empresarial sensible. Las identidades falsas pueden utilizarse para ayudar a los estafadores a solicitar y obtener puestos de trabajo a distancia y, después, robar información sensible de clientes o de la empresa.
Los delincuentes también han ideado estafas de ingeniería social, que explotan la confianza de una persona para obtener dinero o información confidencial. Por ejemplo, podría recibir un correo electrónico que solicita dinero y que parece proceder de una organización legítima con la que suele realizar transacciones, como su banco o su compañía de seguros.
Este tipo de fraude también puede llevarse a cabo a través de las redes sociales. Recientemente, las estafas en Discord y Twitter pretendían provocar emociones intensas como la vergüenza o el miedo para que los usuarios entregaran los datos de inicio de sesión de sus cuentas de redes sociales. Los actores malintencionados pueden utilizar después esas credenciales para hacerse pasar por las personas y acceder a las tarjetas de crédito y las cuentas bancarias asociadas a ellas, entre otras cosas.
Y eso es solo lo que los atacantes han ideado hasta ahora.
Los líderes del sector deben tener un mayor control sobre esta situación. Esto implica crear estrategias sólidas de verificación de identidad para asegurar que hay una persona real detrás de un proceso y demostrar que dicha persona es quien afirma ser. La verificación de identidad no solo es lo correcto; también suele ser un requisito legal. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE incluye, por ejemplo, la verificación de identidad entre sus requisitos.
Esto no solo afecta al sector privado; también se aplica a los servicios públicos. Los ciudadanos tienen derecho a acceder a los servicios esenciales de sus gobiernos, pero, para ello, estos proveedores deben poder verificar la identidad de los usuarios.
Los métodos de autenticación tradicionales no son suficientes
Más de la mitad de todos los ciberataques contra agencias gubernamentales, infraestructuras críticas y organismos de gobiernos estatales implicaron cuentas válidas, incluido el uso de credenciales de antiguos empleados cuyas cuentas no se habían desactivado. Entonces, ¿de dónde obtienen los delincuentes toda esta información de inicio de sesión? Un informe reveló 775 millones de credenciales a la venta en la web oscura, junto con miles de anuncios de «acceso como servicio» (un servicio de pago que concede acceso a sistemas comprometidos).
Está claro que, a medida que estos atacantes y defraudadores se vuelven más sofisticados, los métodos tradicionales de verificación de identidad ya no están a la altura de la tarea de protegernos. La tecnología biométrica ofrece una forma mejor de verificar la identidad y es cada vez más fácil y cómoda de utilizar.
Muchas veces se ha dicho que, para crear la contraseña más segura, se necesita una larga cadena de letras mayúsculas y minúsculas, números y símbolos. Esto significa que la clave de la seguridad es una contraseña larga y difícil de recordar. Pero esta es una de las razones por las que la verificación biométrica de identidad es tan segura. Atributos como sus huellas dactilares o su rostro se convierten en su contraseña, y son únicos para usted. Además, no tiene que preocuparse por olvidar el nombre de su primera mascota o cuál era su película favorita cuando configuró la cuenta hace cinco años.
La tecnología biométrica también ofrece a las organizaciones una forma rápida, fluida y asequible de aplicar una verificación de identidad avanzada. Sus clientes no necesitan recordar complicadas cadenas de números y letras, y la verificación puede producirse de forma pasiva; piense, por ejemplo, en cómo algunas personas pueden desbloquear su teléfono móvil con el rostro.
Además, la tecnología biométrica está avanzando más allá del reconocimiento facial, de huellas dactilares e incluso del iris. Esto es positivo, dada la dependencia de estos métodos de las imágenes. Los deepfakes se han vuelto tan sofisticados que las imágenes por sí solas no pueden confirmar si una persona está viva y bien o si se trata simplemente de una foto en una pantalla, de alguien que lleva una máscara o de una impresión en papel.
Los nuevos avances, como la verificación de vida (liveness), se están convirtiendo en un elemento esencial de los sistemas biométricos de identidad. Por ejemplo, si un control de seguridad requiere un selfi para el reconocimiento facial, un delincuente podría intentar presentar una foto o un vídeo en lugar de un selfi en tiempo real. La detección de vida puede contrarrestar estos intentos ayudando a determinar si en el selfi aparece una persona real y viva.
Los defraudadores trabajan incansablemente para apropiarse de lo que no es suyo, incluidas las identidades. A medida que la tecnología de IA sigue avanzando, las organizaciones deben esforzarse más para garantizar que los datos y las identidades de sus clientes y empleados estén protegidos, y que contraten a distancia a personas reales que se correspondan con sus documentos de identidad. Las organizaciones actuales pueden combatir el fuego con fuego, derrotando los deepfakes y las tecnologías de IA con tecnología biométrica en rápido avance.


