Desde los dispositivos portátiles de salud y entrenamiento hasta la asistencia en la línea de gol en el fútbol, la tecnología lleva varios años irrumpiendo en el ámbito deportivo. Ya sea para ayudar a los atletas a mejorar su rendimiento, detectar infracciones de las reglas o aumentar la seguridad, en gran medida toda esta tecnología ha perseguido el mismo objetivo general: mejorar el juego.
Pero ¿qué pasaría si usáramos la tecnología no para hacer cumplir las reglas, sino para crearlas? Así nació el Speedgate.
Presentado por la agencia de diseño AKQA como un proyecto para la Design Week, el Speedgate es, según se informa, el primer deporte concebido por inteligencia artificial (IA). Combina conceptos del croquet, el rugby y el fútbol, con equipos de seis jugadores que patean un balón en un campo con tres puertas.
Se introdujeron en una red neuronal datos de 400 deportes populares de todo el mundo, que luego se procesaron para crear un marco básico de reglas y conceptos. Muchas de las sugerencias no eran precisamente realistas (¿frisbees explosivos, alguien?), pero el Speedgate resultó ser la opción favorita después de que la empresa probara jugando las principales propuestas.
Por suerte, las reglas parecen más comprensibles que el lema del juego, que también se le ocurrió a la IA: «enfréntate al balón para ser el balón y estar por encima del balón».
Entonces, ¿cómo se juega?
La empresa buscaba un juego fácil de aprender, accesible para un público amplio y que ofreciera a los jugadores un buen entrenamiento.
El campo de Speedgate tiene tres pares de postes de seis pies (1,8 m) de altura: uno en cada extremo y otro en el centro. Los jugadores deben pasar un balón de rugby entre los postes centrales para hacerse con la posesión y, luego, pueden anotar introduciendo el balón entre los postes de los extremos desde cualquier dirección. Si sus compañeros atrapan el balón tras la anotación y lo patean de inmediato de vuelta entre los postes, convierten el gol de dos puntos en uno de tres.
El juego se disputa en tres períodos de siete minutos, con tres defensas y tres delanteros por equipo. El balón se puede pasar o patear, pero no puede permanecer inmóvil más de tres segundos.
La tecnología en juego
Los seres humanos practican y observan deportes desde la Antigüedad: desde los primeros Juegos Olímpicos, en el 776 a. C., hasta las pinturas rupestres que, al parecer, representan formas tempranas de lucha y carreras de velocidad y que son miles de años más antiguas.
Muchos de los deportes más populares de hoy se basan en años de tradición. Sin embargo, aunque los deportes siguen siendo indudablemente una actividad centrada en las personas, la tecnología y la IA están transformando este ámbito.
La colaboración entre el fabricante de automóviles Ford y Argo AI para producir coches autónomos es un ejemplo: el aprendizaje profundo se está aplicando para mejorar el historial de seguridad de la NASCAR, conocida por sus riesgos. La tecnología puede identificar más rápidamente coches concretosde lo que puede hacerlo el ojo humano —una tarea más difícil de lo que uno podría pensar a 200 millas por hora (322 km/h)— y permite a los equipos identificar coches con fallos.
Por otra parte, a medida que se amplía nuestra capacidad para recopilar y procesar datos sobre la salud y el rendimiento, aplicar la IA para vigilar las lesiones y mantener a los atletas en su mejor forma es una extensión evidente de esta tecnología.
Y, por supuesto, desde la perspectiva de los espectadores también hay muchas oportunidades para aplicar la IA al deporte. Pronto, el público podría disfrutar de resúmenes casi instantáneos y repeticiones de las jugadas: al observar la reacción del público y el nivel de entusiasmo de los comentaristas, Watson, de IBM, puede predecir qué partes de un partido son las más relevantes. Los anunciantes y las cadenas de televisión también podrían usar esta información para maximizar la exposición de los anuncios.

Los entrenadores también podrían usar esta misma tecnología predictiva para identificar patrones de los rivales que de otro modo quizá pasarían por alto, o analizar las fortalezas y debilidades de los jugadores, lo que permitiría realizar análisis predictivos en tiempo real y actuar en consecuencia mientras el partido sigue en juego.
Para algunos puristas, la tecnología es una intromisión indeseada en el deporte y va en contra de su espíritu (basta con ver el debate en torno al VAR, el árbitro asistente de vídeo, en el Mundial de 2018). Pero, dadas las ventajas comerciales que sin duda ofrece, todo apunta a que la IA se usará cada vez más en el terreno de juego.


