El olfato es nuestro sentido más antiguo y evoca emociones y recuerdos de maneras que la vista, el oído, el gusto y el tacto no pueden.
Sin embargo, el olfato sigue siendo uno de nuestros sentidos menos comprendidos, y la tecnología apenas está aprendiendo a aprovechar la inteligencia olfativa.
La inteligencia olfativa impulsada por IA es clave para revolucionar la atención sanitaria, la sostenibilidad y el tejido de las conexiones humanas.
El olfato está vinculado a nuestras emociones y recuerdos de maneras que otros sentidos no lo están. El olor del pan puede transportarnos a las cocinas de nuestra infancia, mientras que el aroma del perfume de un ser querido nos reconforta años después. También es nuestro sentido más antiguo: evolucionó durante millones de años para ayudar a nuestros antepasados a detectar peligros, encontrar comida, reconocer a sus congéneres y localizar agua.
El olor ha sido durante mucho tiempo una herramienta tanto para la naturaleza como para la humanidad. En muchos sentidos, es el lenguaje de la propia naturaleza. Las flores producen aromas agradables que atraen a los polinizadores y las ayudan a reproducirse. Los perros utilizan su potente olfato para detectar desde olores tan corrientes como el de un tomate maduro hasta señales tan importantes como las células cancerosas.
A pesar de su importancia, es uno de los sentidos menos comprendidos, sobre todo en el mundo digital. Durante décadas, las computadoras han podido ver y oír, lo que ha cambiado radicalmente la forma en que nos comunicamos, trabajamos y entendemos el mundo. Sin embargo, apenas ahora están aprendiendo a utilizar los olores mediante el desarrollo de la inteligencia olfativa (IO).
La IO podría mejorar considerablemente la atención sanitaria, la sostenibilidad y el tejido de las conexiones humanas.
Desarrollo de la inteligencia olfativa
A diferencia de la visión, con sus tres dimensiones (rojo, verde y azul), y del sonido, con una (la frecuencia), el olfato opera mediante cientos de tipos de receptores, por lo que resulta demasiado complejo para que la ciencia tradicional pueda cartografiarlo.
La digitalización del olor no habría sido posible sin la inteligencia artificial (IA). Con la ayuda de redes neuronales de grafos, creamos un mapa del olfato y resolvimos el misterio de qué moléculas producen cada aroma. Esto permitió que las computadoras registraran, analizaran y reprodujeran esos aromas digitalmente.
Cada paso se parece a la forma en que se almacenan y reproducen las imágenes. Se toma una foto con una cámara, se descarga la imagen, se mejora la nitidez o se edita y luego se envía a una impresora. El olor se captura con un aparato de laboratorio llamado cromatógrafo de gases acoplado a un espectrómetro de masas, o GC-MS, que tiene aproximadamente el tamaño de un lavavajillas.
El GC-MS descompone un olor en moléculas individuales, igual que una cámara descompone una imagen en píxeles. Luego, los datos sin procesar se convierten en una codificación del olor que puede cargarse en la nube.
Cómo ya se está aprovechando la inteligencia olfativa
Aunque es compleja, la inteligencia olfativa ya se aplica en varios sectores, desde el de las fragancias hasta la atención sanitaria y otros ámbitos.
Industria de las fragancias
La primera prueba de la inteligencia olfativa se realizó en el sector de las fragancias, con la reproducción del aroma de una ciruela de verano recién cortada. Se capturó el aroma de la ciruela y se reprodujo en forma de fragancia líquida con un olor idéntico. Esto abrió las puertas al uso de la IO en la industria de las fragancias, cambió la forma de producirlas y sirvió como prueba de concepto.
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El Centro para las Tecnologías de Vanguardia y la Innovación reúne a científicos, responsables de políticas públicas y líderes empresariales para comprender las tecnologías emergentes y sus consecuencias en el mundo real.
Al facilitar la colaboración y la experimentación, el Centro ayuda a sus socios a convertir la innovación surgida de la investigación en aplicaciones prácticas que abordan desafíos globales compartidos.
Con la IO, los ciclos de desarrollo de fragancias que antes duraban años pueden completarse en días, lo que deja más tiempo para el proceso creativo y reduce costos que a menudo resultaban prohibitivos para muchas marcas.
Con cada fragancia que se desarrolla, la tecnología se vuelve más inteligente. Los agradables aromas que se utilizan para crear perfumes, jabones y velas contienen las mismas moléculas que los olores necesarios para comprender mejor la salud y la felicidad humanas. La investigación sigue avanzando, y la IO ya está demostrando su impacto más allá del ámbito de las fragancias.
Asegurar la cadena de suministro
La inteligencia olfativa también está abordando el costoso problema de las falsificaciones en el sector minorista. A diferencia de las tecnologías de autenticación existentes, la IO puede leer las firmas olfativas únicas de los productos auténticos e identificar las falsificaciones: reconoce patrones olfativos sutiles, ignora los olores de fondo y ofrece respuestas fiables.
Repelentes de insectos
Además de para los ingredientes de fragancias, la inteligencia olfativa también se ha utilizado para desarrollar nuevos repelentes de insectos que son 10 veces más potentes que el DEET, un ingrediente activo de uso común. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que los insectos transmisores de enfermedades, como los mosquitos, causan casi un millón de muertes en todo el mundo cada año. Estos nuevos repelentes abordan directamente ese problema.
Estos ejemplos son solo el principio de lo que la inteligencia olfativa puede ofrecernos.
El impacto de la inteligencia olfativa en el mundo real
Las fragancias, las falsificaciones y los repelentes de insectos apenas rozan la superficie de lo que puede hacer la IO. La digitalización del olor tiene numerosas implicaciones para la salud y la felicidad humanas.
Imagina un mundo en el que un dispositivo portátil tenga las mismas capacidades olfativas que una flor o el hocico de un perro y pueda purificar el aire o detectar marcadores de enfermedades antes de que aparezcan los síntomas. Un mundo en el que la IO identifique brotes virales antes de que se conviertan en pandemias y señale riesgos ambientales para la salud causados por la contaminación. Los cimientos de ese mundo se están construyendo hoy.
Esto ya no es ciencia ficción: son posibilidades reales para nuestro futuro. Puede afirmarse que el futuro del olfato apenas comienza. Con la ayuda de la inteligencia olfativa, seguiremos descifrando el lenguaje de los aromas, no solo creando mejor tecnología, sino también ampliando la propia experiencia humana.


