Existe una escasez mundial de recolectores de fruta de temporada, agravada por las restricciones de viaje por la COVID-19.
Algunos agricultores se ven obligados a dejar que la fruta madura se pudra como consecuencia.
Ahora, drones voladores con IA pueden detectar la fruta más madura y recogerla de forma autónoma.
Los fabricantes afirman que los robots ahorrarán dinero y reducirán el desperdicio de alimentos.
Cada vez es más difícil encontrar recolectores para cosechar los huertos del mundo. Las restricciones de viaje por la COVID-19 han impedido que los temporeros crucen fronteras, por lo que algunos agricultores recurren a drones con IA para recoger sus cultivos.
Incluso antes de la pandemia, los productores tenían cada vez más dificultades para contratar personal para la recolección. En julio de 2019, la Federación Estadounidense de Oficinas Agrícolas (AFBF) advirtió de la persistencia de la escasez de mano de obra.
Los agricultores “intentan contratar a trabajadores estadounidenses, pero hay pocos candidatos, y quienes aceptan trabajos agrícolas suelen abandonarlos antes de que termine la temporada”, afirmó el presidente de la AFBF, Zippy Duvall.
El año pasado, con restricciones de viaje vigentes en todo el mundo, los gobiernos de Europa pidieron a quienes habían perdido su empleo durante la pandemia que ayudaran en la cosecha. España e Italia llegaron incluso a ofrecer a los migrantes irregulares el derecho a trabajar como recolectores.
Ahora, una empresa israelí, Tevel Aerobotics Technologies, ha inventado un robot volador autónomo (FAR) que utiliza inteligencia artificial (IA) para identificar y recoger fruta. El robot puede trabajar las 24 horas del día y solo recoge la fruta madura.
Elegir lo mejor
La innovación fue una respuesta directa a la escasez de mano de obra. “Nunca hay suficientes manos disponibles para recoger la fruta en el momento y al coste adecuados. La fruta se pudre en el huerto o se vende a una fracción de su valor máximo, mientras que los agricultores pierden miles de millones de dólares cada año”, afirma la empresa.
El robot FAR utiliza algoritmos de percepción de IA para localizar los árboles frutales y algoritmos de visión para encontrar la fruta entre el follaje y clasificar su tamaño y madurez. Después, el robot calcula la mejor forma de aproximarse a la fruta y mantenerse estable mientras su brazo recolector la agarra.
Los drones pueden cosechar los huertos sin interferir unos con otros gracias a un único cerebro digital autónomo situado en una unidad terrestre.
Un trabajo que pocas personas quieren
Más de 800 millones de toneladas de fruta se producen en todo el mundo cada año, lo que representa un mercado anual con un valor superior a medio billón de dólares estadounidenses.
“Necesitamos un gran número de recolectores fiables y tenemos que pagar salarios, organizar visados, alojamiento, comida, atención sanitaria y transporte”, afirmó John White, director ejecutivo de Marom Orchards, una de las primeras explotaciones frutícolas en utilizar los nuevos recolectores voladores robotizados.
“Los costes aumentan constantemente. Se trata de un trabajo duro y estacional, y otros cultivos pueden pagar salarios más altos. Los jóvenes de todo el mundo abandonan el trabajo agrícola en favor de empleos urbanos a jornada completa mejor remunerados”, añadió.
Tevel insiste en que sus robots están diseñados para complementar a los recolectores humanos de fruta en lugar de sustituirlos. La empresa afirma que en 2050 habrá una escasez de cinco millones de recolectores y asegura que sus drones garantizarán que el 10 % de la fruta que actualmente queda sin cosechar se recoja en el futuro.
Las Naciones Unidas han designado 2021 como Año Internacional de las Frutas y Verduras, con especial atención a la innovación y a la mejora de las tecnologías para aumentar la eficiencia y la productividad de la agricultura de frutas y hortalizas, y para reducir las pérdidas y el desperdicio.
El año pasado, el informe del Foro Económico Mundial, Data-Driven Food Systems for Crisis Resiliency, señaló que la tecnología debe utilizarse para hacer la agricultura más sostenible tras la COVID-19 y pidió un “ecosistema de innovación” que impulse nuevos desarrollos.



