Se prevé que, para 2030, 210 millones de personas en todo el mundo cambien de ocupación. Eso equivale a la población actual de Brasil o al 40 % de la Unión Europea.
¿Por qué sucede esto? Las alteraciones en el empleo se deben a diversas fuerzas, entre ellas la industrialización, la globalización, la digitalización y la automatización. Hasta 800 millones de trabajadores de todo el mundo corren el riesgo de sufrir alteraciones en su empleo de aquí a 2030.
Desde que la automatización de la agricultura provocó que el 60 % de la fuerza laboral de Estados Unidos y Europa pasara de las granjas a las fábricas, la economía mundial no había experimentado una transformación tan profunda. Pero, mientras que la transición desde la agricultura llevó más de un siglo, esta ola de cambio podría desplazar al 10 % de la fuerza laboral mundial en menos de 15 años. Para adaptarnos, necesitaremos opciones educativas flexibles que ayuden a nuestra fuerza laboral a adquirir nuevas competencias.

Está muy extendida la idea de que el futuro será una carrera frenética por adquirir competencias tecnológicas difíciles que quedarán obsoletas rápidamente, y de que todos necesitaremos vías para acceder a empleos completamente nuevos más pronto que tarde. «De mineros del carbón a mineros de datos» se ha convertido en una forma abreviada de expresar esta idea en Estados Unidos. A pesar de lo pegadiza que es la frase, hay varias razones por las que una reconversión profesional tan completa y ambiciosa no siempre será la mejor opción, ni siquiera necesaria.
Cuando el objetivo es cambiar por completo de profesión, la formación consume dinero y tiempo. Algunos programas de reconversión profesional pueden durar hasta dos años. Dado que la vida útil media de una competencia técnica es ahora de apenas cinco años, necesitamos opciones educativas capaces de seguir el ritmo del cambio.
Entonces, ¿qué podemos hacer ahora para prepararnos para el futuro?
Debemos hacer un balance de las competencias que ya tenemos
En la mayoría de los casos, la automatización no se hará cargo de empleos enteros, sino de partes de ellos. A medida que las nuevas herramientas digitales transformen nuestro trabajo, también cambiarán las competencias que utilizamos.
Pensemos en el bibliotecario que puede delegar en un robot inteligente la búsqueda de libros mal colocados y dedicar su tiempo a ayudar a los estudiantes a investigar. Pensemos en el cajero bancario que podría delegar en un cajero automático el recuento y la entrega de efectivo, y centrarse en ayudar a los clientes a entender sus finanzas.
En ambos casos, una vez automatizadas las tareas rutinarias, adquieren mayor importancia las llamadas competencias blandas, como la percepción social, la resolución de problemas y la enseñanza. A medida que la automatización afecte a distintas partes de nuestras empresas, necesitaremos nuevas competencias para una fuerza laboral que tendrá más tiempo y energía para utilizarlas.
El reto será hacer coincidir las competencias necesarias con la disponibilidad de nuevos trabajadores. Si agilizamos ese proceso, sobre todo dentro de nuestras propias empresas, generaremos nuevo valor y amortiguaremos el impacto de la automatización en los trabajadores y sus organizaciones.
Recientemente, se han realizado grandes esfuerzos para cuantificar y estandarizar credenciales, como títulos, certificados y licencias. Tendremos que hacer lo mismo con las competencias del futuro, sobre todo con las llamadas «blandas», cada vez más importantes, como la flexibilidad cognitiva, la coordinación y la resolución de problemas complejos.

La alfabetización digital básica es más importante —y está menos extendida— de lo que se podría pensar
Aunque gran parte de la atención sobre el desplazamiento laboral impulsado por la tecnología se centra en la automatización, muchos empleos aún no se han transformado con herramientas digitales más sencillas, como el correo electrónico, las hojas de cálculo y las bases de datos. A medida que las herramientas digitales se extiendan más allá de la oficina, los puestos que antes eran analógicos, como los de mecánico de automóviles o cuidador domiciliario, dependerán cada vez más de las herramientas digitales.
Este cambio brinda enormes oportunidades. Pero podríamos estar mucho mejor preparados para aprovecharlas. Las tareas digitales básicas suelen suponer un obstáculo para hasta un tercio de la población de países industrializados como Estados Unidos, Japón y Alemania, según la OCDE.
Antes de considerar programas que requieren mucho tiempo y dinero para adquirir las llamadas competencias digitales «avanzadas», como la programación, tiene sentido invertir en formación de corta duración para desarrollar competencias digitales básicas. Esto permitirá a muchas personas abrirse camino en la economía del siglo XXI.
Necesitamos una mentalidad orientada al aprendizaje
Casi el 9 % de los empleados de Estados Unidos no cuenta con todas las competencias o cualificaciones que exige su puesto. En algunas partes de Europa, la cifra puede llegar al 14 %. Esta brecha es un problema, pero también representa una gran oportunidad educativa.
Para cualquiera que quiera seguir siendo competitivo ante las nuevas tecnologías, adoptar el hábito de aprender de forma continua y por iniciativa propia es una manera de adelantarse. No hace falta convertirse en programador de la noche a la mañana, ni siquiera cambiar de profesión por completo. Pero es fundamental mantenerse al tanto de cómo las tendencias digitales transformarán nuestro sector.
Por suerte, la misma tecnología que ha causado tantas alteraciones también puede ayudarnos a adaptarnos. Aprender nuevas competencias ahora requiere solo unos pocos clics en un teléfono inteligente, una tableta o un ordenador. La matriculación mundial en los MOOC —cursos masivos en línea ofrecidos por universidades y empresas acreditadas— ha alcanzado cifras récord en los últimos seis años. También aumentan las alianzas público-privadas entre empresas que necesitan trabajadores y centros de enseñanza superior que buscan preparar a sus estudiantes.
Es un buen comienzo. Pero, si queremos aprovechar las oportunidades que ofrecen la digitalización y la automatización, debemos ampliar los nuevos métodos educativos y adoptar nuevas actitudes con mayor rapidez. Como personas, debemos responsabilizarnos de nuestro propio aprendizaje. Quienes podemos influir en las políticas de los sectores público y privado debemos crear oportunidades de aprendizaje allí donde podamos. Para adquirir nuevas competencias, contamos con las herramientas. Solo necesitamos la voluntad de usarlas.

