El debate mundial sobre la inteligencia artificial (IA) ha pasado rápidamente del optimismo al pesimismo.
Pero ese temor está mal fundado: las herramientas de IA siempre necesitarán que las personas las desarrollen y las dirijan hacia los usos en los que resultan más útiles.
Y la habilidad humana más esencial pasará de resolver problemas a encontrarlos, lo que exige diversidad cognitiva.
El debate mundial sobre la inteligencia artificial (IA) ha dado un giro completo. Ha pasado de una curiosidad generalizada (¿qué puede hacer la IA?) a un optimismo sin límites (la IA salvará el mundo) y, después, a un pesimismo generalizado (la IA destruirá el mundo).
La IA plantea, sin duda, una serie de cuestiones normativas serias que apenas empezamos a comprender. Pero el tono del debate actual es excesivamente escéptico. La IA eliminará algunos de los empleos actuales; lo sabemos porque así lo ha hecho cada gran avance tecnológico. Pero también sabemos que la IA creará considerablemente más empleos nuevos y, potencialmente, con salarios más altos.
En lugar de limitar a las personas, esta tecnología nos permitirá ampliar nuestros conocimientos, habilidades y productividad mucho más allá de lo que la mayoría de nosotros creía posible.
Los empleados y las empresas que prosperarán en esta nueva era son los que abracen la tecnología y acepten la inevitable disrupción, en lugar de oponerse a ella de forma refleja. Esto exigirá un cambio profundo de mentalidad, sin apenas precedentes en las anteriores oleadas tecnológicas.
Encontrar problemas es la nueva habilidad de alto valor
La habilidad humana más esencial pasará de resolver problemas a encontrarlos.
Esto contrasta con el modo en que han funcionado los lugares de trabajo desde la Revolución Industrial. Durante décadas, el énfasis se ha puesto en tomar un problema evidente y encontrar una solución poco evidente. Pero la IA, cuando se combina con el ingenio humano, tiene un poder para resolver problemas sin precedentes, tanto que puede liberar a las personas para dedicar más tiempo a actividades creativas. El verdadero reto de aplicar la IA de forma productiva será el descubrimiento de «casos de uso»: identificar problemas urgentes de carácter transversal que mejor se adapten a la tecnología de IA.
Un buen ejemplo de una aplicación sorprendente de la IA es el aumento de la productividad de la piscicultura del salmón, un paso crucial para fomentar la acuicultura sostenible. Los piscicultores utilizan ahora herramientas de IA y de percepción automática (capaces de captar y procesar información sensorial) para automatizar los horarios de alimentación en función de los niveles de hambre de los peces. Esto reduce el desperdicio de alimento, lo que recorta una fuente significativa de emisiones de carbono, al tiempo que mejora los indicadores de crecimiento del salmón.
Una reciente colaboración entre Tidal AI (un proyecto de X, la Fábrica de Proyectos Ambiciosos de Alphabet) y Cognizant ampliará el éxito inicial a otros sectores de lo que se conoce como la economía azul, incluido el transporte marítimo. Ya en la actualidad, las empresas pueden utilizar modelos de aprendizaje automático para analizar microsistemas meteorológicos, velocidades de las corrientes y datos de tráfico portuario, con el fin de optimizar las rutas de navegación y los horarios de llegada a puerto y reducir el consumo de combustible.
Por qué la diversidad importa para encontrar problemas
A diferencia de la resolución de problemas, encontrarlos exigirá diversidad cognitiva. Para desenvolverse con éxito en este panorama, las empresas necesitarán una plantilla con competencias más diversas: personas que comprendan el comportamiento humano (sociología, psicología, antropología), que puedan crear y optimizar distintos procesos (pensamiento de diseño, Seis Sigma, conocimientos específicos de cada sector) y que conecten con el público intelectual y emocionalmente mediante la narración y el diseño. Los graduados en humanidades desempeñarán un papel tan importante como los de las disciplinas STEM. Ayudarán a humanizar la IA y a dotarla de un juicio más matizado.
Ante un mundo cada vez más complejo e impredecible, las organizaciones deben adoptar el lema de que «las grandes mentes piensan de forma diferente, no igual». Las culturas homogéneas tienden a sofocar la diversidad cognitiva por la presión de la conformidad. No podemos abordar los problemas del siglo XXI solo mediante el análisis descendente y la aplicación de macrodatos. Necesitamos personas que sepan formular grandes preguntas, ver más allá de lo evidente, pensar al margen de lo convencional, comprender el contexto, decirnos no solo qué está ocurriendo, sino por qué ocurre, y mirar el mundo a través de los ojos de sus clientes. Por eso la diversidad cognitiva es tan importante para que una empresa siga siendo relevante para sus clientes y empleados.
La abundancia de fundadores, investigadores y líderes inmigrantes en el sector estadounidense de la IA es una prueba de la importancia de contar con perspectivas y orígenes diversos para que el país mantenga su posición de liderazgo a medida que la industria crece. Según un estudio reciente, 28 de las 43 (65 %) principales empresas de IA de Estados Unidos fueron fundadas o cofundadas por inmigrantes.
Está claro que, aunque la IA generativa avance hacia capacidades similares a las humanas, no existe a corto plazo la perspectiva de que sustituya al trabajo humano. La imaginación y el ingenio humanos seguirán siendo la fuente del trabajo humano indefinidamente. Las personas seguirán siendo esenciales para resolver las cuestiones normativas fundamentales que plantea la IA.


