La pandemia ha acelerado la adopción de la tecnología de IA por parte de las empresas.
Sin la confianza de los consumidores en que la IA se utiliza de forma ética y transparente, su potencial pleno no se hará realidad.
Las empresas deben empezar sin demora a establecer los sistemas y procedimientos necesarios para ganarse esa confianza.
Estamos atravesando una de las crisis sanitarias más difíciles y devastadoras de la memoria reciente. Este año ha traído pérdidas incalculables de vidas y medios de subsistencia, cuyas verdaderas repercusiones mundiales aún están por verse. La pandemia de COVID-19 también ha alterado el panorama empresarial mundial: ha acelerado el ritmo y el volumen de los datos generados por el aumento del trabajo a distancia y las transacciones digitales, y ha cambiado rápidamente las realidades económicas para todos los líderes empresariales. En este contexto, la tecnología —en particular, la inteligencia artificial (IA)— tiene ahora un papel aún más importante que desempeñar para ayudar a las organizaciones y los países a adaptarse, mantenernos a salvo y mejorar nuestra forma de vivir y trabajar.
Pero la sed y el impulso de innovar rápidamente con estas nuevas tecnologías deben equilibrarse con la necesidad de generar cuidadosamente confianza en esas mismas innovaciones entre los consumidores. Será fundamental hacer que los consumidores nos acompañen en este recorrido. Un nuevo informe de Longitude explora este equilibrio preciso entre generar confianza en la tecnología e impulsar la innovación en IA. Es un tema que me apasiona y sobre el que hablé en Davos este año, así que quiero examinar aquí con más detalle algunos de los hallazgos del informe.
La transparencia lo es todo
Hasta hace poco, se prestaba demasiada atención a lo que la IA puede hacer y no a cómo lo hace. Las organizaciones actuales deben poder demostrar que sus sistemas y algoritmos son responsables, justos, éticos y explicables. En una palabra, que su IA es confiable.
Los casos muy sonados de uso indebido de la IA por parte de empresas tecnológicas mundiales han menoscabado la confianza de los consumidores en la IA. Las repercusiones posteriores también han aumentado la conciencia mundial sobre las cuestiones más amplias relacionadas con el uso de los datos y nuestra información personal.
¿El resultado? Ya no se puede dar por sentada la confianza en la tecnología: hay que ganársela. En este sentido, las organizaciones deben considerar que su tecnología es «culpable hasta que se demuestre su inocencia». Les corresponde demostrar de forma proactiva al mundo que utilizan su tecnología de manera responsable y estar preparadas para explicar y justificar, cuando sea necesario, las decisiones que toman esos sistemas. Aquí tenemos derecho a recibir información significativa sobre la lógica, la importancia y las consecuencias previstas de las decisiones automatizadas, lo que también se denomina «derecho a una explicación», tal como establece el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE. Las empresas deben considerar cómo aplican estas tecnologías y utilizar información personal solo cuando sea necesaria y con el consentimiento del usuario. Al incorporar estos principios a la IA durante su desarrollo, las empresas pueden garantizar que sea ética y transparente desde el principio.
Ya estamos viendo el impacto de esta transición hacia una IA ética. Un estudio reciente de Capgemini concluyó que el 62% de los consumidores confiaba más en una empresa cuya IA se consideraba ética, mientras que el 61% tenía más probabilidades de recomendar esa empresa a sus amigos y familiares, y el 59% mostraba más fidelidad a ella. Es más probable que los consumidores confíen en que quienes comunican abiertamente de esta manera cómo funciona su tecnología utilizarán la IA para aprovechar todo su potencial.
La IA es nuestra mejor herramienta para resolver problemas
La pandemia de COVID-19 ha acelerado la digitalización a un ritmo que nunca habríamos imaginado. Esto ha creado un entorno volátil, con una multitud de desafíos que superar y oportunidades que aprovechar. En el sector de los pagos, hemos tenido que afrontar el desafío de proteger a consumidores y empresas frente a una explosión de ciberataques y fraudes. Por ejemplo, con nuestra tecnología NuData, que verifica a los usuarios según su comportamiento inherente, hemos observado que los ataques se han vuelto más sofisticados: ahora uno de cada tres imita el comportamiento humano. Los ataques de creación de cuentas, en los que actores malintencionados crean cuentas falsas para usarlas después con fines fraudulentos, aumentaron un 500% durante la pandemia en comparación con el mismo periodo de 2019; un minorista mundial registró por sí solo un aumento del 679% en la creación de cuentas sospechosas. En general, las tasas mundiales de fraude han alcanzado su nivel más alto en casi 20 años, según las últimas cifras de PwC, y se informa que el 47% de las empresas ha sufrido fraude en los últimos dos años.
Habría sido imposible mantener nuestras defensas sin implementar IA en nuestra red. Es y seguirá siendo una parte vital de nuestra adaptación a este nuevo mundo y de su protección. A medida que la IA se vuelva más potente y omnipresente, debemos establecer sistemas que garanticen su desarrollo y despliegue éticos.
Impulsada por los consumidores y centrada en ellos
Los consumidores generan una enorme cantidad de datos. Para 2025, se calcula que generaremos 463 exabytes al día. Y esa cantidad no hará más que aumentar: la fórmula que se suele citar es que el 90% de los datos creados hasta la fecha se generó en los últimos dos años. Se han inventado sistemas basados en IA para ayudar a convertir parte de esta información en beneficios tangibles para las personas que generan esos datos, haciendo que la vida funcione a nuestro favor.
Pero la IA es una herramienta técnica y compleja. La confianza necesaria para que sea lo más eficaz posible surgirá cuando los consumidores vean y sientan sus beneficios concretos en acción. En este sentido, la confianza puede ser un factor diferenciador clave, una ventaja competitiva para las empresas. Solo aquellas en las que se confíe para operar la IA podrán maximizar los beneficios de sus servicios de valor añadido en los próximos años. La IA no solo puede ofrecer seguridad a los consumidores en internet o revolucionar sus experiencias de compra; también está revolucionando la agricultura y dando un nuevo aliento al medioambiente. Para quienes lo hagan bien, las posibilidades son infinitas.
La perspectiva general
En momentos de tanta incertidumbre, puede ser difícil mirar muy lejos hacia el futuro. Pero ahora es el momento de que los líderes empresariales den un paso atrás y contemplen el panorama general. El escenario ha cambiado, y ese cambio es permanente. Nuestros futuros digitales se han adelantado y la sociedad seguirá exigiendo más transparencia en la forma en que se utiliza la IA para resolver nuevos desafíos.
El desarrollo responsable de la tecnología y la generación de confianza en ella serán cruciales para el éxito empresarial en la «nueva normalidad», pero, sobre todo, para construir un mundo más próspero y más igualitario para todos.



