Para la mayoría de los países, el desarrollo y la industrialización están inextricablemente vinculados. Una corriente clásica de la literatura sobre desarrollo sostiene que, para los países más pobres, mejorar la productividad del sector agrícola puede dar el impulso inicial a la industrialización (p. ej., Rosenstein-Rodan 1943, Schultz 1953, Lewis 1954). Esta perspectiva ha influido en los responsables de formular políticas: según el Banco Mundial (2007), «hay muchos casos exitosos de la agricultura como motor del crecimiento en las primeras etapas del proceso de desarrollo».
Sin embargo, aunque la correlación entre la productividad agrícola y el tamaño del sector no agrícola es innegable, las pruebas empíricas de que los aumentos de la productividad agrícola causen industrialización son escasas. Es fácil imaginar un escenario alternativo en el que una mayor productividad agrícola aumente la rentabilidad de la agricultura y desplace al sector no agrícola. En la medida en que la productividad agrícola sí se traduzca en una mayor producción no agrícola, sabemos poco sobre cómo lo hace. ¿Reduce una mayor productividad agrícola la demanda rural de mano de obra, o los agricultores constituyen una fuente importante de demanda y capital para los industriales?
Las reformas agrícolas de China como experimento natural
Mi investigación aborda estas preguntas comparando condados de China que, en virtud de su aptitud relativa para los cultivos comerciales y los cereales, se beneficiaron en distinto grado de las reformas agrícolas de China de 1978–1984 (Marden 2014). Los condados aptos para los cultivos comerciales se beneficiaron más de las reformas y registraron un crecimiento más rápido de la producción agrícola. Parte de este aumento de la producción agrícola se ahorró, lo que incrementó la oferta de capital para las empresas locales no estatales y estimuló el crecimiento del sector no agrícola. En la China de los primeros años de la era de reformas hubo vínculos positivos de la agricultura con la industria.
Los condados aptos para los cultivos comerciales se beneficiaron más de las reformas agrícolas de China porque, antes de las reformas, el Gobierno chino impuso una política de autosuficiencia alimentaria rural. En aquel momento, la productividad agrícola china era baja y la mayoría de los agricultores afrontaban restricciones de subsistencia vinculantes. Al no poder importar alimentos de otros lugares, incluso los agricultores con tierras muy aptas para cultivar algodón o semillas oleaginosas (los principales cultivos comerciales de China) tuvieron que especializarse en la producción de cereales para evitar morir de hambre. También había incentivos políticos para producir cereales y la mayoría de los agricultores estaban sujetos a cuotas de entrega de cereales al Gobierno central. Al relajar estas políticas, las reformas liberalizaron efectivamente la siembra de cultivos comerciales.
Figura 1. Aptitud para cultivos comerciales en relación con los cereales en China

Notas: El mapa indica dónde hay datos a nivel de condado y muestra la aptitud para cultivos comerciales, definida como la razón entre el valor de la producción del mejor cultivo comercial de una celda (entre algodón, colza y cacahuetes) y el del mejor cereal (entre arroz, maíz, trigo y soja). La medida subyacente es continua, pero se ha agrupado en categorías de Jenks para facilitar la lectura.
El impacto de las reformas en la producción agrícola
La primera parte de mi análisis demuestra que los condados aptos para los cultivos comerciales sí se beneficiaron de la libertad de sembrarlos. Utilizo los precios anteriores a las reformas y una base de datos mundial de rendimientos teóricos de cultivos para identificar los condados cuyas tierras eran más aptas para cultivos comerciales que para cereales. Luego sigo el crecimiento de la producción agrícola de 561 condados no metropolitanos durante cuarenta años. La aptitud para los cultivos comerciales no predice el crecimiento antes de las reformas. Sin embargo, después de las reformas, los condados comenzaron a especializarse en cultivos comerciales si eran aptos para ellos y registraron un crecimiento significativamente más rápido de la producción agrícola agregada. Cálculos aproximados sugieren que la especialización en cultivos comerciales aumentó la producción agrícola china en alrededor de un 10% entre 1978 y 1985 (aproximadamente una quinta parte del aumento total y dos tercios del aumento que Lin (1992) atribuye a la descolectivización agrícola contemporánea).
El vínculo entre la producción agrícola y no agrícola
A continuación, analizo si este aumento de la productividad agrícola condujo a una mayor producción no agrícola. El contexto de mi estudio, China, me ayuda a explorar el vínculo entre los sectores de dos maneras. Primero, a comienzos de la década de 1980, China era pobre y el sector agrícola era relativamente grande. Un sector agrícola grande y un sector industrial subdesarrollado tienden a hacer más importantes los vínculos de la agricultura con el resto de la economía. Segundo, las instituciones chinas de la era de reformas dieron lugar a fricciones geográficas bien documentadas en los mercados de capital y trabajo. Estas fricciones impidieron la igualación espacial de los salarios y los costos del capital y mantuvieron locales los shocks locales: los ahorros de los agricultores solían prestarse a empresas cercanas y la mano de obra que ya no se necesitaba en la agricultura buscaba trabajo cerca de casa.
Como resultado, los condados aptos para los cultivos comerciales también registraron un aumento relativo de la producción manufacturera y del sector servicios después de las reformas (antes crecían al mismo ritmo). Un aumento del 1% en la producción agrícola debido a la especialización se asoció con un aumento del 1,2% en la producción no agrícola entre 1978 y 1995. Los condados aptos para los cultivos comerciales también tuvieron un crecimiento más rápido del ahorro y la inversión tras las reformas.
Cómo distinguir entre posibles explicaciones
Estos resultados indican que hubo vínculos hacia adelante, pero no explican por qué los hubo. Considero la posibilidad de que existieran vínculos a través de tres canales clásicos. Primero, los cultivos comerciales podrían requerir menos mano de obra que los cereales, lo que liberaría trabajadores para la industria manufacturera y los servicios. Segundo, los agricultores más ricos podrían comprar más productos manufacturados y servicios, aumentando la demanda de estos bienes. Tercero, los agricultores más ricos podrían ahorrar más y proporcionar capital a las empresas locales.
Mis principales resultados —que la productividad agrícola condujo a un mayor ahorro, inversión y producción no agrícola— son compatibles con cualquiera de estos canales. Otros resultados permiten discernir mejor:
Si el cultivo de productos comerciales ahorraba mano de obra, el número de trabajadores agrícolas debería disminuir en las zonas aptas para esos cultivos. Muestro que la proporción de mano de obra empleada en la agricultura aumenta. Esto coincide con investigaciones anteriores que sugieren que los cultivos comerciales requieren más mano de obra que los cereales.
Si los vínculos se debían a que los agricultores más ricos demandaban más bienes no agrícolas, deberían ser más fuertes en lugares donde los costos comerciales son más altos e importar esos bienes resulta caro. Muestro que ocurre lo contrario: los vínculos son más débiles en los condados más aislados.
Si los resultados se debían a un aumento de la oferta de capital, el precio del capital debería disminuir. Aunque no observo el precio del capital que afrontan las empresas, sí puedo observar su comportamiento. Después de las reformas, las empresas no estatales ubicadas en condados aptos para los cultivos comerciales se comportan como si afrontaran costos de capital más bajos.
Consideraciones finales
En conjunto, estos resultados adicionales indican que los vínculos observados entre la agricultura y el resto de la economía se debieron principalmente a que el ahorro rural aumentó la oferta de capital para las empresas locales. Esto sugiere que los programas que aumentan la productividad agrícola también pueden beneficiar a la economía en general, y que una estrategia de desarrollo que dé prioridad a la agricultura podría ser más eficaz de lo que se pensaba.
Referencias
Lewis, W A (1954), «Economic development with unlimited supplies of labour», The Manchester School 22(2): 139–191.
Lin, J Y (1992), «Rural reforms and agricultural growth in China», American Economic Review 82(1): 34–51.
Marden, S (2014), «The agricultural roots of industrial development: ‘forward linkages’ in reform-era China», mimeo.
Rosenstein-Rodan, P N (1943), «Problems of industrialisation of Eastern and Southeastern Europe», Economic Journal 53(210/211): 202–211.
Schultz, T W (1953), The economic organization of agriculture, Nueva York: McGraw-Hill.
World Bank (2007), World development report 2008: Agriculture for development.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Samuel Marden es candidato a doctorado en Economía en la London School of Economics and Political Science
Imagen: Una agricultora riega sus campos de hortalizas cerca de una planta petroquímica en Anqing, provincia de Anhui, el 30 de mayo de 2014. REUTERS/William Hong.


