Estados Unidos y China aventajan a la UE en inversión en IA.
El dominio de la IA puede adoptar muchas formas.
La UE podría impulsar un enfoque de la IA centrado en la ciudadanía.
«Quien se convierta en líder en IA [o inteligencia artificial] se convertirá en el gobernante del mundo», dijo en una ocasión Vladimir Putin, en una célebre declaración.
En el actual escenario geopolítico, no debería sorprendernos que exista una carrera mundial por aprovechar la inteligencia artificial (IA). Estados Unidos ha realizado inversiones sustanciales en IA para ampliar su papel como superpotencia mundial, mientras que otras economías también aspiran a convertirse en competidores destacados o, si no lo consiguen, al menos a no quedarse demasiado atrás.
China anunció en 2017 que quiere liderar el mundo en IA para 2030 y asigna fondos estratégicamente, guiada por una estrategia nacional de IA. China ya se acerca a Estados Unidos en publicaciones científicas sobre IA y, desde 2013, ha presentado más solicitudes de patentes de IA que cualquier otro país. Estados Unidos y China también aventajan a la UE, que les sigue a distancia en inversión y producción; Israel, India, Rusia y otras regiones económicas están aún más rezagadas.
Exploremos esta analogía de la carrera armamentista y preguntémonos qué significa ir por delante en la carrera por el dominio de la IA.
Durante la Guerra Fría, la carrera por las armas nucleares podía conducir a una situación de estabilidad ante la destrucción mutua asegurada o a la destrucción mutua propiamente dicha. Sin embargo, en esta carrera armamentista tecnológica actual no hay un recorrido definido ni una línea de meta. Ir por delante o por detrás depende de la dirección que quieras seguir o del destino que tengas en mente. En cuanto al lugar al que llegarás en un futuro abierto, la dirección hacia la que te encaminas importa más que la velocidad.
Los tres tipos de IA
El dominio de la IA puede adoptar muchas formas. Solemos pensar en la IA como una tecnología, pero ante todo es una ambición de crear sistemas que exhiban un comportamiento inteligente. Podemos distinguir, a grandes rasgos, tres manifestaciones tecnológicas de esta ambición. En primer lugar, la IA programada que las personas diseñan detalladamente con una función concreta en mente, como la mayoría de los robots de fabricación, los agentes virtuales de viajes y las funciones de las hojas de cálculo de Excel. En segundo lugar, la IA estadística que aprende a diseñarse por sí misma a partir de una función o un objetivo predefinidos. Al igual que las personas, estos sistemas no se diseñan en detalle y también pueden tomar decisiones, aunque no necesariamente son capaces de explicar por qué las tomaron. La tercera manifestación es la IA para sí misma: un sistema que puede actuar de forma autónoma, responsable y fiable, y que bien podría ser consciente, o no. No lo sabemos, porque todavía no existe un sistema así.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para hacer frente a la Cuarta Revolución Industrial?
El Centro de Tecnologías de Frontera e Innovación reúne a científicos, responsables de políticas públicas y líderes empresariales para comprender las tecnologías emergentes y sus repercusiones en el mundo real.
Al facilitar la colaboración y la experimentación, el Centro ayuda a sus socios a transformar la innovación surgida de la investigación en aplicaciones prácticas que abordan desafíos globales compartidos.
La última década ha sido testigo del desarrollo de una carrera mundial por la IA, impulsada por la IA estadística. Cabe señalar que la palabra estadística proviene de Estado: la ciencia que estudia los datos sobre la situación de un Estado o una comunidad. El auge moderno de la IA está vinculado a este significado original, lo que ayuda a explicar por qué suscita tan a menudo profundas cuestiones éticas sobre la relación entre las personas y las instituciones. Históricamente, el Estado utilizaba los datos censales para elaborar políticas públicas mediante el seguimiento de una población que sería imposible rastrear a nivel individual, pero que puede modelarse con suficiente detalle mediante muestras empíricas. No es casualidad que las empresas, instituciones y otras organizaciones guiadas por el mercado también sigan este enfoque y utilicen la IA estadística para modelar y vigilar a las personas, tanto en línea como fuera de línea.
Esto nos devuelve al escenario geopolítico, donde el enfoque estatal de China para aprovechar las tecnologías emergentes suele contraponerse al enfoque de Estados Unidos, basado en el mercado, para desarrollar tecnologías. Desde esta perspectiva, la UE y otras regiones económicas deben decidir cómo posicionarse en este eje Estado-mercado. Sin embargo, este marco induce a error, pues sobrevalora el papel de las políticas de inversión económica y subestima la importancia fundamental de la propiedad de los datos para la IA estadística.
Por tanto, sería más productivo contraponer los enfoques impulsados por el Estado y el mercado a un enfoque de la IA centrado en la ciudadanía, en el que los derechos de las personas sean fundamentales para determinar cómo y por qué se utiliza la IA. La UE ha demostrado que adopta este ideal, primero con su Directiva del RGPD y ahora, de nuevo, con los primeros pasos hacia directivas sobre una IA fiable. De este modo, la UE establece una distinción clara entre los derechos de las personas y las ambiciones de las organizaciones, y protege a su ciudadanía frente al modelado y la vigilancia involuntarios.
Para seguir avanzando en este camino, la UE debería dar el siguiente paso y desarrollar un relato amplio en el que consideraciones éticas como la privacidad, la transparencia y la rendición de cuentas sean la base de relaciones sostenibles, saludables y productivas entre las personas y las organizaciones.
En una carrera armamentista no hay ganadores, solo quienes la superan. La carrera por el dominio de la IA desemboca en una cuestión más profunda de identidad: ¿en qué tipo de sociedad elegimos vivir?
La respuesta a esta pregunta debería bastar por sí sola para justificar las importantes inversiones necesarias en un enfoque de la IA centrado en la ciudadanía, y para acelerar en la dirección correcta. La UE puede liderar el mundo en IA si decide usar los valores como volante, no como freno. Entonces será solo cuestión de tiempo que otros se sumen a la carrera por el buen camino.

