No es un buen momento para ser internacionalista y buscar soluciones globales a problemas globales, en medio de lo que parece ser una de las periódicas inclinaciones de la historia hacia la división.
Y, sin embargo, irónicamente, estamos al borde de una nueva era de interconexión, en la que la vida cotidiana de las personas de todo el planeta estará más entrelazada que nunca. Los avances tecnológicos darán paso a la era de las telecomunicaciones de quinta generación, o 5G. Y, si el pasado sirve de prólogo, esta evolución tecnológica provocará cambios sociales drásticos.
La primera generación de comunicaciones móviles, con teléfonos del tamaño de un ladrillo, ofrecía a un puñado de usuarios llamadas de voz analógicas caras y, a menudo, poco fiables. La segunda generación introdujo un servicio de voz digital con menos probabilidades de interrumpirse, disponible para muchas más personas y, en última instancia, más barato. La 3G dio paso a la internet móvil, la informática móvil y la proliferación de aplicaciones. La 4G (a menudo llamada LTE) hizo posible todo lo que hoy esperamos de la banda ancha móvil: retransmisión de vídeo y audio; solicitar un viaje al instante; la explosión de las redes sociales.
Damos por sentada toda esta conectividad, pero la ingeniería que hoy alberga el dispositivo que llevas en el bolso o en el bolsillo habría parecido imposible hace menos de 20 años.
Entonces, ¿adónde nos llevará el 5G?
Imaginemos un mundo en el que estén conectadas no solo las personas, sino también todas las cosas: los coches con las carreteras por las que circulan; los médicos con los dispositivos médicos personales de sus pacientes; la realidad aumentada disponible para ayudar a las personas a comprar, aprender y explorar estén donde estén. Esto exige un aumento enorme del nivel de conectividad.
El 5G es la respuesta tecnológica: permite miles de millones de nuevas conexiones y hace que sean seguras e instantáneas. El 5G tendrá repercusiones en todos los sectores —la automoción, la atención sanitaria, la fabricación y la distribución, los servicios de emergencia, por nombrar solo algunos—. Además, está diseñado deliberadamente para que estos sectores puedan aprovechar la conectividad celular de formas antes imposibles y ampliar su uso a medida que se extienda el 5G.
Pero el cambio de generación en las comunicaciones móviles no ocurre de la noche a la mañana. Requiere un esfuerzo considerable en investigación y desarrollo, así como los recursos necesarios para respaldarlo. El trabajo en la 4G llevó casi una década y los desafíos no fueron fáciles. Pensemos en uno de los decenas de miles de problemas que hubo que resolver, tal como lo describe un ingeniero de Qualcomm, donde se inventó gran parte de esta tecnología:
«Cuando la señal sale de la estación base, puede sufrir una pérdida de hasta 130 decibelios antes de llegar al teléfono móvil. Para poner esa pérdida en perspectiva, si consideramos que la potencia de la señal transmitida equivale aproximadamente al tamaño de la Tierra, la potencia de la señal recibida sería equivalente al tamaño de una bacteria diminuta».
Se trata de una pérdida de potencia enorme, y compensar sus efectos sobre las palabras, imágenes y otros datos que enviamos y recibimos por las ondas de radio de forma transparente, fluida e instantánea requiere una ingeniería realmente impresionante.
Pero no estábamos solos. La cooperación internacional en ingeniería que requiere desarrollar un estándar de telecomunicaciones demuestra cuánto se puede lograr cuando distintas partes nacionales, comerciales y científicas trabajan juntas por el bien común.
Al igual que la 3G y la 4G, la 5G es responsabilidad de la organización de normalización 3GPP, donde las pocas empresas que inventan tecnologías se reúnen con muchas, muchas más que desarrollarán productos para implementarlas.
Pensemos un momento en este proceso: ingenieros de empresas rivales que inventan tecnologías, fabricantes de productos competidores y operadores de redes inalámbricas rivales, todos de distintos países y continentes, debaten, prueban y se esfuerzan por perfeccionar decenas de miles de soluciones técnicas diferentes que, en última instancia, conforman un estándar como el 5G.
Evalúan cada solución técnica según sus méritos y mediante un proceso de creación de consenso. Este proceso ha sido la base de una revolución tecnológica que dio origen a innumerables nuevas industrias, millones de nuevos puestos de trabajo yun crecimiento económico muy superior a 1 billón de dólares.
Es la fusión del interés comercial propio con el reconocimiento de que algunos problemas se resuelven mejor trabajando juntos. Y no es un mal modelo de comportamiento humano si queremos alcanzar este año el objetivo del Foro Económico Mundial de abordar los problemas de «un mundo fracturado».
Se espera que las ventajas y los beneficios de la tecnología 5G estén disponibles en algún momento de 2019. Creemos que la 5G cambiará el mundo de forma aún más profunda que la 3G y la 4G; que será tan revolucionaria como la electricidad o el automóvil y beneficiará a economías y sociedades enteras.
Los países en desarrollo han igualado o superado a sus homólogos industrializados en el aprovechamiento de la implantación de la tecnología móvil, y hay motivos de sobra para pensar que la 5G tendrá un efecto igualador aún mayor que sus predecesoras.
Los economistas estiman que el impacto económico mundial de la 5G en nuevos bienes y servicios alcanzará los 12 billones de dólares para 2035a medida que la 5G lleve la tecnología móvil de conectar a las personas entre sí y con la información a conectarlas con todo.
Es probable que muchos de los beneficios aún no sean evidentes. Al principio, los operadores de redes inalámbricas se resistieron a las propuestas de ofrecer a sus clientes acceso móvil a internet y se preguntaban por qué lo querrían. Cuando empezó a adoptarse la 4G, nadie podía haber predicho los nuevos modelos de negocio surgidos gracias a la banda ancha móvil, como Uber, Spotify y Facebook.
Ahora, según la Oficina Europea de Patentes, el número de solicitudes de patente relacionadas con «objetos inteligentes conectados» ha aumentado un 54 %en los últimos tres años, lo que apunta a que surgirán nuevas invenciones relacionadas, aún desconocidas, incluso antes de que esté disponible la 5G.
Esta noticia debería animarnos en medio de los sombríos comentarios sobre la situación mundial. Todavía hay esperanza en lo que somos capaces de lograr.




