Parece una frase de una película de ciencia ficción: dos de los tecnólogos más famosos del mundo se enfrentan por la inteligencia artificial.
El CEO de Tesla/SpaceX, Elon Musk, y el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, tienen ideas muy distintas sobre qué se considera «IA», según un reciente artículo de Vanity Fair que analiza si populares figuras masculinas del sector tecnológico creen que se avecina un apocalipsis de la IA. Su debate refleja otro más amplio que afronta la industria: nadie logra ponerse de acuerdo sobre qué significa el término.
En general, hay dos corrientes de pensamiento al debatir si el software actual (es decir, no un imaginario robot asesino del futuro) es una forma de inteligencia artificial: los literalistas y los generalistas.
Musk es literalista. Cuando le preguntaron por el Jarvis, un bot que se ocupa principalmente de tareas de domótica, como controlar el termostato o elegir música para reproducir, Musk respondió con desdén.
«No diría que automatizar las funciones del hogar sea IA», dijo Musk a Vanity Fair. «Encender las luces y ajustar la temperatura no es realmente IA».
Lo que quiere decir Musk es que no hay una inteligencia artificial única y cohesionada que considere la petición de Zuck, entienda lo que quiere decir y luego apague una luz. En realidad, la voz de Zuckerberg se envía a un algoritmo de reconocimiento del habla, que transcribe el audio en texto; después, otro algoritmo lee ese texto para determinar qué se está pidiendo, y su decisión activa un fragmento de código independiente que enciende una luz.
Es un conjunto de algoritmos que trabajan juntos para ejecutar una orden, en vez de un único algoritmo que entienda la voz, el texto, el código y toda una variedad de ideas. Lo mismo ocurre con Siri, Cortana, Google Assistant y todos los demás asistentes personales virtuales disponibles hoy. Funcionan enlazando algoritmos que determinan qué quiere una persona y luego leen un guion para dar la respuesta o extraen una respuesta preparada de Wikipedia. Es una proeza de diseño admirable, pero no es lo que los investigadores de IA llamarían un modelo «integral» (end-to-end): un algoritmo que aprende a completar una tarea enteramente por sí solo, sin intervención humana.
Por ejemplo, un artículo de Nvidia de 2016 describe el aprendizaje integral para automóviles autónomos. Una red neuronal, una técnica popular de IA que aprende a predecir cómo realizar acciones identificando patrones en los datos, observa vídeos de cómo suelen conducir los automóviles y, a partir de esos datos, puede conducir un automóvil por sí sola. Para Musk, esto probablemente se acerca más a la IA, aunque los Tesla tienen redes neuronales de visión específicas, lo que significaría que no son integrales, y él sigue llamándolas IA.
Buena parte de la investigación pura en IA (al menos, a juicio de este periodista) se centra en la capacidad de aprender a identificar patrones en imágenes, audio o texto y luego reconocer patrones en el mundo real o generar patrones propios. Cualquier cosa que no haya generado la IA, como una respuesta de Siri escrita por una persona, resulta sospechosa.
Otros van más allá. Algunos, como el científico cognitivo Douglas Hofstadter, sostienen que, como las máquinas que generan texto solo predicen estadísticamente qué palabras aparecerían a continuación en una oración, en lugar de comprender un concepto y construir una oración para transmitir esa información, todavía no existe la inteligencia artificial.
Zuckerberg, por otro lado, es un generalista de la IA. La inteligencia artificial es un término general para designar un sistema capaz de entender órdenes y completar tareas. Es una definición muy parecida a Facebook: fácil de usar y accesible para quienes no hablan el lenguaje de la tecnología.
Jarvis sí utiliza algunas formas de inteligencia artificial: los algoritmos que entienden el habla y analizan lo que quiere Zuckerberg a partir del texto transcrito son redes neuronales.
Como muchos de nosotros, Zuckerberg usa «IA» como un término general para referirse a software que incorpora algún componente de IA. Los generalistas suelen sostener que, mientras un programa como Siri o Cortana pueda decidir iniciar una acción, ya sea encender una luz o realizar una transferencia bancaria, la arquitectura del sistema no importa cuando se habla de él en términos informales. Este argumento se centra en el impacto de ese software, más que en su funcionamiento.
Sea cual sea la definición que Musk y Zuckerberg den al término, ambos creen que es sumamente importante. Los dos tecnólogos financian grupos de investigación en IA, OpenAI y FAIR, respectivamente, y pueden obtener grandes beneficios de su proliferación: Zuckerberg a través de su red social y Musk mediante los automóviles autónomos.


