Cómo el seguimiento de la riqueza oculta puede cambiar el panorama de la desigualdad

Cómo el seguimiento de la riqueza oculta puede cambiar el panorama de la desigualdad
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Hasta ahora, la brecha entre ricos y pobres en Oriente Medio y Norte de África (MENA) parecía —al menos desde el punto de vista estadístico— más estrecha que en muchas otras regiones del mundo. Sin embargo, desenterrar datos sobre la riqueza que se ha trasladado al extranjero y ocultado a la vista del público cambia esa percepción. Hablamos con Elena Ianchovichina, economista principal de la región de MENA del Banco Mundial, sobre la búsqueda de nuevas fuentes de datos que ayuden a los economistas a ofrecer una imagen más precisa del verdadero alcance de las disparidades económicas en la región:

P. Las encuestas de hogares sugieren que la desigualdad económica en la región de MENA es, en realidad, bastante baja, pero usted parece haber determinado lo contrario?
Ianchovichina: Las encuestas de hogares de los países árabes ofrecen una forma de evaluar la desigualdad económica, pero contienen poca o ninguna información sobre los ingresos. Nos gustaría ir más allá de los datos de las encuestas sobre el gasto de los hogares porque queremos medir no solo la desigualdad en el consumo, sino también, de forma más amplia, la desigualdad en la riqueza y los ingresos. Por lo general, las disparidades de ingresos son mayores que las disparidades de consumo: los ingresos de los hogares incluyen ahorros que permiten a las personas invertir, por ejemplo, en la salud y la educación de sus hijos; inversiones fundamentales para el bienestar y la movilidad intergeneracional, especialmente en países donde la calidad de los servicios públicos es deficiente.
Por desgracia, disponemos de muy pocos datos, así que nuestro enfoque consiste en combinar distintas fuentes de información. Cada fuente puede tener lagunas y no ser perfecta, pero, en conjunto, las fuentes apuntan a mensajes interesantes que no se verían con solo consultar las encuestas de hogares.

P. ¿Podría explicarnos algunas de esas fuentes?
Ianchovichina: Thomas Piketty se basa en información de los registros del impuesto sobre la renta. Hemos intentado obtener esta información para algunos países árabes, pero hasta ahora no lo hemos conseguido. Sin esa información, resulta muy difícil comprender la distribución de los ingresos. Por eso, en su lugar, hemos intentado vislumbrar las concentraciones de riqueza que existen en la cúspide de la escala de ingresos, para ver qué proporción de la riqueza de la región está concentrada en manos de unos pocos.
Medir la riqueza es mucho más complejo que calcular los ingresos, por lo que cualquier fuente por sí sola ofrece únicamente una imagen parcial. La base de datos de Forbes  sobre multimillonarios nos proporciona información sobre la riqueza y las nacionalidades de los multimillonarios, la mayoría de los cuales heredaron su riqueza o la acumularon por sí mismos. Esta base de datos sugiere que este tipo de riqueza en la región no es muy elevado, salvo en el Líbano.
Entonces, ¿qué podríamos estar pasando por alto? En muchos casos, parece que la riqueza acumulada por los jefes de Estado de la región no es insignificante: es posible obtener información al respecto de diversas fuentes, incluida Forbes. Al incluir la riqueza de los jefes de Estado, vemos que la concentración de la riqueza aumenta en varios países, aunque en algunos de los países más ricos, como Qatar e incluso Kuwait, este ajuste concreto no supone una gran diferencia.
Otros datos recientes sugieren que los ciudadanos de muchos países ocultan su riqueza en cuentas bancarias en paraísos fiscales y que, en conjunto, estas cuentas representan una proporción considerable del producto interno bruto de un país. Niels Johannesen y sus coautores muestran que las autocracias ricas en recursos como el petróleo —muchas de ellas, países del mundo árabe— representan a escala mundial una proporción mucho mayor de la riqueza oculta que otros tipos de países. Y ahora, los datos de HSBC sobre esos depósitos bancarios por nacionalidad muestran que la mayoría de los países árabes se encuentran entre el tercio superior de los países clasificados según la cantidad de dinero depositada en sus cuentas de HSBC.

P. ¿Qué otras fuentes consultan?
Ianchovichina: Nos remitimos a un estudio sobre el sector empresarial en Oriente Medio y Norte de África. Este muestra que, por lo general, las empresas más grandes de la región no cotizan en bolsa, por lo que los ahorros de las personas no pueden invertirse en su capital. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países desarrollados, donde las personas pueden invertir en acciones y beneficiarse del crecimiento generado por las inversiones de capital, en el mundo árabe es difícil hacerlo porque muchas de las empresas más grandes y rentables son privadas o estatales. En cambio, parece que la riqueza ha sido acumulada por unos pocos ciudadanos particulares que han aprovechado sus cargos laborales o sus vínculos con familias poderosas y miembros de la élite.

P. ¿Podemos extraer conclusiones de las dificultades para acceder a datos sobre la riqueza? ¿Suelen escapar a los impuestos, por ejemplo, las rentas petroleras (beneficios excesivos obtenidos del petróleo)?
Ianchovichina: Estamos al comienzo de una línea de investigación relativamente nueva y no deberíamos apresurarnos a sacar conclusiones, pero la idea básica es que, sin transparencia, la riqueza oculta seguirá fuera del alcance de las jurisdicciones tributarias nacionales y los flujos ilícitos de riqueza seguirán eludiendo los impuestos nacionales, con consecuencias nefastas tanto para el desarrollo como para la estabilidad social en el Norte de África y Oriente Medio.

Este artículo fue publicado originalmente por el blog del Banco Mundial sobre Oriente Medio y Norte de África. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Catherine Bond es editora y trabaja para el departamento de Oriente Medio y Norte de África del Banco Mundial en Washington.

Imagen: Un hombre levanta las manos para rezar junto al mar al atardecer, tras un día de ayuno durante el mes sagrado del Ramadán en Bengasi. REUTERS.

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