Hace apenas dos décadas, era casi imposible encontrar una vivienda con teléfono en el África subsahariana. Solo una de cada cien personas tenía línea fija; para todas las demás, las posibilidades de conseguir una eran escasas.
África está plenamente inmersa en la era digital. Alrededor de 750 millones de africanos tienen servicio móvil y acceso a la línea de vida que este puede ofrecer: conecta comunidades distantes, crea empleo, proporciona servicios financieros básicos e información agrícola en tiempo real. Para la mayoría de las personas en África hoy, el primer teléfono que usaron fue un móvil.
¿Cómo pudo África adoptar tan rápidamente la revolución móvil y beneficiarse de ella? Combinando reformas regulatorias inteligentes, que fomentaron la apertura del sector de las telecomunicaciones a la competencia, con inversión privada. Esta poderosa combinación creó un mercado desde cero y mejoró vidas.

En un mundo donde miles de millones de personas carecen de acceso a la electricidad, el saneamiento o incluso una simple cuenta bancaria, las lecciones de la experiencia móvil de África son claras. La creación de mercados genera empleo y crecimiento económico sostenible, permite prosperar a las empresas y saca a las personas de la pobreza. Esto debe ser la base de la financiación para el desarrollo, especialmente en el entorno económico mundial actual.
Sin esta base, la asistencia oficial para el desarrollo sencillamente no puede atender las enormes necesidades de financiación de las economías emergentes: el apoyo necesario para infraestructuras, la lucha contra el cambio climático, la agricultura, las pequeñas empresas, la salud, la educación y el empleo. La ayuda por sí sola no cerrará la brecha anual de 1,5 billones de dólares en inversión en infraestructuras de los países en desarrollo ni proporcionará empleos de calidad a la población joven, en rápido crecimiento, de África y Asia meridional. La solución reside en mercados que permitan florecer a la competencia y aumentar la productividad.
Grandes reservas de capital del sector privado siguen sin aprovecharse o no se canalizan hacia donde más se necesitan. Actualmente, una gran parte de los recursos privados invertidos en países en desarrollo se destina a inversiones de riesgo relativamente menor y no financia el desarrollo a largo plazo. En los entornos más frágiles, la participación del sector privado es aún más limitada porque los mercados no existen o están en una fase incipiente y los riesgos regulatorios son elevados. Las cadenas de suministro están fragmentadas y los monopolios obstaculizan sectores fundamentales, como la energía y el transporte. Mientras tanto, los mercados de capitales poco desarrollados no pueden conectar eficientemente el ahorro con la inversión.

Las instituciones de desarrollo están diseñando nuevas herramientas para abordar estas deficiencias y dar prioridad a la creación de mercados. En diciembre de 2016, una coalición de países desarrollados y en desarrollo se comprometió a aportar 75.000 millones de dólares en financiación durante los tres años siguientes a la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Grupo Banco Mundial para los países más pobres. Esto constituye un claro reconocimiento por parte de los donantes del creciente papel que la empresa privada debe desempeñar en la lucha contra la pobreza en los países más pobres y más afectados por conflictos del mundo.
El conjunto de herramientas para crear mercados incluye ahora una «ventanilla para el sector privado» de 2.500 millones de dólares en la AIF, diseñada para abordar obstáculos fundamentales, como los elevados riesgos de contraparte de los grandes proyectos de infraestructura y la disponibilidad limitada de préstamos en moneda local. Esta herramienta aportará nuevas soluciones para gestionar los elevados riesgos de proyectos que pueden tener un gran impacto, pero que actualmente son marginales desde el punto de vista comercial. Una «ventanilla de asesoramiento para la creación de mercados» independiente, financiada con los beneficios de la CFI, responderá a la creciente demanda de servicios de asesoramiento y desarrollo de capacidades en las zonas pobres y frágiles.
El impulso para crear nuevos mercados también requerirá nuevos instrumentos de garantía y un enfoque claro en programas que puedan ampliarse para lograr el máximo impacto. El Grupo Banco MundialScaling Solar es un ejemplo. Mediante procesos gubernamentales simplificados y precios bajos, permite a los gobiernos contratar rápidamente y con transparencia centrales solares financiadas por el sector privado, con las tarifas más bajas posibles. La primera subasta del programa, celebrada en Zambia en 2016, dio lugar al precio más bajo de la energía solar registrado hasta entonces en África: poco más de seis centavos por kilovatio hora. Un país donde solo una quinta parte de la población tiene acceso a la electricidad contará ahora con una nueva fuente de energía renovable asequible, sin subvenciones y, por tanto, sin desembolsos públicos.
El enfoque en la creación de mercados exige una nueva mentalidad que reconozca las ventajas y desventajas entre las soluciones públicas y privadas. Para abordar los desafíos más difíciles, las instituciones de desarrollo deberían preguntarse primero si las soluciones privadas son viables. Si no lo son, la solución debería dar prioridad a la reforma regulatoria, al desarrollo de proyectos en etapas iniciales o a la financiación combinada, pública y privada. Solo cuando se hayan agotado todas estas posibilidades deberíamos recurrir a las limitadas fuentes de financiación pública.
Este tipo de enfoque ya ha funcionado. Pensemos en el sector energético de Turquía: durante los últimos 15 años, una reforma constante ha conducido a la liberalización del mercado, a miles de millones en inversión del sector privado y, finalmente, a un mercado plenamente competitivo.
Es hora de reconsiderar cómo debería afrontar el mundo sus desafíos de desarrollo más difíciles. En conversaciones que van de Washington a Londres y Nairobi, cada vez se reconoce más que los mercados —crearlos y ayudarles a prosperar— son esenciales para lograr un mundo sin pobreza. Utilizar las herramientas de las que disponemos y diseñar otras nuevas y más creativas nos ayudará a conseguirlo.



