Si tuviera un síntoma de cáncer, ¿qué tipo de médico buscaría?
¿Buscaría un médico con un coeficiente intelectual alto, capaz de diagnosticar su afección con gran precisión pero con una actitud arrogante y despectiva, o un médico con un coeficiente emocional alto (inteligente desde el punto de vista emocional), que le trata con cuidado y compasión pero le hace sentir menos seguro del diagnóstico?
Muchas personas probablemente elegirían al médico con un CI alto, independientemente de su trato con el paciente, pero ¿qué ocurriría si todos los médicos dispusieran de una máquina de diagnóstico basada en inteligencia artificial (IA) capaz de ofrecer un diagnóstico altamente preciso? Muchas personas elegirían entonces médicos con un CE alto, médicos que se pondrían en su situación, se comunicarían con compasión con usted y su familia y le tratarían con calidez y cuidado.
Aun así, querría un médico sabio que no siga ciegamente un diagnóstico basado en IA. Esperaría que el médico equilibrara las capacidades diagnósticas de la IA con un buen razonamiento crítico y una comprensión profunda de las fortalezas y limitaciones de la IA. El médico debería ser capaz de contextualizar sus circunstancias y su situación más allá de lo que la IA recoge en sus algoritmos, como la situación familiar o las creencias religiosas, demostrando empatía no solo en el diagnóstico y el tratamiento, sino también en la forma en que se le prestan estos servicios.
Por ello, las personas deben adoptar una nueva forma de inteligencia humana, más allá del CI y el CE, para tener éxito en la era de la IA: la inteligencia digital (CD), que les permite utilizar la tecnología de forma eficaz en beneficio propio, de los demás y de la sociedad en su conjunto. Si a una persona con un CI alto se la describe como inteligente, y a una persona con un CE alto como empática, a una persona con un CD alto se la podría describir como sabia.
La inteligencia ha sido la razón de ser de la humanidad en la Tierra, ya que, hasta ahora, nosotros hemos sido los únicos amos inteligentes del planeta. Con la rápida evolución de la IA, que pronto tendrá una «inteligencia» superior a la humana, debemos plantearnos esta pregunta fundamental desde una nueva perspectiva: ¿qué medidas adoptaremos para que los seres humanos sigan siendo los amos en la era de la IA?
Ante la amenaza tangible de las armas basadas en IA, la respuesta inmediata ha sido incorporar la ética de la IA (principios éticos que garantizan que no se cause ningún daño a los seres humanos) en todas las máquinas de IA. Los defensores de los derechos humanos sostienen la necesidad de un marco ético que garantice que la IA no cause daño a las personas ni a la sociedad, pero esto no basta. La IA está en todas partes, desde los teléfonos inteligentes que llevamos en el bolsillo hasta los dispositivos multimedia de asistencia virtual de nuestros salones y el correo electrónico del trabajo. Nuestros datos se capturan y se devuelven a la maquinaria de IA cada segundo, en todas partes. Por ello, lo más urgente es que cada persona se convierta en una ciudadana digital ética. De hecho, los principios éticos y morales están en el núcleo mismo de lo que hace humano al ser humano.
Así, el ADN digital (los elementos básicos de la inteligencia digital) gira en torno a la regla de oro de «trata a los demás como quieres que te traten». Consta de ocho componentes éticos que abarcan todas las dimensiones de nuestra vida digital y que se centran en el respeto a uno mismo, al tiempo y al entorno, a la vida, a la propiedad, a las familias y a los demás, a la reputación y las relaciones, al conocimiento y a la dignidad humana.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente a la Cuarta Revolución Industrial?
El Centro para Tecnologías de Frontera e Innovación reúne a científicos, responsables de políticas y líderes empresariales para comprender las tecnologías emergentes y sus implicaciones en el mundo real.
Al facilitar la colaboración y la experimentación, el Centro ayuda a sus socios a traducir la innovación de la investigación en aplicaciones prácticas que abordan desafíos globales compartidos.
Irónicamente, esta sabiduría de más de 2000 años se aplica a la era de la IA, no tanto en contextos religiosos y morales como en las competencias prácticas necesarias para la vida y el trabajo cotidianos. Se traduce en competencias prácticas del CD que pueden aprenderse, desde la seguridad en línea y la alfabetización en IA hasta la preparación laboral que las personas necesitan para estar listas para la vida y el trabajo en la era de la IA.
Analicemos el proceso humano de toma de decisiones a partir de los cinco pasos siguientes:
1) recopilar los datos de que disponemos (obtención y síntesis de información);
2) desarrollar información que no tenemos (predicción);
3) juzgar a partir de la predicción (juicio);
4) tomar decisiones basadas en juicios (decisión);
y 5) actuar en función de la decisión elegida (acción).
En la era de la IA, las máquinas cubren de forma eficaz los dos primeros pasos: la obtención y síntesis de información, y la predicción. La inteligencia digital de las personas debe cubrir los tres pasos restantes, relativos al proceso de toma de decisiones que tiene su raíz en el ADN digital. Tomamos decisiones evaluando el equilibrio entre las circunstancias actuales y las posibles consecuencias, sobre la base de los resultados de la predicción y de los principios éticos.

Volviendo al ejemplo del médico, estas son ocho competencias del CD arraigadas en el ADN digital que se requieren para formar a los mejores médicos en la era de la IA:
Identidad digital (respeto a uno mismo): Tener autoeficacia como médico digital capaz de utilizar la IA en el mejor interés de los pacientes;
Alfabetización digital (respeto al conocimiento): Comprender la tecnología de la IA y saber cómo utilizar mejor sus funciones de generación de conocimiento y de predicción como parte de los procesos de toma de decisiones;
Seguridad digital (respeto a la propiedad): Saber cómo abordar los problemas de ciberseguridad relacionados con los sistemas médicos digitales y los datos de los pacientes;
Uso digital (respeto al tiempo y al entorno): Utilizar la IA como herramienta complementaria de forma equilibrada, comprendiendo sus fortalezas y limitaciones;
Protección digital (respeto a la vida): Conocer los riesgos potenciales asociados a la tecnología y cómo mitigarlos;
Inteligencia emocional digital (respeto a las familias y a los demás): Elegir un método de tratamiento que tenga en cuenta la situación, la situación financiera, las emociones y el estado del paciente, con empatía;
Comunicación digital (respeto a la reputación y las relaciones): Ser consciente de que cualquier información comunicada sobre un paciente, en línea o fuera de línea, puede pasar a formar parte de una huella digital y de «datos» de retroalimentación que pueden dañar la privacidad y la reputación de un médico y de los pacientes;
Derecho digital (respeto a la dignidad humana): Comprender los derechos de los pacientes sobre sus datos personales y su privacidad.
Los principios éticos ya no son solo una brújula moral para las personas; en lo que respecta a nuestro ADN digital, se convertirán en nuestra forma de hacer negocios y de vivir. Este ADN permitirá a los seres humanos recuperar el control en la era de la IA y ser dueños de la tecnología, en lugar de sus esclavos.


