El uso creciente de la inteligencia artificial (IA) en la migración, junto con la creciente desigualdad en la movilidad, amenaza con agravar la brecha digital entre los Estados y dentro de ellos en lo relativo a los sistemas de migración y movilidad.
Muchas economías avanzadas fueron pioneras en la adopción de la IA en los sistemas de migración y movilidad, pero ya contaban con la infraestructura de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre la que construir a partir de la captura básica de datos.
Muchos países, especialmente los países menos adelantados, carecen de la infraestructura TIC esencial para la IA en la migración, mientras que los posibles migrantes encuentran obstáculos al interactuar con los canales digitales dentro de los mismos procesos.
La inteligencia artificial (IA) en los sistemas de migración y movilidad se ha convertido recientemente en un tema de gran interés en los círculos de investigación y de políticas públicas, dada la mayor relevancia de la tecnología.
Pero, a medida que la implantación de la IA avanza rápidamente en distintos ámbitos de políticas públicas, quizá le sorprenda saber que la IA en la migración lleva presente durante varias décadas. Este hecho, junto con las principales tendencias a largo plazo de la migración internacional, apunta al riesgo de que las tecnologías de IA en los sistemas de migración y movilidad estén camino de agravar las brechas digitales tanto entre los Estados como dentro de ellos.
Pioneros en la adopción de la IA
El uso de la IA para la gestión de la migración y la movilidad fue, en algunos países, una consideración lógica en la década de 1990, dados los importantes y sostenidos aumentos del transporte aéreo internacional, la implantación de sistemas en línea de solicitud de visados y el crecimiento de la captura de datos en los cruces fronterizos internacionales. El uso de la IA se centró en gestionar el aumento del volumen de forma eficiente y permitir una captura de datos mejorada para el análisis estratégico.
Pero, por supuesto, esos países disponían de sistemas de datos avanzados y de los recursos necesarios para construir, a partir de la recopilación de datos administrativos existente, sistemas más elaborados con apoyo de la IA.
Las autoridades de inmigración de Australia, Japón, Estados Unidos, numerosos países europeos y Hong Kong (China) buscaron inicialmente agilizar los sistemas de tramitación mediante el aprendizaje automático y otras tecnologías. El departamento de inmigración de Hong Kong, por ejemplo, desarrolló su sistema de IA e-Brain para tramitar solicitudes y generar conocimiento procedimental mediante el aprendizaje automático, lo que reduce la necesidad de intervención de los funcionarios de casos y acelera la tramitación.
El requisito previo para la adopción de la IA es la capacidad digital de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), en particular la captura digital de datos de los procesos y de los datos de identidad de los solicitantes. Estos requieren acceso a infraestructura TIC, electricidad y personal con conocimientos de TIC, mientras que muchos países del mundo carecen de estos elementos esenciales, especialmente los países menos adelantados (PMA).
Estos problemas de acceso amplían aún más la brecha entre los Estados, agravan la brecha digital y la desventaja estructural que sufren los PMA en la gestión de la migración. Y el “desequilibrio de poder” en la IA aplicada a la migración a escala mundial es un problema persistente.
Accesibilidad digital
No solo la desigualdad entre los Estados afectará a los migrantes. La creciente digitalización de la gestión migratoria y el mayor uso de la IA, incluidos los servicios de visados, el control fronterizo y la gestión de la identidad, exigirán cada vez más que los posibles migrantes puedan relacionarse con las autoridades a través de canales digitales.
También existen llamamientos a apoyar a los migrantes con acceso digital una vez llegados a un país de destino, cuando deben navegar por los canales de servicios digitales para recibir apoyo en su integración. Pero, en primer lugar, los posibles migrantes deben poder acceder a los procesos digitales de entrada. Y esto supone obstáculos para muchas personas en todo el mundo.
El acceso a las plataformas digitales varía considerablemente dentro de los países en algunas partes del mundo. Los datos sobre el acceso a internet por sexo y por nivel de desarrollo del país muestran, por ejemplo, que las mujeres tienen tasas de acceso mucho más bajas que los hombres en los países en desarrollo y en los PMA.

Pese a importantes preocupaciones en materia de derechos humanos, la digitalización puede beneficiar a los migrantes y a los Estados al reducir el error humano y acelerar la tramitación. Sin embargo, muchas personas quedarán totalmente excluidas de tales procesos, especialmente las mujeres de los países en desarrollo.
Esta exclusión resulta muy preocupante a la luz de las tendencias a largo plazo, que muestran que, en los últimos 25 años, hemos asistido a un crecimiento de la desigualdad en la movilidad, con personas de países en desarrollo cada vez más incapaces de acceder a las vías de movilidad internacional.
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Reducir la brecha
El análisis muestra que la mayor parte de la actividad migratoria internacional se produce actualmente entre países ricos, tanto de origen como de destino, mientras que las limitaciones de políticas y de recursos impiden la movilidad mundial desde los países más pobres.
También se observa una creciente brecha de género en la migración internacional que se ha consolidado en los últimos años, con un crecimiento de migrantes internacionales masculinos que supera de forma significativa al de las mujeres. Por ejemplo, en 2000 había una paridad de género casi total entre los migrantes internacionales, con un 50,6 % de hombres y un 49,4 % de mujeres; en 2020, la brecha había crecido de forma significativa, hasta el 52,1 % de hombres y el 47,9 %, como resultado de un cambio sistémico a largo plazo.
La expansión de las tecnologías digitales y su aplicación en los sistemas de migración con apoyo de la IA en países ricos y muy desarrollados agravará aún más las crecientes brechas digitales y de movilidad entre los Estados y dentro de ellos, a menos que se elaboren y pongan en marcha medidas eficaces para apoyar a las poblaciones y autoridades de los países en desarrollo.
Asimismo, la ONU ha pedido el desarrollo tecnológico e inversiones en los PMA que ofrecerían una vía para abordar y frenar las crecientes brechas digitales mundiales. Ello implica no solo concentrar los esfuerzos a nivel gubernamental, sino también apoyar a las comunidades para acceder a la tecnología digital, incluidas las mujeres de contextos de países en desarrollo.
Son evidentes los beneficios que las tecnologías más rápidas y mejores (incluida la IA) aportan a los migrantes para sustentar la migración. Pero la forma en que se hace es de importancia crítica desde las perspectivas de la igualdad y los derechos humanos. Ello incluye garantizar que estas tecnologías no excluyan involuntariamente a las comunidades ni aumenten la presión sobre ellas y sobre las autoridades. Esta consideración es especialmente importante cuando la comunidad internacional se ha comprometido a avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y en el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular.
Apoyar el acceso a una migración segura, ordenada y regular exige un apoyo activo a la igualdad digital. De cara al futuro, debemos reconocer y respaldar la ampliación del acceso a las TIC con una visión clara de la creciente desigualdad en la movilidad, que repercute negativamente en nuestro futuro migratorio.
Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente las de su autor y no reflejan necesariamente las de la OIM ni las de otras organizaciones con las que el autor está afiliado.

