África subsahariana está teniendo buenos resultados. La región nunca había crecido tanto durante tanto tiempo.
En promedio, el crecimiento ha rondado el 5% anual durante la última década; la región incluso atravesó con holgura la Crisis Global.
Nueve gobiernos africanos han logrado, por primera vez, vender bonos en Londres y Nueva York y, como señal de confianza, estas emisiones de bonos tuvieron una demanda superior a la oferta.
La proporción de africanos que viven en la pobreza, por fin, muestra una tendencia descendente.
Se habla de un renacimiento de África. ¿Es una exageración? Dicho de otro modo, ¿son sostenibles el crecimiento y el brillo de África? La respuesta está en manos de sus responsables políticos.
Buenas políticas y una pizca de suerte
Para empezar, el actual periodo de crecimiento africano es resultado de buenas políticas y de una dosis de suerte. Los datos sobre la calidad de la gestión macroeconómica de la región muestran que la mayoría de los gobiernos han mejorado su desempeño (The World Bank, 2013). Gran parte de la mejora se debió a programas de alivio de la deuda, estrechamente supervisados por donantes y organismos multilaterales. La parte atribuible a la suerte tiene que ver con las materias primas. Los precios más altos del petróleo, el gas y los minerales —y las tecnologías superiores para descubrirlos— han inyectado enormes sumas de dinero en las economías africanas, haciendo casi inevitable su expansión. Sin embargo, tanto el alivio de la deuda como el superciclo de las materias primas están llegando a su fin (Guigale, 2013). Esto podría empezar a reflejarse pronto en cifras de crecimiento más bajas.
Por si eso no bastara, algunos podrían argumentar con razón que el crecimiento de África está dejando de lado su sector manufacturero: la mayor parte de su fuerza laboral pasa directamente de la agricultura y las industrias extractivas a los servicios urbanos (Rodrik, 2013). Esta estructura económica sin industria priva al continente de la oportunidad de aumentar su productividad más y con mayor rapidez: hay una sólida base teórica y ciertos indicios de que los trabajadores de fábricas agrupados aprenden más unos de otros que, por ejemplo, los comerciantes (African Centre for Economic Transformation, 2014; Greenwald y Stiglitz, 2006; Jorgenson y Stiroh, 2000). Un crecimiento más lento de la productividad acabará significando un crecimiento económico más lento.1
Aunque plausibles, las razones políticas, cíclicas y estructurales para dudar de la sostenibilidad a largo plazo del crecimiento de África pasan por alto una cuestión mucho más importante: la evolución de la riqueza de la región. Cuando el crecimiento está impulsado por los ingresos de la explotación de recursos naturales, la pregunta pertinente es si esos ingresos se consumen o se invierten. O, como nos enseñó John Hartwick hace treinta años, ¿se está convirtiendo la riqueza bajo tierra en una riqueza igual o mayor sobre la tierra (Hartwick, 1977)? Si no es así, el crecimiento se estancará en algún momento. Piénsese en vender el oro de la familia para pagar los gastos mensuales: ¿cuánto puede durar eso?
Existe una medida aproximada, pero fiable, para determinar si los países están agotando su riqueza: se llama «ahorro neto ajustado» (The World Bank, 2011). En esencia, es la suma de los ingresos de los residentes de un país, menos el consumo nacional, la depreciación del capital físico, el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente, y más los gastos en educación, que sirven como indicador de la formación de capital humano. Así, cuando los gobiernos gastan más en elementos como infraestructura básica o edificios escolares, elevan el nivel de ahorro neto; cuando destinan más dinero a subsidios a la gasolina o a burocracias infladas, lo reducen.
Ahora es posible estimar el ahorro neto ajustado de la mayoría de los países de África entre 2000 y 2012 y compararlo con la rapidez con que han crecido. Esto se muestra en la Figura 1 de abajo. Se distinguen rápidamente cuatro grupos. Uno crece con rapidez, pero está agotando su riqueza. Si esto fuera una carrera, podríamos considerarlos «velocistas»: si no empiezan a ahorrar, tarde o temprano perderán velocidad o se detendrán. Otros crecen con rapidez y acumulan riqueza: son los «corredores de maratón». Muchos son «corredores de fondo»: no desahorran, pero tampoco crecen mucho. Y unos pocos desahorran y crecen relativamente despacio: son los «corredores de obstáculos».
Figura 1. Ahorro neto ajustado y tasa anual de crecimiento del PIB de los países africanos (2000-2012)
Fuente: World Development Indicators.
Observaciones finales
La conclusión de estos datos es que el cuadrante en el que se encuentra un país depende de su gobierno, no de sus dotaciones.
Los países con recursos naturales y sin ellos aparecen en los cuatro grupos, más o menos en las mismas proporciones.
Lo que hace insostenible el crecimiento no es que provenga de rentas de hidrocarburos o minerales, sino el uso que se da a esas rentas.
Es una decisión de política pública, no el destino. En ese sentido, y para África en su conjunto, aún no hay un veredicto definitivo.
Referencias
African Centre for Economic Transformation (2014), «Growth with Depth», 2014 African Transformation Report.
Greeenwald, B y J. E. Stiglitz (2006), «Helping infant economies grow: Foundations of trade policies for developing countries», American Economic Review, vol. 96 (2): 141-146.
Guigale, M (2013), «What on Earth Are ‘Commodity-Super Cycles’ and Why Do They Matter?», huffingtonpost.com, 5 de septiembre.
Hartwick, J (1977), «Intergenerational Equity and the Investing of Rents from Exhaustible Resources», American Economic Review, vol. 67(5):972-974.
Jorgenson, D W y K J Stiroh (2000), «US Economic Growth at the Industry Level», American Economic Review, vol.90 (2):161-167.
Rodrik D (2013), «Africa’s Structural Transformation Challenge», project-syndicate.org, 12 de diciembre.
The World Bank (2011), «The Changing Wealth of Nations», The World Bank, Washington, DC.
The World Bank (2013), «Assessing Africa’s policies and institutions», CPIA Africa, datos.
Nota al pie
[1] Una hipótesis: la razón por la que la industria no lidera la transformación económica de África es una combinación de regulación deficiente, monopolios del transporte y corrupción; estos factores hacen imposible que los países de la región se incorporen al tipo de «cadenas globales de valor» que convirtieron a gran parte de Asia oriental en un éxito del desarrollo.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Marcelo Giugale es director sénior de la Práctica Global de Macroeconomía y Gestión Fiscal del Grupo Banco Mundial, el ámbito profesional de los más de 300 macroeconomistas del Grupo.
Imagen: Se ve una vista del edificio de la bolsa de Nigeria en el distrito central de negocios de Lagos, el 10 de abril de 2013. REUTERS.



