La brecha de género en la IA se debe a la exclusión de las mujeres en todas las etapas del ciclo de vida de la IA, lo que pone en riesgo un sistema económico y tecnológico sumamente inequitativo en una época de rápido avance de la digitalización.
Se necesitan medidas concretas de política pública para fomentar la plena participación de las mujeres y las niñas en el sector digital, junto con respuestas integrales a la discriminación sistémica por razón de género.
En noviembre de 2021, los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron la Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial, el primer instrumento mundial de establecimiento de normas para la IA.
En los últimos cinco años, la digitalización ha avanzado a un ritmo sin precedentes en todos los sectores de la economía, impulsada por la pandemia. Solo en 2021, se invirtieron 93.500 millones de dólares de inversión privada en este ámbito, más del doble que en 2020. Sin embargo, las mujeres se están quedando atrás en cada etapa del ciclo de vida de la inteligencia artificial (IA), la tecnología que impulsa la transformación digital.
Esta brecha de género en la IA se perpetúa a sí misma. Y pone en riesgo que acabemos con un sistema económico y tecnológico en el que las mujeres estén enormemente infrarrepresentadas.
La brecha de género en la IA
Las mujeres no están tan «conectadas» como los hombres. La pandemia aceleró la adopción de internet móvil; sin embargo, según datos de la GSMA, en los países de ingresos bajos y medios las mujeres tienen un 16 % menos de probabilidades que los hombres de usar internet móvil. A esto se suma que la disparidad entre el número de mujeres y hombres en la industria 4.0 agrava la falta de vías de acceso de las mujeres al sector tecnológico.
Esta enorme desigualdad no ha mejorado en la última década: la proporción de mujeres entre quienes obtienen doctorados en inteligencia artificial (IA) e informática sigue estancada en el 20 %.
Estos problemas son apremiantes por sí solos, pero también generan efectos en cadena en el resto del ciclo de vida de la IA, sobre todo en la innovación y el desarrollo. Como demuestra una reciente investigación del Foro Económico Mundial, el porcentaje de hombres graduados en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es un 400 % superior al de las mujeres graduadas (8,2 % frente a 1,7 %).
La fuerza laboral del sector tecnológico sigue estando dominada por los hombres: las mujeres ocupan apenas una cuarta parte de todos los puestos tecnológicos, y la mayoría de los puestos técnicos y directivos están ocupados por hombres. En concreto, las mujeres representan solo el 22 % de los profesionales de la IA en todo el mundo. Solo el 13,83 % de quienes firman artículos sobre IA son mujeres; solo el 18 % de los autores de las principales conferencias sobre IA son mujeres, y apenas el 2 % del capital de riesgo se destinó a empresas emergentes fundadas por mujeres en 2019.
Estas cifras atentan contra principios fundamentales de diversidad e inclusión. Además, la escasa participación de las mujeres en este sector perjudica a toda la industria, que es más eficaz cuanto mayor es su diversidad de género.
La COVID-19 amenaza con agravar aún más esta tendencia. Las mujeres del sector tecnológico tienen el doble de probabilidades que los hombres de haber perdido su empleo, y el 42 % de las mujeres del sector afirma que asumió la mayor parte de las tareas domésticas durante la pandemia; por lo tanto, la desigualdad que viven en el trabajo se suma a la que afrontan en casa.
La falta de diversidad de género en la fuerza laboral, las disparidades de género en la educación STEM y la falta de respuesta ante la distribución desigual del poder y el liderazgo en el sector de la IA son muy preocupantes, al igual que los sesgos de género en los conjuntos de datos y los codificados en los productos basados en algoritmos de IA. Estos sistemas reproducen patrones de sesgo de género de formas que pueden agravar la brecha de género actual al difundir y reforzar estereotipos de género perjudiciales.
La falta de diversidad de género en la fuerza laboral, las disparidades de género en la educación STEM y la falta de respuesta ante la distribución desigual del poder y el liderazgo en el sector de la IA son muy preocupantes, al igual que los sesgos de género en los conjuntos de datos y los codificados en los productos basados en algoritmos de IA.
Gabriela I. Ramos Patiño, subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO
Abordar la desigualdad sistémica
El principal reto consiste en abordar la desigualdad en cada etapa del ciclo de vida. Debemos legislar para garantizar la igualdad y promover la diversidad a fin de combatir estos problemas de manera eficaz y eficiente.
Deben ponerse en marcha medidas concretas de política pública para fomentar la plena participación de las mujeres y las niñas en el sector digital y, al mismo tiempo, abordar los estereotipos arraigados y las normas sociales que persisten y conducen a la discriminación e incluso a la violencia contra las mujeres. Además de legislación nacional, necesitamos una norma mundial —un instrumento normativo que oriente el desarrollo y el uso de la IA para garantizar que beneficie a todas las personas, en particular a las mujeres y las niñas.
La UNESCO ha asumido este reto.
A petición de sus miembros, la UNESCO elaboró la Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial, el primer instrumento mundial de este tipo para establecer normas sobre IA, que los 193 Estados miembros adoptaron en noviembre de 2021.
La Recomendación sienta las bases de una transformación digital que promueve los derechos humanos, la dignidad humana, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental. Lo hace mediante un conjunto interrelacionado de valores, principios y medidas de política pública que orientan el desarrollo y el uso éticos de la IA.
En particular, la Recomendación insta a los gobiernos a promover la igualdad de género, el valor de «garantizar la diversidad y la inclusión» y el principio de «equidad y no discriminación», sentando las bases éticas para que la igualdad de género sea un imperativo en la era digital.
Entre las medidas concretas para abordar este problema que incluye la Recomendación figuran:
Destinar fondos de los presupuestos públicos a financiar programas relacionados con el género.
Garantizar que las políticas digitales nacionales incluyan un plan de acción en materia de género.
Abordar las brechas salariales y de igualdad de oportunidades en el lugar de trabajo, que durante décadas han sido un obstáculo importante para el empoderamiento económico de las mujeres.
Fomentar el emprendimiento, la participación y la implicación de las mujeres en todas las etapas del ciclo de vida de la IA.
Invertir en programas específicos para ampliar las oportunidades de participación de las niñas y las mujeres en disciplinas STEM y TIC.
Erradicar los estereotipos de género y garantizar que los sesgos discriminatorios no se incorporen a los sistemas de IA.
La UNESCO también está desarrollando dos herramientas innovadoras —la Metodología de evaluación de la preparación y la Evaluación del impacto ético— para garantizar que la IA se utilice para promover los derechos de todas las personas, incluidas las mujeres y las niñas.
Hoy nos encontramos en una encrucijada: podemos elegir entre avanzar o reproducir en el mundo digital las desigualdades y la discriminación del mundo físico. Aunque la tecnología digital estará cada vez más disponible en el mercado, la brecha digital de género siempre ha existido y seguirá existiendo mientras no cambiemos las normas sociales de género.
No podemos esperar otros 132 años para cerrar la brecha de género mundial, como señala el Informe Global sobre la Brecha de Género 2022; ya es hora de que los gobiernos y las organizaciones internacionales alcancen el ritmo de una industria en rápida expansión, sobre todo ahora que la UNESCO proporciona herramientas para cerrar la brecha de género en la IA.
Tenemos el imperativo ético de cerrar esta brecha y garantizar que la IA, el futuro de la tecnología digital, contribuya a construir un mundo más inclusivo, igualitario y justo.


