En el debate actual sobre los beneficios del comercio, no debemos perder de vista un hecho fundamental. El comercio y la integración global han aumentado los ingresos en todo el mundo y han reducido drásticamente la pobreza y la desigualdad global.
En algunos países, el comercio ha contribuido al aumento de la desigualdad, pero ese resultado desafortunado refleja, en última instancia, la necesidad de redes de protección más sólidas y mejores programas sociales y laborales, no de proteccionismo comercial.
La proporción del comercio de mercancías en el PIB mundial pasó de alrededor del 30 por ciento en 1988 a alrededor del 50 por ciento en 2013. Durante este período de rápida globalización, el ingreso medio creció un 24 por ciento a nivel mundial, la tasa de pobreza mundial descendió del 35% al 10,7% y los ingresos del 40 por ciento más pobre de la población mundial aumentaron casi un 50 por ciento.
Estas pruebas generales se ven reforzadas por convincentes estudios microeconométricos sobre las mejoras en los ingresos y el consumo de las personas pobres.
- El tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Vietnam de 2001 redujo la pobreza en Vietnam al aumentar las primas salariales en los sectores exportadores, impulsar la reasignación de empleos de la agricultura, la silvicultura y la pesca a la manufactura, y estimular la creación de empleo en las empresas.
- Un estudio de 27 países industrializados y 13 países en desarrollo concluye que interrumpir el comercio privaría al 10 por ciento más rico del 28 por ciento de su poder adquisitivo, mientras que el 10 por ciento más pobre perdería el 63 por ciento porque compra relativamente más bienes importados.
- En muchos países en desarrollo, el crecimiento de las exportaciones se ha asociado con una mayor igualdad de género. Por lo general, las empresas exportadoras emplean una proporción significativamente mayor de mujeres que las que no exportan. En el sector de la confección de Camboya, orientado a la exportación y uno de los principales proveedores de empleo remunerado del país, el 85 por ciento de todos los trabajadores son mujeres.
Un retroceso en la integración global erosionaría estos avances, especialmente en los países en desarrollo. Por ejemplo, abandonar los acuerdos existentes en las Américas tendría efectos particularmente negativos en el bienestar de países como México (del 4 al 9 por ciento), El Salvador (del 2 al 5 por ciento) y Honduras (del 2 al 5 por ciento), según las primeras investigaciones del Banco Mundial.

Dentro de los países, el comercio y la globalización siempre generan tanto perdedores como ganadores. Es probable que los hogares se vean afectados de distinta manera según su dotación de capital físico y humano, sus patrones de consumo y sus ingresos. Entre los países en desarrollo, que estudiamos más de cerca en el Banco Mundial, algunos han experimentado un efecto directo del comercio que ha reducido las diferencias en la distribución salarial (por ejemplo, Brasil), mientras que en otros las ha ampliado (por ejemplo, México). En la década de 1990, el comercio también redujo los salarios (relativos) de las personas pobres en India, por lo que la pobreza disminuyó menos en los distritos rurales más expuestos a la liberalización del comercio.
El trabajo en curso de algunos de nuestros colegas del Grupo de Investigación del Banco Mundial busca cuantificar la posible disyuntiva entre las ganancias de eficiencia y los costos en términos de desigualdad de la liberalización del comercio, utilizando datos de encuestas de hogares de 53 países de ingresos bajos y medianos (Artuc, Porto y Rijkers, «Trading-off the Income Gains and the Inequality Costs of Trade Policy», documento mimeografiado: Banco Mundial, 2017, en curso). A pesar de la heterogeneidad de los efectos distributivos, solo se observan disyuntivas difíciles en un número relativamente reducido de países (como Burundi, Nigeria y Gambia). En la gran mayoría de los países (incluidos Egipto, Pakistán y Sudáfrica), la liberalización del comercio aumenta considerablemente los ingresos y, como máximo, tiene costos insignificantes en términos de desigualdad.
Aunque el comercio puede tener efectos negativos para algunas personas, sus efectos en los ingresos finales y, por tanto, en la desigualdad no están predeterminados. Entre 1990 y 2010, un período de rápida globalización, la desigualdad (medida por el índice de Gini) aumentó en Estados Unidos, de 43 a 47, pero disminuyó en Dinamarca, de 31 a 26.
Veamos por qué. Los trabajadores estadounidenses concentrados en comunidades que reciben grandes volúmenes de importaciones chinas han tenido menos empleos y salarios decrecientes. Sin embargo, el programa estadounidense de Asistencia para el Ajuste Comercial (TAA, por sus siglas en inglés) no está a la altura del reto de ayudar a las personas a recuperarse. Estados Unidos destina apenas el 0,1% del PIB a todas sus políticas activas del mercado laboral, mientras que el promedio de la OCDE es del 0,6%. En segundo lugar, el TAA está diseñado para ayudar únicamente a los trabajadores que sufren pérdidas de empleo directamente relacionadas con el comercio, pero las pérdidas salariales no se limitan a quienes trabajan en sectores que compiten con las importaciones. En tercer lugar, el TAA exige que los trabajadores que reúnen los requisitos participen activamente en programas de reciclaje profesional, pero muchos trabajadores de menor nivel educativo y de más edad, que son los más afectados, no cumplen los requisitos porque a menudo ya se han retirado de la fuerza laboral.
En Dinamarca, la liberalización del comercio y la deslocalización también contribuyeron a reducir los salarios de los trabajadores poco cualificados y a aumentar los de los trabajadores altamente cualificados, lo que podría ampliar la desigualdad. Sin embargo, es posible que el sistema danés de asistencia laboral, llamado flexiguridad, haya ayudado a evitar un aumento significativo de la desigualdad. El sistema está dirigido a todos los trabajadores que pierden su empleo, no solo a quienes trabajan en sectores expuestos a las perturbaciones del comercio y la deslocalización, y aborda cualquier perturbación negativa del mercado laboral, no solo las relacionadas con el comercio. El sistema se basa en un mercado laboral flexible que permite a los empleadores contratar y despedir con relativa facilidad; un sistema generoso de prestaciones por desempleo; y políticas activas sólidas que fomentan la búsqueda de empleo y mejoran la empleabilidad de los trabajadores.
En los países donde el comercio ha generado perdedores, se necesitan políticas que redistribuyan parte de las ganancias de los ganadores entre los perdedores para garantizar que los beneficios del comercio se compartan ampliamente. También hacen falta políticas que preparen mejor a los trabajadores para aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio. La respuesta está en redes de protección más sólidas y generosas, otras políticas de protección social y mayores inversiones en la adquisición de competencias. No en políticas comerciales proteccionistas que frenarían el motor del crecimiento que ha traído prosperidad a millones de personas en todo el mundo. Esta idea guía nuestro trabajo en el Grupo Banco Mundial, dedicado a poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida para todos.



