¿Cómo podemos frenar la propagación de la COVID-19 en las escuelas?

A student takes away her mask as she eats lunch at Wilder Elementary School in Louisville, KY, Kentucky.
Cases of COVID-19 have surged in the US, coinciding with when schools were due to return after summer.Image: REUTERS/Amira Karaoud
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  • Los casos de COVID-19 han empezado a dispararse en Estados Unidos, impulsados en gran medida por la variante delta.

  • Coincide con la fecha prevista para el regreso a las aulas.

  • Un epidemiólogo explica qué medidas ayudarán a frenar la propagación de la COVID-19 y cuáles no.

  • Explica que las vacunas y las mascarillas funcionan bien, pero que las barreras de metacrilato y los controles de temperatura probablemente no merecen el esfuerzo.

Justo cuando los centros escolares se preparaban para reabrir con el nuevo curso escolar, los casos de COVID-19 empezaron a dispararse en Estados Unidos, impulsados en gran medida por la más contagiosa variante delta. Los responsables escolares de todo el país trabajan para que los alumnos vuelvan a las aulas de forma segura, sin dejar de ofrecerles un entorno de aprendizaje enriquecedor.

Como epidemiólogo especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Washington, llevo el último año y medio trabajando con un grupo de epidemiólogos y profesionales sanitarios para recopilar, revisar y evaluar las pruebas científicas sobre la COVID-19 para los organismos de salud pública estatales y locales.

Nuestro grupo concluyó que las vacunas y el uso de mascarillas funcionan bien para prevenir brotes de COVID-19 en las escuelas, pero que otras estrategias, como las barreras de metacrilato y los controles de temperatura, probablemente no merecen el esfuerzo.

Lo que funciona

Una vacuna contra la COVID-19 es la herramienta más importante para prevenir la COVID-19 en las escuelas, al igual que en casi cualquier otro lugar. Se ha demostrado que todas las vacunas autorizadas actualmente en EE. UU. ayudan a prevenir las infecciones y protegen contra la enfermedad moderada y grave. Algunas variantes, como la delta, pueden tener más probabilidades de causar infecciones en personas vacunadas, pero las vacunas han demostrado protección frente a la enfermedad sintomática causada por la delta.

Cuantas más personas vacunadas haya en un centro escolar, menor será el riesgo de brote en el centro y menor la probabilidad de que alguien desarrolle una enfermedad grave si se producen infecciones. Las vacunas contra la COVID-19 están disponibles actualmente para cualquier persona de 12 años o más, y es posible que al menos una de las vacunas sea autorizada para los niños en edad escolar más pequeños a finales de 2021 o a principios de 2022.

Las mascarillas también son importantes. No todo el mundo en un centro escolar puede o quiere vacunarse, y también existe el riesgo de infecciones en personas vacunadas, sobre todo por la variante delta. Las mascarillas reducen el riesgo de que una persona infectada transmita el virus y ofrecen cierta protección a quien la lleva frente a contagiarse. Durante el curso académico pasado se demostró que el uso de mascarillas reducía la propagación de la COVID-19 en las escuelas. Además, las mascarillas no alteran la jornada escolar como podrían hacerlo otras medidas, como mantener a los alumnos en grupos fijos o acortar la jornada escolar para establecer turnos.

Lo que probablemente no merece el esfuerzo

Otras medidas de prevención han tenido una eficacia limitada en algunos entornos, pero probablemente no merece la pena el coste y el esfuerzo de aplicarlas en la mayoría de los centros escolares.

Las barreras de metacrilato, habituales en empresas y otros espacios, pueden ser caras y tienen poco efecto para prevenir la transmisión por aerosoles en los centros escolares. En algunas situaciones, las barreras como las mamparas de pupitre pueden incluso aumentar el riesgo de transmisión al reducir la circulación del aire.

Los controles diarios de temperatura y el cribado de síntomas tampoco han demostrado ser una forma eficiente de prevenir la COVID-19 en espacios públicos. Este enfoque no detecta los casos asintomáticos, que son especialmente frecuentes entre los niños y los adultos jóvenes. Aun así, los alumnos, el profesorado y el personal deben quedarse en casa hasta obtener una prueba negativa si presentan síntomas de COVID-19 o han estado en contacto con alguien que tenga la COVID-19.

Otras políticas pueden reducir la transmisión, pero pueden alterar el funcionamiento para el alumnado, como el distanciamiento físico de al menos 6 pies o la separación de los alumnos en grupos que no pueden mezclarse. Si los alumnos llevan mascarilla, y sobre todo si la mayoría está vacunada, es improbable que estas medidas aporten mucha más protección. Los CDC recomiendan actualmente una distancia de 3 pies en las escuelas cuando sea posible y medidas de prevención en varias capas cuando no lo sea.

Tampoco probablemente merezca la pena hacer pruebas a todo el mundo de forma habitual. Las pruebas frecuentes son caras, y los ejemplos reales y los modelos matemáticos indican que las pruebas rutinarias a personas asintomáticas para detectar la COVID-19 en las escuelas aportan poco beneficio adicional a la vacunación y el uso generalizado de mascarillas. Sin embargo, los CDC sí incluyen algunas pruebas a personas asintomáticas en las escuelas como uno de los posibles componentes de una estrategia de prevención en capas.

Qué hacer con el almuerzo

Cuando hablo con los responsables escolares sobre la reapertura segura, una de las preguntas más frecuentes que me plantean es cómo organizar la hora del almuerzo, cuando los alumnos están reunidos y no siempre pueden llevar mascarilla. Muchos centros incluyeron el almuerzo durante el último año sin provocar brotes de COVID-19, lo que indica que el almuerzo puede realizarse de forma segura.

Hay pocas pruebas directas sobre el riesgo de transmisión al comparar distintos enfoques para el problema del almuerzo, pero existen algunos principios básicos orientativos.

Los alumnos deben llevar mascarilla siempre que no estén comiendo activamente. Por muy difícil que resulte gestionar un comedor bullicioso, gritar, cantar y hablar en voz alta propagan más el virus y deben desalentarse, sobre todo sin mascarilla. Y la buena ventilación, especialmente en los espacios donde la gente come, es importante.

Los alumnos también deben mantener la distancia entre ellos mientras comen. Los centros pueden plantearse ofrecer más turnos de almuerzo, que los niños coman en sus aulas o usar otros espacios del centro para reducir las aglomeraciones.

Riesgos fuera de la escuela

El principal factor que impulsa la COVID-19 en niños, docentes y familias no es la escuela –es el nivel de transmisión comunitaria.

Dado lo que sabemos actualmente, las escuelas pueden seguir funcionando de forma presencial sin una transmisión generalizada relacionada con los centros escolares. Cuando la transmisión comunitaria es alta, los centros deben extremar las precauciones para seguir sus estrategias de prevención. Pero la principal forma de proteger a los alumnos es frenar la propagación de la COVID-19 fuera de la escuela.

Lo que todavía no sabemos

No está claro cómo el auge de la variante delta afectará a la vuelta al colegio. Las personas infectadas con delta tienden a transmitir más el virus que las infectadas por otras cepas, y las infecciones en personas vacunadas causadas por esta variante pueden provocar brotes importantes cuando no se aplican otras medidas de prevención. Confiar únicamente en las vacunas para controlar la COVID-19 no parece una estrategia ganadora.

Cada vez se infectan más niños durante el repunte de la variante delta. En julio y agosto de 2021 se produjeron fuertes aumentos del número total de niños identificados con infecciones y hospitalizados por COVID-19. Pero el número de casos en la población general también ha aumentado. Solo se ha registrado un aumento moderado de la proporción de casos de COVID-19 en niños con respecto a otros grupos de edad, lo que podría deberse a que los niños representan una proporción cada vez mayor de los no vacunados.

La COVID-19 nunca deja de dar sorpresas. Muchos aspectos del próximo curso escolar siguen siendo desconocidos, pero, aprendiendo de lo que funcionó y de lo que no funcionó el curso pasado, tenemos pruebas de que en la mayoría de las situaciones los alumnos pueden volver al colegio de forma presencial y segura, siempre que estas medidas de prevención en capas se apliquen y se cumplan.

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