Una nueva encuesta sobre las actitudes de los europeos hacia la tecnología reveló que una cuarta parte de las personas preferiría que las decisiones políticas las tomara la inteligencia artificial en lugar de los políticos.
El Centro para la Gobernanza del Cambio de IE University, en España, encuestó en enero a 2.500 adultos del Reino Unido, España, Alemania, Francia, Irlanda, Italia y los Países Bajos. Los resultados reflejan una intensa preocupación por los cambios que traen los avances tecnológicos: más de la mitad de los encuestados temía que los robots sustituyeran puestos de trabajo y el 70 % afirmaba que la innovación tecnológica sin control podría perjudicar a la sociedad más de lo que podría beneficiarla. Los encuestados también expresaron preocupación por el impacto de que las relaciones digitales sustituyan el contacto humano, a medida que más personas pasan tiempo en línea.
Quizá lo más interesante sea que una cuarta parte de los encuestados dijo que preferiría que la IA guiara las decisiones sobre la gobernanza de su país en lugar de los políticos.
«Esta mentalidad, que probablemente esté relacionada con la creciente desconfianza que sienten los ciudadanos hacia los gobiernos y los políticos, supone un cuestionamiento significativo del modelo europeo de democracia representativa, ya que pone en tela de juicio la propia noción de soberanía popular», afirmó Diego Rubio, director ejecutivo del Centro para la Gobernanza del Cambio de IE, en un comunicado.
En todo el mundo, los ciudadanos han expresado una creciente desilusión con la democracia y un mayor escepticismo sobre la influencia de su voz en las decisiones políticas. Sin embargo, las decisiones algorítmicas no son una solución exenta de problemas: pueden incorporar los prejuicios y sesgos de quienes las programan o manipularse para lograr resultados específicos, lo que puede hacer que sus resultados sean tan problemáticos como los de las decisiones humanas.
El estudio también reveló que los encuestados esperaban que los gobiernos redujeran las perturbaciones que la tecnología pudiera causar en sus vidas mediante regulaciones, límites a la automatización y apoyo a las personas afectadas por la pérdida de empleos. Esto «pone de relieve la paradoja en la que vivimos», escribieron los autores. «La gente está desilusionada con los gobiernos y, al mismo tiempo, les pide que aborden los efectos sociales y económicos negativos que podrían tener las tecnologías emergentes».


