La IA tiene el potencial de enriquecer nuestras vidas de muchas maneras, si la usamos correctamente

A doctor reads medical images on a screen during a diagnostic competition between an AI machine and human experts at the China National Convention Center in Beijing, China, June 30, 2018.
In this 2018 medical diagnosis competition, AI beat the human doctors - and we should be glad that it didImage: REUTERS
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Si no pudieras ver, ¿en qué voz confiarías para que te guiara cada día?

¿Quién te acompañaría en tus viajes, te leería y te ayudaría a hacer la compra? ¿Quién se adaptaría a tu rutina, elegiría tu camisa más elegante, te informaría sobre los mejores lugares para comer e incluso recordaría grabar tu programa de televisión favorito mientras cenas?

Ningún ser humano podría ser tan constante, paciente ni atento. Pero la IA sí.

Empoderar y facilitar

Ya se ha avanzado mucho en el desarrollo de numerosas tecnologías que podrían permitir a siete millones de personas ciegas o con discapacidad visual del mundo árabe llevar una vida independiente.

Los algoritmos de aprendizaje automático pueden detectar patrones de comportamiento y predecir qué podrías necesitar a continuación. El software de reconocimiento facial ahora puede identificar emociones. En Majid Al Futtaim, nos hemos asociado con I.AM+ para desarrollar sistemas operativos por voz que se adaptan al usuario y responden de manera diferente según el contexto de la conversación. Ahora pueden conversar en árabe y en cualquier otro idioma.

Bien aprovechadas, estas tecnologías tienen el poder de enriquecer nuestras vidas.

Image: Foro Económico Mundial, informe sobre el futuro del empleo 2018

Liberar el potencial

En todo el mundo, se necesitan con urgencia docentes con los conocimientos necesarios para desarrollar las competencias que harán falta para un futuro próspero. Y algún día la IA podría poner a esos docentes al alcance de todos, adaptando un programa educativo a las necesidades y talentos particulares de cada niño.

En algún lugar, ahora mismo, hay un genio de las matemáticas mirando por la ventana en un aula de una aldea remota, aburrido porque el docente está ocupado asegurándose de que 50 alumnos aprendan a leer y escribir. Pero ese niño podría implicarse más, asumir retos y sentirse inspirado, todo por el precio de un teléfono inteligente. Conectado al software adecuado, cada alumno podría interactuar con un tutor virtual programado para adaptar sus lecciones a sus aptitudes e intereses. Imagina todo el potencial sin explotar que espera ser liberado.

Reducir las brechas

Esta capacidad de la IA para reducir las brechas puede aplicarse a casi cualquier servicio público. La atención sanitaria de alta calidad no tiene por qué limitarse a quienes viven a poca distancia en coche de un hospital importante. El software de diagnóstico puede clasificar a los pacientes e identificar los casos que realmente requieren la experiencia de un especialista, basándose únicamente en la necesidad médica. La mejora de las tecnologías de comunicación y la robótica podrían incluso llevar a ese especialista al quirófano de un paciente situado a 1.000 kilómetros.

Se podría ofrecer igualdad de acceso a todo tipo de servicios públicos. Fíjate en Estonia, donde cada ciudadano recibe una identidad digital y casi todas las interacciones con el gobierno tienen lugar en línea. La tecnología blockchain garantiza la seguridad y protege la privacidad. La burocracia prácticamente ha desaparecido. De nuevo, basta pensar en el tiempo que se ahorra al no tener que hacer cola y esperar una cita solo para que sellen un papel.

La IA también puede hacer que nuestro mundo sea más seguro. A finales de 2017, la Policía de Dubái puso en marcha el proyecto Oyoon (Ojos), que utiliza cámaras con IA para vigilar conductas delictivas en tres sectores: el turismo, el tráfico y los establecimientos físicos. La tecnología identifica a quienes infringen la ley mediante reconocimiento facial y contribuyó a los arrestos de 319 sospechosos en 2018, al tiempo que ayudó a reducir en un 95,5 % el número de delitos sin resolver en la ciudad.

Ampliar la experiencia humana

Esta visión de la IA es emocionante, pero no es inevitable. Estamos entre dos mundos: la forma tradicional de hacer las cosas está cambiando, pero aún no sabemos qué la sustituirá. Las decisiones y elecciones que tomemos ahora determinarán cómo será el mundo que viene, y nuestra generación tiene la extraordinaria y apasionante oportunidad de liderar la transformación.

Debemos asegurarnos de que la IA se considere una asistente que amplía la experiencia humana, en lugar de verla como una rival. Si las personas sienten que los ordenadores las están reemplazando, se resistirán. Sin embargo, no hay grandes motivos para preocuparse. Se prevé que las máquinas y los algoritmos eliminarán 75 millones de empleos para 2022, pero crearán 133 millones de nuevos puestos. Lo que más debería preocuparnos es cómo ayudamos a las personas a adquirir nuevas competencias y las preparamos para esos puestos.

Pensemos en los coches autónomos. Tienen el potencial de hacer que el transporte sea más seguro y eficiente y, por tanto, menos perjudicial para el medio ambiente. Pero la cuestión crucial es qué ocurrirá con los conductores que actualmente pasan gran parte de su vida al volante. Si nos equivocamos, corremos el riesgo de dejarlos subempleados y resentidos. Pero, si elegimos bien e invertimos ese tiempo en enseñarles y desarrollar nuevas competencias, tendremos la oportunidad de encaminar a las personas hacia un futuro con más propósito y plenitud.

Igualdad en los datos

Un elemento esencial para el éxito de la IA es la igualdad de los datos de los que depende. La IA aprende de sus datos; por eso, si estos no son representativos, aprenderá las lecciones equivocadas.

En los últimos años se han generado cantidades inimaginables de datos, y el ritmo no deja de acelerarse. Para 2020, se estima que se generará un promedio de 1,7 MB de datos cada segundo por cada persona del planeta: más información de la que cabe en un libro de texto promedio.

Pero estos datos no se recopilan de manera uniforme en todo el mundo ni entre los distintos grupos sociales. Tenemos enormes cantidades de datos sobre los residentes acomodados de Dubái, pero pocos sobre las zonas menos urbanizadas del mundo árabe. Esto significa que muchos de los algoritmos que se utilizan hoy se adaptan a los deseos, las necesidades y las experiencias de ciertos grupos, pero no de otros, lo que podría dar lugar a una IA más excluyente que inclusiva.

Libertad para vivir experiencias

Por supuesto, muchas personas sienten que su mundo cambia demasiado deprisa y les preocupa que, cuanto más dependemos de la tecnología, la IA, los algoritmos de aprendizaje automático y los ordenadores, más perdemos parte de nuestra humanidad.

Esta reacción es comprensible, pero no alcanza a ver el panorama más amplio y verdadero. La urbanización, la industrialización y el crecimiento demográfico han hecho que muchas de nuestras interacciones cotidianas sean más anónimas que antes. Nos hemos acostumbrado a que nos agrupen como «consumidores», unidades económicas tratadas de manera idéntica. Pero la IA puede permitirnos personalizar la relación y volver a ser «clientes»: adaptar los servicios a cada uno de nosotros, con nuestros gustos y preferencias particulares, como en el antiguo modelo comercial en el que el tendero local conocía a fondo a sus clientes.

Además, la IA tiene el potencial de devolvernos algo aún más valioso: el tiempo para disfrutar de las cosas buenas de la vida. Los lavavajillas, las lavadoras y los cortacéspedes con asiento liberaron a millones de personas de las tareas domésticas, y las nuevas tecnologías irán aún más lejos.

Dejemos que las máquinas se ocupen de las distracciones mientras nos centramos en lo que realmente importa como seres humanos.

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