Cómo puede la industria textil ayudar a los países a recuperarse de la COVID-19

This sector can help countries chart a post-COVID economic courseImage: IsDB
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  • El sector textil y de la confección puede crear empleo e impulsar una mayor industrialización en los países que se recuperan de la COVID-19.

  • Para aprovechar al máximo esta oportunidad, sin embargo, los países deberán adoptar nuevas alianzas y enfoques.

La pandemia de COVID-19 es una crisis sanitaria pública sin precedentes que ha supuesto un choque externo para la economía mundial. A pesar de esta contracción, la industria textil y de la confección podría ser un motor clave de crecimiento y empleo en determinados países.

La oportunidad textil y de la confección

Los países que se reconstruyen tras la COVID-19 no deberían ignorar la industria textil y de la confección; se considera un sector inicial en el camino hacia la industrialización. Cuando la industria crece, proporciona una base sobre la que construir capital para industrias más exigentes desde el punto de vista tecnológico. De hecho, el sector textil y de la confección puede ser fundamental para las estrategias de crecimiento y desarrollo de muchos países en desarrollo.

El valor de mercado minorista de la industria textil y de la confección a nivel mundial fue de 1,9 billones de dólares en 2019, y Boston Consulting Group prevé que alcance los 3,3 billones de dólares en 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 3,5%. Las proyecciones previas a la COVID-19 preveían que el crecimiento de la población, el aumento de los niveles de renta disponible y la rápida urbanización en los países en desarrollo impulsarían probablemente la demanda en el futuro.

Las exportaciones de textiles y prendas de vestir constituyen una proporción importante del total de las exportaciones en varios países: 85% en Bangladesh, 59% en Pakistán, 12% en Turquía y 11% en Egipto. Sin embargo, aunque muchos países están bien posicionados en la etapa de materias primas o de producción de la cadena de valor mundial del sector textil y de la confección (CVM), solo desempeñan un papel limitado en ausencia de la venta al por menor (que comprende marketing, branding y ventas). Por lo tanto, tienen un potencial que espera ser desbloqueado para obtener más beneficios de los mercados mundiales.

Además, la industria textil supone una oportunidad especial durante la pandemia dado el número de puestos de trabajo que puede generar. Este sector intensivo en mano de obra emplea a millones de personas, y la proporción del empleo en el sector respecto a la mano de obra manufacturera total es significativa en los países miembros del Banco Islámico de Desarrollo (BIsD).

Los 57 países miembros del BIsD se beneficiarían especialmente, ya que conjuntamente representan el poder adquisitivo de casi una cuarta parte de la población mundial. Con tasas de crecimiento del PIB de hasta el 8% anual, sus economías tienen un considerable potencial para aumentar aún más su cuota de mercado en la economía mundial.

Inversiones estratégicas

Quienes inviertan en el mercado textil y de la confección podrían obtener beneficios económicos tangibles gracias a inversiones específicas. Las fibras sostenibles y recicladas representan una de esas oportunidades, ya que están destinadas a sustituir materias primas de uso intensivo de recursos a un ritmo cada vez mayor. Además, los textiles técnicos e inteligentes tienen un enorme potencial para utilizarse en varias industrias, como la automoción, la construcción y los equipos médicos.

Las tecnologías emergentes, que ya son transformadoras, seguirán configurando el sector textil y de la confección. Las aplicaciones de datos, la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático, y la impresión 3D son algunas de las tecnologías que mejoran los procesos de diseño de productos y reducen los plazos de entrega, lo que da lugar a máquinas de corte láser, robots de costura y nanotecnología. Además, la COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de la tecnología blockchain para crear transparencia y trazabilidad en toda la cadena de suministro, lo que ofrece otras oportunidades dentro del mercado.

La COVID-19 podría también impulsar un cambio hacia la relocalización cercana (nearshoring), garantizando que las fábricas estén más cerca de sus mercados finales de venta. Además, las empresas líderes buscarán alianzas estratégicas con proveedores de primer nivel para satisfacer la demanda y reducir los plazos de entrega. La futura estructura del mercado estará determinada principalmente por la ubicación de un país, así como por la capacidad de su industria textil y de la confección para ofrecer producción rentable, competencias competitivas, productos de calidad y plazos de entrega eficientes.

Los 20 principales países exportadores de textiles y prendas de vestirImage: MDS Transmodal

Mirando hacia el futuro

Los países deben actuar con rapidez y de forma estratégica para reactivar y reestructurar sus economías. No hacerlo podría ampliar las brechas existentes en riqueza, tecnología y productividad entre países.

Para lograr estos cambios será necesaria una serie de modificaciones tácticas, entre ellas el fortalecimiento y la ampliación de las capacidades de transformación, la reducción de la brecha de infraestructuras, el desarrollo de capacidades sostenibles de producción de textiles y prendas de vestir, y el fortalecimiento de la imagen exterior del país como destino preferente para la industria textil y de la confección.

Estos cambios también requerirán nuevas colaboraciones entre una serie de actores diversos. En el caso de los textiles y las prendas de vestir, la colaboración con asociaciones sectoriales (dentro y fuera de los países), así como los proyectos conjuntos con universidades, pueden fortalecer el intercambio de conocimientos e impulsar la innovación. Las alianzas con marcas y con talleres de punto o tejedurías también pueden fomentar una mayor integración vertical de las empresas. Estas colaboraciones pueden generar un mayor valor añadido dentro de los países y proporcionar un sólido retorno de la inversión.

Con este fin, el BIsD se ha fijado objetivos claros para catalizar la inversión privada y pública en sus 57 países miembros, con el fin de impulsar su desarrollo económico y social y reforzar la competitividad de los sectores clave vinculados al mercado mundial. Por ejemplo, el BIsD está creando una plataforma para que sus países miembros reúnan a una serie de partes interesadas con el fin de impulsar cambios clave, entre ellos: el aumento de las relaciones comerciales y de inversión; los acuerdos de cofinanciación con los sectores público y privado; los bancos multilaterales de desarrollo y otras organizaciones internacionales; y el mayor compromiso del sector privado en las intervenciones de desarrollo.

Superar los obstáculos que ha traído la pandemia, y recuperarse rápidamente, no será fácil. Requerirá nuevas colaboraciones y nuevos enfoques que aporten valor a las economías. Aun así, los países y las empresas que sepan adaptarse a los nuevos cambios y a las nuevas relaciones serán los que más beneficios obtengan a medio y largo plazo, y los más resilientes ante la próxima gran crisis.

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