La pesadilla de Chipre comenzó en marzo de 2013. El sector bancario del país sufrió una repentina falta de liquidez. Los dos principales actores —Bank of Cyprus y Marfin Laiki Bank— estaban en peligro de colapsar, lo que habría provocado un enorme impacto negativo en la economía de la isla.
Y no era solo Chipre. Se temía que un colapso en el Mediterráneo agravara los problemas en Europa y más allá. Ante la posibilidad de un efecto dominó, los ministros de Finanzas del Eurogrupo (el principal foro para la gestión de la zona de moneda única) ofrecieron un rescate financiero de 10.000 millones de euros. Dieciocho meses después, el rescate había cambiado la vida de los chipriotas de a pie y enfrentado al país con las instituciones que habían acordado la operación.
Puntos de impacto
El acuerdo del Eurogrupo dejó su huella en todo el país. El comercio, la industria manufacturera y la construcción fueron los primeros sectores afectados, obstaculizados por la escasez de efectivo en sus cuentas para capear los problemas de financiación bancaria. Después llegó el desempleo, junto con efectos secundarios en la forma de vida de los ciudadanos, su estado psicológico y sus relaciones familiares.
Hablé con un comerciante de una tienda de ropa en Limassol, que resumió el problema a pie de calle:
El nivel de consumo es muy bajo, la demanda es insuficiente y estamos pensando en vender nuestros negocios porque no podemos hacer frente a la situación.
Los comerciantes están en primera línea y luchan por salir adelante. Hay casos de tiendas que se han visto obligadas a declararse en quiebra. Quizá no sea de extrañar, ya que sus clientes ven cómo caen sus ingresos y adaptan su forma de vida y la organización de sus hogares. Las estadísticas revelan que los salarios y las pensiones del sector público se redujeron entre un 9 % y un 15 % en 2014, y todos los indicios apuntan a que se mantendrán en esos niveles hasta 2015, año en que se espera una modesta recuperación, seguida de un lento fortalecimiento de la economía en 2016.
Ansiedad
Las estrategias para hacer frente a la situación resultarían familiares a cualquiera que haya perdido el empleo o sufrido una fuerte caída de sus ingresos, pero aquí esto ocurre a gran escala. Muchas personas se han visto obligadas a cambiar su estilo de vida. Un chipriota que trabaja en el sector de la construcción me dijo:
Eliminamos los gastos innecesarios e intentamos sobrevivir con lo esencial. Hemos limitado las compras, las salidas, la comida y los gastos de los niños.
Esta crisis también ha cambiado la psicología de la gente. Las tensiones van en aumento en los hogares y generan depresión y ansiedad ante el futuro. Una mujer de 35 años, casada y con tres hijos, que trabajaba como recepcionista de hotel, me dijo:
Ya no somos tan felices como antes. Siempre pensamos en cómo afrontar nuestros problemas. Tenemos un préstamo bancario y una hipoteca sobre la casa. Con el sueldo mensual reducido, no podemos pagar las cuotas mensuales. Nos preocupa acabar en la calle, sin hogar.
La tasa de desempleo de Chipre superaba el 17 % en marzo de 2014 y, aunque en los últimos meses se ha observado una caída considerable todavía no hay indicios claros de una estabilización real. Los graduados universitarios con un máster siguen trabajando a tiempo parcial como camareros o repartidores de pizza, y pueden ganar apenas 300 euros al mes. Ante las dificultades para pagar las facturas del agua y la electricidad y el alquiler, deciden emigrar en busca de mejores oportunidades laborales y salarios.
La política del rescate
No debería sorprender que los chipriotas culpen a quienes impusieron el rescate. Expresan su ira contra quienes llevaron a Chipre a la celda sin que hubiera sido condenado.
Muestran su descontento con la Unión Europea y sus Estados miembros, que no ofrecieron solidaridad a Chipre. Un pensionista de 70 años lo calificó de «genocidio». Expresó una opinión extendida: que se permitió que se vulneraran sin freno los derechos humanos de otros europeos.
Los empresarios y los comerciantes mayoristas siguen indignados también por el llamado «recorte» aplicado a las cuentas bancarias con más de 100.000 euros, impuesto para garantizar el rescate. Puede parecer que afecta únicamente al sector más rico de la sociedad, pero sus efectos se sienten en todas partes. Un empresario de la industria del cartón lo describió así:
… un saqueo sin precedentes contra el pueblo de Chipre que lleva a la quiebra de la economía del país y, en última instancia, de la de Europa, y deja a su gente sumida en la miseria y la pobreza.
Desavenencias internas
Los chipriotas con quienes he hablado sostienen que el gobierno anterior y sus partidos políticos llevaron a Chipre a este lamentable estado al no tomar las medidas necesarias. Una persona dijo:
Hemos aprendido cómo funcionan realmente los partidos políticos en Chipre.
Y la opinión no es favorable. Los políticos afirman que han aprendido de la crisis, pero pocos están convencidos. Una persona dijo:
El declive de la economía, cuya responsabilidad principal recae en el sistema político y bancario, ha suscitado dudas sobre las instituciones democráticas. Las políticas extremistas, la inacción y la sumisión servil han provocado un desastre económico y una parálisis social.
Seguir adelante
Sin embargo, hay un rayo de esperanza. Los chipriotas intentan adaptarse a la nueva situación. En cierto modo, creen que las cosas podrían haber sido aún peores, y el temor a nuevos desastres ha empezado a disiparse. Los jóvenes deben tener paciencia y comprender que la crisis actual no es permanente.
Y si la situación se calma, quizá sea el momento adecuado para que los chipriotas observen que el Fondo Monetario Internacional (FMI) no actuó de acuerdo con sus, en conjunto, benévolos Artículos del Acuerdo. Para quienes viven las consecuencias del rescate, esto demuestra que la idea que tiene el FMI de su propia misión ha cambiado y ahora refleja los intereses de fuerzas poderosas.
El presidente de la República de Chipre, Nicos Anastasiades —elegido por una amplia mayoría cuando la crisis alcanzaba su punto álgido y artífice del acuerdo del Eurogrupo en el plazo de un mes desde su llegada al cargo—, emitió un severo veredicto sobre el proceso en una entrevista con The Huffington Post:
Para ser sincero, me decepcionó la postura que adoptaron mis buenos amigos [en Europa] en este momento de necesidad, pero, lamentablemente, no se puede culpar solo a quienes están obligados a aplicar medidas de austeridad. El propio Estado también es responsable de cometer una serie de errores o de permitir que otros usaran el país como conejillo de Indias.
Él cree que se utilizó a Chipre para «experimentar» con un nuevo modelo para hacer frente a las crisis bancarias. Esta opinión lleva a muchos chipriotas a pensar que el rescate tiene todos los rasgos de una especie de neocolonialismo y encaja en la idea de que el FMI pretende dominar y someter a su control a los llamados países más débiles.
Según esta interpretación, los programas de préstamos como el impuesto al pueblo de Chipre son simplemente los mecanismos para lograrlo, y el FMI haría bien en ser más transparente sobre su nuevo conjunto de objetivos. Sin duda, esta interpretación tiene sentido para los comerciantes, los desempleados y los empresarios de Chipre.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Christina Ionela Neokleous es estudiante de doctorado en Contabilidad en la University of Essex.
Imagen: Pensionistas protestan en Nicosia. Katia Christodoulou/EPA.


