¿Cómo pueden las empresas mejorar el mundo?

¿Cómo pueden las empresas mejorar el mundo?
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El mes pasado, en el Foro Económico Mundial de Davos, me uní a 2.500 líderes mundiales de los sectores empresarial, gubernamental, académico y artístico para debatir sobre la situación del mundo. Era mi 14.ª visita a Davos y, como en años anteriores, la agenda estaba repleta de sesiones sobre la economía mundial, los riesgos ambientales, la geopolítica y la atención sanitaria.

Como era de esperar, la tecnología pasó de ser uno de muchos temas de conversación a formar parte esencial de todas las conversaciones en Davos. Cada día, el mundo está más conectado y abierto. Ericsson prevé que para 2020, el 90 por ciento de la población mundial mayor de 6 años tendrá un teléfono móvil. El teléfono móvil acelera todo y democratiza la comunicación, la información, el conocimiento e incluso el comercio. Como escribió la Fundación Gates en su carta de 2015, tener un teléfono móvil abre un amplio abanico de posibilidades para el progreso económico, como disponer de una cuenta bancaria por primera vez y acceder a la educación en línea.

Desigualdad, cambio climático, desempleo

Pero, a lo largo de la conferencia, los efectos debilitantes de la desigualdad económica y los crecientes peligros del cambio climático estuvieron en el centro de los debates. El aumento del desempleo juvenil es una fuente constante de inestabilidad, que se ve agravada por la próxima ola de inteligencia artificial y robótica. La ONU estima que hay más de 200 millones de personas desempleadas en todo el mundo: 33 millones en Estados Unidos y Europa. El desarrollo del talento, el aprendizaje permanente y la reinvención profesional serán fundamentales para abordar el problema mundial del desempleo.

Tal como se practica hoy, el capitalismo se convierte con demasiada frecuencia en una carrera hacia el fondo. En las economías de bajo crecimiento, centrarse en las ganancias por acción (EPS) está provocando más desempleo y una desigualdad cada vez mayor. Según Oxfam, se prevé que el 1 por ciento más rico del mundo posea más del 50 por ciento de la riqueza mundial para 2016. De hecho, hoy apenas 80 personas poseen tanta riqueza como más de 3.500 millones de personas. ¿Qué pasaría si esas 80 personas decidieran simplemente devolver una gran parte de su riqueza antes de morir? ¿Qué avances podríamos lograr?

Se estima que las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera están en su nivel más alto de los últimos 800.000 años, y existen pruebas sólidas de que el cambio climático podría tener efectos profundamente adversos en el desarrollo económico y humano. El nivel de los océanos ha alcanzado cotas récord y aumenta un promedio de 3,2 milímetros al año, aproximadamente el doble del promedio de los 80 años anteriores.

Como dijo en Davos el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon: «Somos la primera generación que puede poner fin a la pobreza y la última que puede tomar medidas para evitar los peores efectos del cambio climático. Las generaciones futuras nos juzgarán con dureza si no cumplimos con nuestras responsabilidades morales e históricas».

El imperativo para los líderes

Ahora tenemos el imperativo de abordar la creciente disparidad económica y los peligros ambientales, que avivan las tensiones geopolíticas en todo el mundo, y de reevaluar el papel que las empresas pueden desempeñar para mejorar el mundo para las generaciones futuras.

El célebre economista Milton Friedman predicaba que la función de las empresas era realizar actividades destinadas a aumentar las ganancias. Se equivocaba. La función de las empresas no consiste solo en generar ganancias para los accionistas: también consiste en mejorar la situación del mundo y crear valor para las partes interesadas.

Esa era la visión del profesor Klaus Schwab cuando fundó el Foro Económico Mundial en 1971, y sigue siendo el principio fundamental que sustenta el encuentro anual de Davos. Cree que tenemos el imperativo de pasar de crear valor para los accionistas a crear valor para las partes interesadas. Su «teoría de las partes interesadas» sostiene que la dirección de una empresa no solo debe rendir cuentas a los accionistas, y que las empresas deben centrarse en servir los intereses de todas las partes interesadas: clientes, empleados, socios, proveedores, ciudadanos, gobiernos, el medio ambiente y cualquier otra entidad afectada por sus operaciones.

Una nueva definición del éxito

Para tener éxito en los negocios, tenemos que estar dispuestos a adoptar la teoría de las partes interesadas. Cuando lancé Salesforce, creamos la Fundación Salesforce, una organización benéfica pública 501(c)(3), y el modelo 1-1-1 de filantropía integrada: donar a nuestras comunidades y causas el 1 por ciento de las acciones, del tiempo de los empleados y de los productos, respectivamente. Es parte integral de los valores de nuestra empresa y de nuestros empleados, y se ajusta a la idea de que ninguna empresa debería estar en conflicto con su comunidad, ya sea un pequeño pueblo o el mundo entero.

Pero tenemos que hacer más. Debemos generar niveles de confianza y transparencia radicalmente más altos con todas las partes interesadas. Necesitamos legiones de «activistas de las partes interesadas» que procuren exigir responsabilidades a las empresas ante todos sus grupos constituyentes, yendo más allá de la función de los activistas inversores, que se centran en exigir cuentas a los directores ejecutivos y los consejos de administración en lo relativo al precio de las acciones.

En última instancia, la forma más eficaz de crear valor para los accionistas es servir los intereses de todas las partes interesadas.

La importancia de tener una misión

Hace poco, analistas de Wall Street preguntaron a Mark Zuckerberg si las iniciativas de Facebook para conectar a Internet a personas de países menos desarrollados deberían importar a los inversores. «Es importante para el tipo de inversores que queremos atraer, porque somos una empresa realmente centrada en una misión. Nos levantamos cada día y tomamos decisiones porque queremos ayudar a conectar el mundo. Eso es lo que estamos haciendo aquí», dijo Zuckerberg. «Si solo nos centráramos en ganar dinero, quizá dedicaríamos toda nuestra energía a aumentar los anuncios dirigidos a personas de Estados Unidos y de los demás países más desarrollados, pero eso no es lo único que nos importa aquí». Con el tiempo, llevar Internet a comunidades desatendidas será un buen negocio para Facebook.

Cuando escribí mi libro de 2004, Capitalismo compasivo, inspirado por el profesor Schwab, escribí: «La ventaja competitiva que se obtiene al ser una empresa solidaria y generosa es considerable; inculca en las personas que trabajan en ella un mayor nivel de integridad. A su vez, las partes interesadas quieren asociarse con una empresa que tiene corazón. El servicio a la comunidad: se presta porque es lo correcto, pero también porque es rentable».

Este artículo se publica en colaboración con The Huffington Post. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Marc Benioff es presidente y director ejecutivo de Salesforce, una empresa de computación en la nube.

Imagen: Un periodista solicita hacer una pregunta mientras el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se dirige a una rueda de prensa del BCE. REUTERS/Kai Pfaffenbach.

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