¿Cómo afectarán a los mercados emergentes las subidas de las tasas de interés de EE. UU.?

¿Cómo afectarán a los mercados emergentes las subidas de las tasas de interés de EE. UU.?
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La perspectiva de que la Reserva Federal de Estados Unidos comience a abandonar las tasas de interés oficiales de cero más adelante este año ha alimentado el temor creciente a una nueva volatilidad en los mercados de divisas, bonos y acciones de las economías emergentes. La preocupación es comprensible: cuando la Fed señaló en 2013 que se acercaba el fin de su política de flexibilización cuantitativa (QE), la consiguiente «rabieta del taper» sacudió los mercados financieros y las economías de muchos países emergentes.
En efecto, se teme que el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos y la probable subida consiguiente del valor del dólar puedan causar estragos entre los gobiernos, las instituciones financieras, las empresas e incluso los hogares de los mercados emergentes. Como todos han tomado préstamos por billones de dólares en los últimos años, ahora afrontarán un aumento del valor real de esas deudas en moneda local, mientras que la subida de las tasas estadounidenses elevará las tasas de interés internas de los mercados emergentes y, por tanto, incrementará aún más los costos del servicio de la deuda.

Sin embargo, aunque la perspectiva de que la Fed suba las tasas de interés probablemente genere una turbulencia considerable en los mercados financieros de los países emergentes, el riesgo de crisis abiertas y graves dificultades es más limitado. Para empezar, mientras que la rabieta del taper de 2013 tomó por sorpresa a los mercados, la intención de la Fed de subir las tasas este año, expresada claramente durante muchos meses, no lo hará. Además, es probable que la Fed comience a subir las tasas más tarde y con mayor lentitud que en ciclos anteriores, respondiendo gradualmente a las señales de que el crecimiento económico de Estados Unidos es lo bastante sólido como para soportar mayores costos de endeudamiento. Este crecimiento más fuerte beneficiará a los mercados emergentes que exportan bienes y servicios a Estados Unidos.
Otra razón para no entrar en pánico es que, en comparación con 2013, cuando las tasas oficiales eran bajas en muchas economías emergentes frágiles, los bancos centrales ya han endurecido considerablemente su política monetaria. Con tasas oficiales en niveles de dos dígitos o cercanos a ellos en muchas de esas economías, las autoridades no van rezagadas como en 2013. También se han endurecido las políticas fiscales y crediticias laxas, lo que ha reducido los grandes déficits por cuenta corriente y fiscales. Y, en comparación con 2013, cuando las monedas, las acciones y los precios de las materias primas y los bonos estaban demasiado altos, la mayoría de los mercados emergentes ya ha experimentado una corrección, lo que limita la necesidad de un ajuste importante adicional cuando actúe la Fed.
Sobre todo, la mayoría de los mercados emergentes tiene hoy una situación financiera más sólida que hace una o dos décadas, cuando las fragilidades financieras provocaron crisis cambiarias, bancarias y de deuda soberana. La mayoría cuenta ahora con tipos de cambio flexibles, que los hacen menos vulnerables a un colapso desestabilizador de los tipos de cambio fijos, así como con reservas abundantes para protegerse frente a una retirada masiva de sus monedas, deuda pública y depósitos bancarios. También tienen, por lo general, una proporción relativamente menor de deuda en dólares frente a la deuda en moneda local que hace una década, lo que limitará el aumento de su carga de deuda cuando se deprecie la moneda. Sus sistemas financieros suelen ser también más sólidos, con más capital y liquidez que cuando sufrieron crisis bancarias. Y, salvo algunas excepciones, la mayoría no padece problemas de solvencia; aunque las deudas privadas y públicas han aumentado rápidamente en los últimos años, lo han hecho desde niveles relativamente bajos.
De hecho, los graves problemas financieros de varias economías emergentes —en particular, de los productores de petróleo y materias primas expuestos a la desaceleración de China— no tienen relación con las medidas de la Fed. Brasil, que sufrirá una recesión y una inflación elevada este año, se quejó cuando la Fed puso en marcha la QE y, después, cuando la suspendió. Sus problemas son, en su mayoría, autoinfligidos: resultado de políticas monetarias, fiscales y crediticias laxas, que ahora deben endurecerse durante el primer mandato de la presidenta Dilma Roussef.
Los problemas de Rusia tampoco reflejan el impacto de las políticas de la Fed. Su economía está sufriendo por la caída de los precios del petróleo y las sanciones internacionales impuestas tras su invasión de Ucrania, una guerra que obligará ahora a Ucrania a reestructurar su deuda externa, que se ha vuelto insostenible debido a la guerra, la grave recesión y la depreciación de la moneda.
Asimismo, Venezuela registraba grandes déficits fiscales y toleraba una inflación elevada incluso cuando el precio del petróleo superaba los 100 dólares por barril; a los precios actuales, podría tener que dejar de pagar su deuda pública, a menos que China decida rescatar al país. Del mismo modo, algunas de las tensiones económicas y financieras que afrontan Sudáfrica, Argentina y Turquía son consecuencia de políticas deficientes e incertidumbres políticas internas, no de las medidas de la Fed.
En resumen, la salida de la Fed de las tasas oficiales de cero causará graves problemas a las economías de mercados emergentes que tengan grandes necesidades de financiación interna y externa, grandes volúmenes de deuda denominada en dólares y fragilidades macroeconómicas y de política económica. La desaceleración económica de China, junto con el fin del superciclo de las materias primas, generará obstáculos adicionales para las economías emergentes, la mayoría de las cuales no ha aplicado las reformas estructurales necesarias para impulsar su crecimiento potencial.
Pero, una vez más, estos problemas son autoinfligidos, y muchas economías emergentes sí cuentan con fundamentos macroeconómicos y estructurales más sólidos, que les darán mayor resiliencia cuando la Fed comience a subir las tasas. Cuando lo haga, algunas sufrirán más que otras; pero, salvo unas pocas excepciones sin importancia sistémica, no tienen por qué producirse dificultades y crisis generalizadas.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Nouriel Roubini es profesor en la Stern School of Business de NYU y presidente de Roubini Global Economics.

Imagen: El edificio de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos aparece detrás de barreras de seguridad en Washington, el 28 de octubre de 2014. REUTERS/Gary Cameron

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