El fin de la «muerte de las ciudades»
Hace cuarenta años, un amplio movimiento okupa se estaba afianzando en el centro de Ámsterdam. No era tanto una expresión del radicalismo de izquierdas como de la desolación de la ciudad. Tras 25 años de descenso demográfico, muchos edificios vacíos no tenían un uso mejor. Por la misma época, Times Square, en Nueva York, albergaba principalmente sex shops. Simplemente no había ningún uso alternativo para el espacio disponible. Era una época en la que se hablaba de «la muerte de las ciudades». ¿Qué utilidad tenía para la humanidad moderna aglomerarse en ciudades muy congestionadas, cuando el teléfono y el fax facilitaban tanto la comunicación a larga distancia que la proximidad física parecía irrelevante? Estas historias son solo dos ejemplos del gran cambio en las perspectivas de las ciudades durante las últimas cuatro décadas, descrito con tanta viveza en «Triumph of the City», de Edward Glaeser (2011). El movimiento okupa de Ámsterdam se desvaneció mientras se disparaba la demanda de viviendas y oficinas. Hoy, Times Square se ha convertido en el animado centro del distrito teatral de Nueva York.
Cómo explicar el cambio de fortuna
¿Qué explica este inesperado cambio de fortuna? ¿Por qué han surgido las ciudades como centros de actividad económica en una época en la que Internet parece ser el «callejón sin salida» de la distancia física? Esa es la pregunta que planteamos en nuestro nuevo libro «Cities and the Urban Land Premium». Varios autores señalan la misma dirección: los efectos indirectos y la concentración del capital humano. Gennaioli et al. (2014) muestran cómo, dentro de los países, el capital humano se concentra en un pequeño número de regiones. La prima del PIB per cápita regional es del 20 % o más por cada aumento anual del nivel educativo medio de una región. Este rendimiento supera con creces cualquier estimación razonable del rendimiento privado del capital humano. Desmet y Rossi-Hansberg (2008) se centran en el papel de las tecnologías de uso general. En las décadas de 1920 y 1930, esa tecnología era la electricidad. Desde 1990, es la tecnología de la información. En ambos periodos, las industrias que más podían beneficiarse de estas tecnologías de uso general se trasladaron a la ciudad para facilitar la difusión de nuevas ideas. El crecimiento del capital humano ha sido clave para el milagro económico del siglo XX, pero los frutos de ese capital solo podían cosecharse cuando las grandes mentes y las personas bien formadas se concentraban en las ciudades. Por tanto, el auge de la ciudad y el de la economía del conocimiento están estrechamente relacionados.
Cuando los efectos indirectos del conocimiento desempeñan un papel crucial en la economía moderna, las ubicaciones donde se concentra el talento más destacado son escasas y, por ello, las rentas del suelo en esas ubicaciones son elevadas. Sorprendentemente, el rendimiento social del capital humano se paga en forma de altas rentas del suelo en las ciudades.
En los Países Bajos, tanto Ámsterdam como Róterdam perdieron el 25 % de su población entre 1960 y 1980. Ámsterdam logró resurgir como punto de referencia para las personas con mayor nivel educativo, mientras que Róterdam todavía tiene dificultades, de forma similar a la diferencia entre los destinos de Boston y Detroit en Estados Unidos.
La paradoja es que la concentración de personas con mayor nivel educativo en determinadas ciudades deja casi vacías grandes zonas del país en todos los países de la OCDE, mientras que el suelo escasea en determinados puntos de mayor concentración.
Por ello, las rentas del suelo representan una proporción cada vez mayor del PIB. Esto se debe a que, en la provisión de servicios de vivienda, la elasticidad de sustitución entre el suelo y la construcción es inferior a uno (véase Teulings et al. 2015 para los Países Bajos, y Albouy y Ehrlich 2012 para Estados Unidos). Por tanto, el aumento de las rentas del suelo en la ciudad compensa con creces el descenso en el campo. Los beneficios de aglomeración impulsados por los efectos indirectos del conocimiento son, por tanto, una de las principales explicaciones del aumento de la proporción de la vivienda en el stock de capital de muchos países desarrollados, tal como se recoge en «Capital in the 21st Century», de Thomas Piketty (2014), además de la tendencia a la baja de las tasas reales de rentabilidad (véase el debate sobre el estancamiento secular).
Externalidades y rentas
Los efectos indirectos del conocimiento implican que las ciudades son un punto focal de externalidades vinculadas a la ubicación. Las rentas del suelo expresan estas externalidades. La renta de una ubicación es elevada no por las características de la propia ubicación, sino por lo que ocurre en los lugares cercanos. Es un claro ejemplo de externalidad: el valor de su propiedad depende de las acciones de los propietarios de las propiedades vecinas. Estas externalidades ofrecen un argumento de manual a favor de desarrollar políticas públicas a escala municipal y de por qué un impuesto Henry George sobre el valor del suelo es lo más eficiente. De hecho, puede demostrarse que el diferencial total de las rentas del suelo de una ciudad es un instrumento excelente para valorar las externalidades generadas por una ciudad. También permite valorar la contribución de los servicios de transporte público. En los Países Bajos, mostramos que estas externalidades representan aproximadamente el 3 % del PIB neerlandés.
Como ha demostrado la historia (véase, por ejemplo, lo ocurrido en Detroit o el descenso demográfico de Ámsterdam y Róterdam mencionado anteriormente), los éxitos actuales no ofrecen ninguna garantía de cara al futuro. Esto es lo que nos dice la ley de Gibrat: el crecimiento es independiente del tamaño actual. Por tanto, el crecimiento futuro es en gran medida independiente del éxito pasado. Los responsables políticos que intentan remar contra la corriente tienen pocas posibilidades de éxito. Una política eficaz exige «seguir la corriente». Las grandes inversiones en infraestructuras en una ciudad en declive no responden a ninguna demanda real, sino que generan una gran carga financiera para la población local, lo que hace que estas ciudades sean aún menos atractivas. Sin embargo, las políticas pueden marcar la diferencia en las ciudades en crecimiento. Para seguir figurando en la lista de los puntos de mayor interés, los responsables políticos de estas ciudades tienen dos ámbitos de actuación.
En primer lugar, la ciudad debe resultar atractiva para que los emprendedores innovadores y las empresas establezcan allí sus negocios.
En segundo lugar, la ciudad debe ser una opción atractiva para que el talento más destacado y con mayor nivel educativo viva en ella.
Las rentas del suelo ofrecen un instrumento excelente para analizar cuál de estos factores es más importante. Si la disponibilidad de empleo es lo que más influye en las rentas del suelo, el primer ámbito es el determinante más importante del éxito urbano. Si lo que más importa son las comodidades de consumo, ofrecer un entorno de vida atractivo para las personas con mayor nivel educativo es la clave del éxito.
Este es precisamente el análisis que realizamos en Cities and the Urban Land Premium. Incluso en un país pequeño como los Países Bajos, las rentas del suelo de los inmuebles residenciales varían drásticamente: desde 17€ por metro cuadrado en el noreste del país, cerca de la frontera alemana, hasta 3,500€ por metro cuadrado en el distrito de los canales de Ámsterdam. En promedio, las contribuciones de la disponibilidad de empleo y de las comodidades de consumo para explicar esta variación son aproximadamente iguales. Ambas explican alrededor del 35 % del diferencial de las rentas del suelo. Sin embargo, estas proporciones son solo promedios. La distribución de las comodidades de consumo presenta un sesgo muy pronunciado. Si nos centramos en Ámsterdam, con diferencia la ciudad más exitosa de los Países Bajos, las comodidades de consumo desempeñan un papel mucho más importante que la disponibilidad de empleo a la hora de explicar su éxito. En particular, su monumental distrito de los canales y su animada vida cultural dan a la ciudad una ventaja para atraer talento destacado, tanto del interior como del exterior de los Países Bajos. Esta conclusión se ve respaldada por los datos sobre los salarios: las diferencias salariales regionales son bastante reducidas. Las comodidades de consumo de Ámsterdam son una buena razón para que la gente acepte los elevados alquileres que debe pagar para vivir en esta ciudad. Los emprendedores no tienen que pagar salarios elevados para compensarlos.
Referencias
Albouy D y G Ehrlich (2012), «Metropolitan land values and housing productivity», documento de trabajo NBER 18110, Cambridge MA.
Desmet K y E Rossi-Hansberg (2008), «Spatial growth and industry age», Journal of Economic Theory, 144, 2477-2502.
Gennaioli N, R La Porta, F Lopez-de-Silanes y A Shleifer (2014), «Human capital and regional development», Quartely Journal of Economics, 128, 105-164.
Glaeser, E (2005), «Reinventing Boston: 1640-2003», Journal of Economic Geography, 5, 119-153.
Glaeser, E (2011), Triumph of the city; How our greatest invention makes us richer, smarter, greener, healthier, and happier, Macmillan, Londres.
de Groot, H, G Marlet, C Teulings y W Vermeulen (2015), Cities and the Urban Land Premium, Edward Elgar, Cheltenham.
Piketty, T (2014), Capital in the Twenty-First Century, Belknap Press, Cambridge, MA.
Teulings, C, I Ossokina y H de Groot (2014), «Welfare benefits of agglomeration and worker heterogeneity», documento de debate CEPR 10216, Londres.
Este artículo se publica en colaboración con Vox EU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Henri De Groot es profesor de Dinámicas Económicas Regionales en el Departamento de Economía Espacial de la Universidad VU de Ámsterdam. Gerard Marlet pertenece a Atlas voor gemeenten. Coen Teulings es profesor de Economía en la Universidad de Cambridge e investigador asociado del CEPR. Wouter Vermeulen es director de programas de Gobiernos Descentralizados en la Oficina de Análisis de Política Económica de los Países Bajos (CPB).
Imagen: Vista panorámica de Ámsterdam desde SkyLounge TRAVEL-AMSTERDAM/ REUTERS/Michael Kooren

