Por qué la economía oceánica es una base macroeconómica que requiere inversión estratégica

The ocean underpins much of global trade, provides food for billions, regulates climate stability and protects coastal infrastructure.
The ocean must be seen as a macroeconomic issue.Image: Getty Images
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  • El océano sustenta gran parte del comercio mundial, proporciona alimento a miles de millones de personas, regula la estabilidad climática y protege las infraestructuras costeras.

  • Considerarlo únicamente una cuestión medioambiental subestima su importancia macroeconómica, e ignorarlo como clase de activo entraña el riesgo de valorar incorrectamente la exposición.

  • Las inversiones estratégicas en sectores sostenibles y favorables a la naturaleza de la economía oceánica pueden tanto fortalecer las carteras como protegerlas frente al riesgo.

El océano sustenta aproximadamente el 90 % del comercio mundial por volumen, proporciona el 20 % del consumo diario de proteínas de más de 3.000 millones de personas, regula la estabilidad climática y protege las infraestructuras costeras mediante ecosistemas saludables como los arrecifes y los manglares.

No es un tema medioambiental de nicho, sino una base macroeconómica. Sin embargo, desde la perspectiva de los mercados de capitales, sigue estando infravalorado y recibiendo una asignación de capital insuficiente.

Esto genera una doble dinámica: el riesgo material ya está incorporado en las carteras (aunque no siempre esté reflejado en los precios), mientras que las oportunidades de crecimiento estructural siguen en gran medida sin aprovecharse.

Por qué necesitamos el océano.Image: Foro Económico Mundial y Friends of Ocean Action

El riesgo oceánico afecta a casi todas las geografías y sectores

El riesgo relacionado con el océano es generalizado y sistémico. Desde las interrupciones de las cadenas de suministro y las tensiones en el crédito soberano hasta la volatilidad de los seguros y las perturbaciones de los precios de los alimentos, la degradación oceánica se propaga por los mercados de renta variable y renta fija, las infraestructuras y los mercados privados, incluso entre inversores sin una exposición costera o marina evidente.

El riesgo relacionado con el océano suele entrar en las carteras a través de interrupciones físicas y efectos indirectos sistémicos. Lo distintivo es la amplitud con la que se propaga entre sectores, a veces sin que los promotores de proyectos ni los proveedores de capital se den cuenta.

Una proporción significativa de la población, las infraestructuras y las cadenas de suministro está expuesta al riesgo físico oceánico. Actualmente, unos 680 millones de personas viven en zonas costeras de baja elevación, y se prevé que esta cifra supere los 1.000 millones en 2050. De hecho, se estima que hasta 4 billones de dólares de las infraestructuras costeras mundiales estarán en riesgo durante la próxima década debido al deterioro de la salud oceánica y al cambio climático, según el informe de 2021 de WWF, Navegar el riesgo oceánico: valor en riesgo en la economía azul mundial.

La acidificación de los océanos ha traspasado un límite planetario clave.
La acidificación de los océanos ha traspasado un límite planetario clave.
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Del mismo modo, cuando un gran puerto cierra debido a tormentas o inundaciones, se desencadena una serie de consecuencias en toda su cadena de suministro. En 2021, las graves inundaciones en Alemania, Bélgica y los Países Bajos interrumpieron las vías navegables y causaron daños por valor de 10.000 millones de euros (11.800 millones de dólares), de los cuales 2.550 millones de euros (2.900 millones de libras esterlinas) correspondieron únicamente a pérdidas aseguradas.

Los daños tampoco se limitaron a las infraestructuras físicas: afectaron a las existencias y los ingresos del comercio minorista cuando se paralizaron las exportaciones, alteraron los precios de las materias primas, provocaron pérdidas sustanciales en los mercados de seguros y reaseguros y generaron costes de reconstrucción para los gobiernos, con repercusiones en la deuda soberana.

Sectores clave como la fabricación de automóviles y la construcción se vieron obligados a detener la producción por la escasez de materiales, lo que demuestra cómo las interrupciones interconectadas pueden afectar a sectores enteros.

Como resultado, incluso las carteras sin una exposición costera evidente heredan riesgos debido a la dependencia logística, los mercados de seguros y el crédito soberano.

Los sectores que dependen en gran medida de las cadenas de suministro mundiales —electrónica, productos químicos, confección, automoción y alimentación— están expuestos indirectamente incluso si no poseen un solo activo marítimo. Esto puede convertirse en un problema enorme cuando se producen grandes perturbaciones logísticas.

El deterioro del sistema oceánico también genera impactos macroeconómicos en cascada:

  • Los cambios en la productividad pesquera afectan a los precios mundiales de los alimentos

  • La pérdida de arrecifes de coral aumenta los daños causados por las tormentas y debilita las economías dependientes del turismo y los perfiles de crédito soberano

  • El calentamiento de los océanos provoca volatilidad meteorológica que afecta a la agricultura y a la demanda energética

  • La disminución de los sumideros marinos de carbono eleva los costes de descarbonización a largo plazo en toda la economía

Estos costes ya los están asumiendo las aseguradoras, los gobiernos y los hogares. Por tanto, los inversores afrontan pasivos implícitos, a menudo poco visibles, que quizá aún no estén plenamente reflejados en el precio de los activos.

Argumentos a favor del crecimiento y la rentabilidad de la economía oceánica

La economía oceánica no es solo una fuente de riesgos; es una de las áreas de crecimiento menos desarrolladas más importantes en el marco de la transición hacia la sostenibilidad.

Actualmente, las industrias basadas en el océano generan más de 3 billones de dólares de valor económico anual, y su crecimiento ha superado al de la economía mundial en su conjunto en 1,3 veces durante las últimas dos décadas. Mientras tanto, las proyecciones indican que el sector podría alcanzar los 5,1 billones de dólares en 2050, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Más allá de las industrias consolidadas, una segunda ola de innovación oceánica está cobrando impulso en cuatro ámbitos: la bioeconomía azul, la energía basada en el océano, las tecnologías para mitigar la contaminación y los mercados de restauración y de naturaleza.

Valor empresarial acumulado en fase inicial de las oportunidades oceánicas emergentes.Image: Foro Económico Mundial

Entre 2010 y 2025, el valor empresarial en fase inicial de las iniciativas de estos sectores aumentó de 1.100 millones de dólares a 24.700 millones de dólares, según se expone en el documento informativo del Foro Económico Mundial y McKinsey & Co., El imperativo de la economía oceánica: definir el valor, gestionar el riesgo y movilizar la inversión; esto refleja una cartera de proyectos en rápida expansión que avanza hacia la comercialización. Este análisis no abarca de forma exhaustiva las iniciativas de eliminación de dióxido de carbono marino, que han atraído untotal de 209 millones de dólares para 2025, y la mayoría de la financiación se ha destinado a iniciativas basadas en tecnología.

En conjunto, las empresas emergentes relacionadas con el océano representan actualmente un valor empresarial de unos 120.000 millones de dólares, pero podrían crecer hasta alcanzar los 1,3 billones de dólares a medida que maduren los mercados, tomando como referencia los múltiplos históricos de valoración de las tecnologías climáticas.

Invertir en estos sectores oceánicos consolidados y emergentes no solo permite aprovechar el potencial estructural de crecimiento, sino que también puede reducir los riesgos ya incorporados en las carteras mencionados anteriormente.

La asignación de capital al capital natural oceánico y a empresas cuyo objetivo es reducir o revertir los daños al océano también permite mitigar el deterioro de la salud oceánica a largo plazo, que, a su vez, agravaría la frecuencia y la intensidad de las perturbaciones relacionadas.

Medidas concretas para asegurar la economía oceánica

Los proveedores de capital no pueden permitirse ignorar la economía oceánica. Hay tres medidas que pueden ponerse en práctica de inmediato:

1. Cartografiar la exposición al océano en todas las clases de activos

La exposición al océano abarca los mercados de renta variable y renta fija, las infraestructuras y los mercados privados. El transporte marítimo, los bienes inmuebles costeros, el turismo, la pesca, la energía marina y la deuda soberana conllevan distintos grados de riesgo relacionado con el océano.

Las pruebas de resistencia de las carteras frente al riesgo físico costero y las vías de transición marítima permiten detectar posibles errores de valoración.

2. Incorporar instrumentos de transferencia de riesgos y resiliencia

Los seguros paramétricos, los bonos para catástrofes y las estructuras de financiación vinculadas a la resiliencia pueden reducir los riesgos extremos de los activos expuestos. Cuando las infraestructuras naturales ofrecen una protección cuantificable, integrar la restauración de los ecosistemas en la planificación del capital puede reducir la volatilidad a largo plazo.

El objetivo no es eliminar la exposición, sino mejorar su perfil de riesgo ajustado, reconociendo al mismo tiempo la necesidad imperiosa de eliminar gradualmente las actividades cuya transición no es posible y que contribuyen a los riesgos actuales y crecientes.

3. Asignar capital a plataformas de crecimiento

Los inversores que buscan rendimientos duraderos y alineación con la transición podrían evaluar plataformas de energía marina, infraestructuras para la descarbonización marítima, acuicultura sostenible y fondos de resiliencia costera.

Muchos de estos sectores reciben poca atención en relación con su importancia macroeconómica. A medida que mejore la claridad normativa y se amplíen los datos disponibles, las ventajas de ser pionero podrían reducirse.

Por qué la economía oceánica es una cuestión macroeconómica

La economía oceánica no encaja claramente en una sola categoría o temática de inversión, por lo que a menudo se pasa por alto.

Considerarla únicamente una cuestión medioambiental subestima su importancia macroeconómica, e ignorarla como clase de activo entraña el riesgo de valorar incorrectamente una exposición que ya existe.

Sin embargo, las inversiones estratégicas en sectores sostenibles y favorables a la naturaleza de la economía oceánica podrían fortalecer las carteras y protegerlas frente al riesgo a largo plazo. Ha llegado el momento de actuar.

La iniciativa del Foro Económico Mundial Accelerating Critical Transformation (ACT) Oceanapoya a empresas, inversores y líderes del sector para que identifiquen medidas concretas destinadas a conservar y restaurar la salud oceánica, al tiempo que se crea valor económico y social a largo plazo.

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